Veo en muchos medios un interés en descifrar si ganar un mundial de futbol es bueno para la economía del país campeón.
Calcularlo es complicado. En particular porque ese "efecto campeón" no es el único que influye en la economía del país en un momento dado.
Pero en todo caso ha habido académicos que se han esforzado por encontrar ese efecto.
El más conocido de todos los estudios académicos es el de Marco Mello de la Universidad de Aberdeen publicado en el Oxford Bulletin of Economics and Statistics de 2024.
Concluye que en los dos trimestres siguientes se calcula que el PIB del país sube el 0,48% por este efecto campeón.
Las exportaciones de servicios no turísticos (SNT) suponen el 17% del total y esos servicios son de profesionales.
En España ha habido expertos que han calculado el efecto de haber ganado este mundial en 4.000 millones de euros. Sólo en la recaudación por IVA del fin de semana de la final se calcula que Hacienda ingresará 6 millones adicionales.
Pero parece que lo más importante es el refuerzo de la "Marca España", importante en un país turístico. Si alguien no tenía en su imaginario España como destino de vacaciones, la victoria en el mundial se lo ha grabado.
Una campaña de publicidad que nos lanza, aún más, hacia los 100 millones de visitantes este año.
También se afirma que siendo España un exportador de productos y servicios la imagen de un equipo deportivo compacto, profesional y eficaz mejora indirectamente a nuestras exportaciones.
Hay que tener en cuenta que las exportaciones de servicios no turísticos (SNT) suponen el 17% del total y esos servicios son de profesionales.
Pero eso no quiere decir que España pueda dormirse en los laureles durante unos meses.
El "efecto campeón" es positivo, pero no puede compensar un "efecto corrupción", debido al actual gobierno, que pesa como una losa en el imaginario inversor internacional.
España ha retrocedido en la escala de "Transparencia Internacional"; ONG que mide el grado de percepción de la corrupción por países; ahora ocupa el puesto 49, ocho por debajo de cuando Sánchez llegó a la Moncloa alardeando contra la corrupción del gobierno anterior (¡Manda narices!) y 19 puestos lejos de su mejor posición histórica.
Efecto corrupción que ataca directamente a la percepción de "seguridad jurídica" clave en la recepción de inversiones nacionales y extranjeras.
Seguridad jurídica debilitada por un gobierno que parece que su única obsesión es mantenerse en el poder, aunque sea mermando la credibilidad de las instituciones.
Por tanto: hay que alegrarse de la victoria, pero no dormirse en los laureles.
Entre otras cosas porque en 2030 España junto a Portugal y Marruecos es anfitriona del próximo mundial de futbol.
También hay estudios académicos sobre la repercusión económica de organizarlos.
Los estudios indican que el "negocio país" de organizar unos mundiales de futbol es discutible.
Por una parte, supone un impulso inversor para mejora de infraestructuras. También genera turismo interno, externo, y actividad comercial en sectores como la hostelería.
Sin embargo, muchos de los ingresos directos acaban en manos de la FIFA (más de 9.000 millones), mientras el anfitrión tiene que aumentar sus gastos en seguridad, por ejemplo.
En muchos casos los ingresos por turismo fueron inferiores a los calculados, el aumento de los precios de las entradas redujo la afluencia en los partidos anteriores a la semifinal y la final.
El economista Mathenson calculó que el PIB los anfitriones el año de juego creció un 2,4% menos de lo previsto.
Por todo ello se calcula que los mundiales de Japón y Corea fueron malos para su economía; que el de Sudáfrica resultó neutro; y que en Brasil hay infraestructuras que nunca se amortizarán.
Los 200.000 millones de dólares que gastó Qatar en 2022 no se recuperaron, aunque la misión de ese gigantesco desembolso era más cualitativa (imagen de país) que cuantitativa.
Con estos antecedentes hay que tener cuidado para que en 2030, el tiro no nos salga por la culata económica.
Es verdad que muchas infraestructuras españolas están construidas y su objetivo no es sólo el mundial. Pero eso no obsta para que no se sea cuidadoso con las inversiones en piedras y servicios.
Las encuestas dicen que en 2030 habrá otro gobierno menos manirroto. Esperemos que sea así.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.