Los datos de la EPA publicado esta semana han sido un soplo de aire a un gobierno sofocado por el incendio de la corrupción. Pero no es su mérito, no debe apuntárselo en su haber.
El crecimiento de la ocupación trimestre (510.200) y la baja del paro (213.300) han sido menores que en el mismo periodo del año anterior. Eso indica una desaceleración de la economía; con una previsión del crecimiento del PIB del 2,5/2,6% para 2026, algo menor que la de 2025.
Pero también indica una cierta fortaleza de la economía española. Los parados bajan de 2,5 millones y su porcentaje es menor al 10% (9,8%). Los ocupados superan los 25,3 millones.
Esa fortaleza procede de un cambio de la estructura competitiva de España.
Esa estructura competitiva está basada en una serie de factores. Unos tradicionales y otros aparecidos a lo largo del siglo XXI.
El aumento de la población en los estratos inferiores del mercado laboral contiene los salarios
El factor positivo más tradicional es el desarrollo del turismo. Sigue creciendo. A lo mejor, no en número de visitantes, estamos probablemente en la cima. Pero si en su calidad y gasto.
Los 100 millones de turistas están al alcance de la mano y la inflación hace que aumente su gasto.
Lo que hay que hacer ahora es encauzar el turismo para que algunas zonas no mueran de éxito. Es decir: mejorar su calidad. Pero en eso, España ya ha demostrado su capacidad.
Para suministrar trabajadores en los servicios, incluidos los turísticos, España ha tenido un aumento de población inmigrante importante. Más de 7 millones en los últimos años. No en vano casi la mitad del aumento de ocupados en el 2º trimestre han sido de extranjeros.
El aumento de la población en los estratos inferiores del mercado laboral contiene los salarios, a pesar de los aumentos del SMI aprobados cada año por el Gobierno.
La aparición del la economía digital y la IA es un factor que está mejorando la competitividad española
En consecuencia los beneficios empresariales se mantienen o crecen en los sectores de mano de obra poco cualificada.
Por contra, hay escasez de especialistas y profesionales con sus salarios en alza, distanciados, cada vez más, de los de la masa de trabajadores poco cualificados.
Junto al turismo España ha mejorado el mix energético que necesita su actividad económica. Más del 50% de su electricidad procede de renovables. Una fuente que aísla, en parte, la península y los archipiélagos de los vaivenes de los precios de la energía fósil debidos a la geopolítica y sus conflictos.
La aparición del la economía digital y la IA es un factor que está mejorando la competitividad española. La tradicional producción industrial basada en fábricas y obreros de mono azul, está siendo sustituida en el mundo por el white collar-worker que trabaja en un ordenador, en la oficina o en su casa.
La producción de valor en los países desarrollados ya no es de cosas físicas, es de ideas, imaginación y servicios. Servicios de transporte, ingeniería, consultoría, jurídicos, TIC, IA, ...
Esos servicios no turísticos (SNT) suponen el 17% de las exportaciones españolas. Eso es el 7,5% del PIB español. Es un cambio estructural de la economía española.
Ese cambio se debe, fundamentalmente, al desarrollo de los estudios universitarios y de formación profesional. Dos sectores que junto al sanitario son, y deben ser, ejes del desarrollo español, dado que el factor competitivo más importante del futuro es la capacidad intelectual de la población.
Un desarrollo universitario, formativo y sanitario que debe ser público, pero también privado, para mejorar sin un aumento excesivo de los impuestos.
Junto a todas estas mejoras de la competitividad española, el funcionamiento del sector público representa la rémora que la frena.
Los impuestos excesivos detraen renta de una clase media y trabajadora que cada vez vive peor.
Clase media y trabajadora asfixiada por esos impuestos y la inflación en el precio de la cesta de la compra, la vivienda, ...
Además, esa carga fiscal no mejora los servicios públicos, con ferrocarriles y carreteras con falta de mantenimiento, con sistemas burocráticos lentos y poco transparentes, con corrupción generalizada en el gobierno.
En resumen la EPA indica que España mejora su competitividad, pero lo hace a pesar de la ineficacia y la corrupción del gobierno ¡Que gran país, si hubiera un gran gobierno!
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.