“Time we have wasted on the way” Graham Nash.
La nueva crisis migratoria en Ceuta no es un episodio aislado ni una simple emergencia fronteriza. Es el resultado de un modelo político y económico profundamente irresponsable y dañino.
Sánchez presume de crecimiento agregado mientras destroza la cohesión, la productividad, la renta real neta por habitante y las instituciones. España no es un ejemplo de crecimiento, integración de la inmigración ni de cohesión.
Es un espejismo estadístico dopado por el aumento de población y una bomba de relojería fiscal. Ha tenido que llegar una crisis migratoria para que la Unión Europea despierte.
La inmigración ilegal no es una fatalidad ni una receta de crecimiento y sostenimiento de las cuentas públicas; es una estrategia de control y demolición de la nación desde dentro, con el objetivo de crear una subclase dependiente y rehén, comprar votos alterando la demografía y trasladar a las generaciones venideras el enorme coste para el Estado de un aumento de población cuya contribución neta a las cuentas públicas es ampliamente negativa.
España se presentaba, por parte de la progresía, como un modelo de integración de inmigrantes. Nunca fue cierto y ahora es una crisis en toda regla. La ola de inmigración ilegal descontrolada es el resultado directo de las políticas del Gobierno socialista: regularizaciones masivas, subvenciones y el mensaje constante de que la inmigración ilegal sale rentable.
Durante años, España ha atraído flujos incontrolados con promesas de regularización y transferencias públicas, mientras Bruselas miraba hacia otro lado porque el PIB titular crecía y las estadísticas parecían “inclusivas”.
Sin embargo, el coste es enorme y lo soportan los trabajadores y contribuyentes españoles y, cada vez más, toda la Unión Europea.
Su élite toleró las políticas destructivas de España mientras engordaban el PIB agregado, incluso ante la señal de alarma de que el PIB per cápita se estancaba y la presión sobre los servicios públicos y la conflictividad social aumentaba.
El Gobierno de Sánchez y su coalición han impuesto procesos de regularización sin precedentes, presentándolos como un modelo para Europa y vinculándolos explícitamente a aumentos de PIB y a la supuesta sostenibilidad del Estado de bienestar. Era una gran mentira.
3,7 millones de parados reales, incluyendo trabajadores inactivos apuntados al SEPE y 792.341 fijos discontinuos inactivos
La inmigración ilegal regularizada no hace las pensiones más sostenibles, sino al revés, porque su contribución neta a las cuentas públicas es incuestionablemente negativa, como muestran todos los estudios al respecto.
Mientras tanto, el Gobierno dopa el PIB agregado, pero el PIB por habitante, los salarios reales netos, la productividad y la tasa de actividad están estancados.
El Gobierno de España se ha presentado ante el mundo con una postura claramente pro‑inmigración, en contra de las decisiones de la propia Unión Europea. Sin embargo, la Comisión y las instituciones comunitarias han guardado silencio ante el asalto a las instituciones, la corrupción y el desastre de política migratoria.
Las instituciones europeas tienen una responsabilidad directa porque han respaldado y amplificado la destructiva política migratoria y extensiva de Sánchez, presentándola como si fuera inclusiva. Ignoraron la evidencia de que los datos españoles son malos cuando se analizan más allá del PIB titular.
PIB per cápita estancado: las propias estimaciones del FMI muestran que el PIB per cápita de España solo crecerá un 1% anual entre 2018 y 2027, exactamente lo mismo que la media de la eurozona.
Salarios reales netos cayendo: con Sánchez han bajado casi un 3%.
Paro real: 3,7 millones de parados reales, incluyendo trabajadores inactivos apuntados al SEPE y 792.341 fijos discontinuos inactivos. Prácticamente no ha mejorado la cifra de parados efectivos desde 2019.
Cero consolidación fiscal: la deuda neta de las administraciones públicas según el Protocolo de Déficit Excesivo ha subido a un récord de 1,6 billones, mientras los pasivos totales han crecido más de medio billón hasta los 2,2 billones.
La deuda sobre PIB y el déficit solo se moderan dopando el denominador con inmigración y una inflación superior a la media de la eurozona.
Seguridad Social insostenible: Sánchez ha multiplicado la deuda de la Seguridad Social y el sistema necesita cada año un rescate de un Estado ya de por sí deficitario. La inmigración no va a reducir ese enorme agujero, lo aumenta, al tener en su mayoría una contribución neta negativa.
Todos los datos de la economía española muestran debilidad, espejismo estadístico y graves desequilibrios, pero la Unión Europea y la Comisión prefirieron callar, comprar la propaganda oficial y agarrarse a un PIB agregado dopado. Lo mismo que hicieron con Grecia entre 2004 y 2007.
La narrativa oficial resalta las contribuciones al PIB titular y los argumentos demográficos, mientras calla ante el estancamiento del PIB per cápita, la productividad, los salarios reales netos y la tensión fiscal e institucional de absorber enormes flujos irregulares mediante regularizaciones de emergencia en lugar de una migración ordenada y basada en cualificaciones.
La UE lo permitió porque Sánchez lo presentó como un modelo cuando la bomba de relojería era evidente.
La estrategia del Gobierno español es clara: crear una subclase gigantesca dependiente de las subvenciones públicas y rehén como electorado futuro. La entrada masiva de inmigrantes ilegales es la consecuencia de años de políticas de regularización masiva, anuncios de subvenciones y efecto llamada.
Ceuta afronta su mayor crisis migratoria de los últimos años, con miles de entradas irregulares en apenas una semana y con los dispositivos de acogida completamente saturados.
Los centros para adultos y menores están desbordados, las autoridades locales hablan abiertamente de emergencia humanitaria y social, y la presión diaria sobre la frontera muestra hasta qué punto el Estado ha perdido capacidad de anticipación y disuasión. No se trata solo de una crisis migratoria. Es también una crisis de autoridad, de planificación y de credibilidad institucional.
Para entender lo que Sánchez llama “el cohete”, hoy en Ceuta “sube” el PIB, pero los ceutíes son más pobres y están peor. Más presión migratoria, servicios desbordados y dependencia de dinero público, más deuda y más impuestos en el futuro, mientras Sánchez presume de cifras y abandona la frontera.
El Gobierno utiliza el crecimiento del PIB del segundo trimestre de 2026, del 0,7% trimestral y 2,7% interanual, como si fuera una prueba de fortaleza, pero el crecimiento agregado no es prosperidad. España no crece: engorda y se endeuda.
El Gobierno usa la expansión demográfica, una demanda interna artificialmente sostenida, un gasto público creciente y empleo en sectores de baja productividad.
España crece en volumen y se empobrece en calidad. Aumenta el PIB total y se deteriora la renta real neta de sus ciudadanos. Dopa la economía con población y gasto mientras empeoran la eficiencia, la competitividad y el bienestar por habitante.
A este cuadro se suma la inflación. El dato adelantado de julio, del 3,5%, vuelve a situar a España por encima de la media de la eurozona, que se había moderado en torno al 2,8%. Esa brecha no es irrelevante. Significa pérdida de competitividad, más presión sobre costes, mayor deterioro del poder adquisitivo y más dificultades para que el crecimiento se traduzca en prosperidad real.
España no solo crece con baja productividad, sino también con una inflación relativamente alta. Es la peor combinación para vender un supuesto éxito económico duradero.
La economía española no muestra un salto estructural de productividad, ni una mejora decisiva de la inversión útil, ni una convergencia sólida en PIB per cápita con las economías más avanzadas de la eurozona, donde se mantiene a 8 puntos de la media de una Unión Europea que, además, no va bien, según Eurostat.
La crisis de Ceuta es un símbolo de todo el fracaso del modelo. Una entrada masiva e irregular de población genera, en el corto plazo, mayor volumen de actividad medida porque dispara el gasto de emergencia, la movilización presupuestaria y las necesidades administrativas. Estadísticamente, eso “sube el PIB”.
Sin embargo, social y económicamente el saldo es devastador: empobrece a los ciudadanos, empeora la seguridad, aumenta la presión sobre vivienda, sanidad y educación y el coste lo asumen los contribuyentes, que ya soportan elevada deuda, impuestos crecientes y pérdida de poder adquisitivo real neto.
España no sufre el caos fronterizo por casualidad. Es la consecuencia de la regularización masiva de Sánchez y de años de políticas de efecto llamada, un mensaje al mundo de que entrar ilegalmente sale a cuenta.
No es un error, es una estrategia de poder. Sánchez busca crear una subclase rehén, dependiente de subvenciones y papeles, que le vote en el futuro, y pasarles las consecuencias sociales y el coste a los contribuyentes.
Mientras el Gobierno se hunde entre escándalos de corrupción y pierde apoyo social, intenta perpetuarse demoliendo España y sus instituciones y trayendo a dependientes, para sustituir los votos que pierde hoy.
Esa es la gran mentira del “cohete” de Sánchez: engordar en vez de crecer.
El socialismo necesita pobres, dependientes y amedrentados para mantenerse en el poder. La inmigración ilegal descontrolada no es casualidad, es una estrategia. Sánchez no está gobernando España, la está desmontando para intentar aferrarse al poder.