Ferrán Torres besando la copa del Mundo.
El Mundial no sirve únicamente para coronar a un campeón. También deja héroes, decepciones, jugadores inolvidables y selecciones que uno preferiría no volver a encontrarse o a seguir viendo. Los mercados financieros funcionan de manera parecida.
Reparten victorias, humillaciones y relatos que, convenientemente explicados después del cierre, parecen haber sido inevitables. Esta es mi propia categoría de premios.
Mejor selección — España / Los semiconductores
España ha sido un sistema antes que una colección de estrellas: talento, calidad y humildad de sobra y una idea reconocible incluso cuando cambian los protagonistas. El equivalente financiero son los semiconductores.
Procesadores, memoria, almacenamiento, equipos de fabricación y centros de datos han jugado como un bloque. Al igual que Cubarsí, Rodri, Olmo o Cucurella, Nvidia atrae las cámaras, pero TSMC, SK Hynix, Micron, Broadcom o Sandisk completan una selección sin posiciones débiles.
La tecnología ha vuelto a ganar, pero esta vez el equipo es bastante más amplio que los siete magníficos.
Mayor decepción — Portugal / El automóvil europeo
Portugal tenía nombres, experiencia, prestigio y una plantilla que sobre el papel podía competir con cualquiera. Lo mismo puede decirse del automóvil europeo.
Marcas extraordinarias, ingeniería centenaria, redes comerciales globales y balances que parecían inexpugnables. En el campeonato se dieron cuenta de que China fabricó más rápido, las baterías llegaron de fuera, los costes aumentaron y Europa respondió con reglamentos.
El resultado es una industria cargada de Balones de Oro que empieza a descubrir que el mercado no concede puntos por el palmarés. Su mayor referencia histórica, Cristiano, tuvo su némesis en Volkswagen.
Mejor jugador — Rodri / TSMC
Rodri no necesita regatear a cuatro rivales para dominar un encuentro. Decide dónde circula el balón, corrige los desequilibrios y hace posible que los demás parezcan mejores. TSMC cumple esa función en la economía digital.
No diseña todos los chips ni protagoniza todas las presentaciones, pero buena parte del torneo tecnológico pasa por sus fábricas. Es la compañía que apenas aparece en el vídeo promocional y sin la cual no habría partido. Cuando Rodri o TSMC faltan, todos descubren súbitamente cuánto dependían de ellos.
Máximo goleador — Kylian Mbappé / Sandisk
Mbappé no necesita controlar el juego: le basta con que el balón llegue cerca del área. Sandisk ha hecho algo parecido. La fiebre por la inteligencia artificial convirtió la memoria y el almacenamiento en la prolongación natural del gol tecnológico, y la acción se ha disparado alrededor de un 440 por ciento durante el año.
No sabemos cuántos de esos goles resistirán la revisión del VAR de la valoración, pero la Bota de Oro no se entrega por el múltiplo de beneficios. Se entrega por marcar.
Mejor portero — Vozinha / El oro
Vozinha llegó como veterano desconocido y terminó convertido en héroe. El oro también aparece en cada torneo con aspecto de reliquia, aparentemente superado por activos más modernos, hasta que comienzan los disparos. Inflación, déficits, divisas, guerras comerciales o dudas institucionales… casi todo acaba encontrándose con él bajo los palos.
No genera beneficios, no presenta planes estratégicos y no promete disrupción. Simplemente permanece allí. A veces, para ser el mejor portero basta con no apartarse.
Mejor jugador de campo — Jude Bellingham / Value Investing
Bellingham apareció en todas partes con su mejor versión olvidada: recupera, ordena, conduce y llega al área cuando el partido lo exige. El value investing también ha vuelto a ocupar todo el campo. Tras años relegado por el crecimiento tecnológico y los múltiplos expansivos, ha recuperado protagonismo apoyado en beneficios, caja y valoraciones razonables, pero con descuento.
No siempre ofrece la jugada más vistosa, pero entiende algo esencial como es que los partidos, como las inversiones, suelen ganarse antes de que el público advierta dónde estaba el espacio.
El jugador que enamoró — Erling Haaland / Elon Musk
Haaland no parece fabricado para el fútbol convencional: es demasiado grande, demasiado rápido y demasiado extravagante. Musk produce una fascinación parecida. Cohetes que regresan, liderazgo del VE, miles de satélites, contratos públicos y la promesa de convertir Marte en un mercado direccionable.
El inversor sabe que la valoración puede haber abandonado la atmósfera, pero continúa mirando hacia arriba. Algunas compañías se compran por sus flujos de caja; otras, porque durante unos minutos hacen creer que la gravedad es opcional.
Los más odiados — Infantino / Christine Lagarde
Infantino confirmó la imagen que muchos ya teníamos: dócil ante el poder, fascinado por el más poderoso y siempre cómodo junto al dinero. Su inclinación a confundir diplomacia con obediencia y neutralidad con conveniencia dejó un inconfundible tufillo a corrupción moral.
En los mercados, Lagarde representa algo parecido: solemnidad institucional, proximidad al poder y una extraordinaria habilidad para explicar después por qué sus decisiones eran inevitables.
Mejor afición — Escocia & Noruega / Las small caps
Escocia no necesitó ganar para que todo el mundo celebrara su regreso. Sus aficionados aportaron humor, color y la sensación de que el torneo era mejor porque ellos estaban allí. Las pequeñas compañías han producido este año una simpatía semejante.
Tras cinco años eclipsadas por las grandes capitalizaciones, penalizadas por los tipos y olvidadas en las carteras, han vuelto a superar a sus hermanas mayores. No son todavía campeonas, pero los gestores han vuelto a recibirlas con afecto. Hasta el mercado se cansa de animar siempre a los mismos siete equipos.
El más elegante — Michael Olise / Apple
Olise no corre detrás del partido: espera, levanta la cabeza y hace que la dificultad parezca una cuestión de malos modales. Apple conserva esa elegancia. Mientras sus contemporáneas compiten por construir la mayor central eléctrica con un modelo de lenguaje adjunto, Cupertino crece apoyada en 2.500 millones de dispositivos, servicios recurrentes y una inversión mucho más contenida.
Participa de la fiesta de la inteligencia artificial, pero no de su desenfreno inversor. Quizá no sea value en el múltiplo; sí lo es en una disciplina casi pasada de moda: dejar que el negocio financie la narrativa.
El más duro — Paraguay / Bonos de gobiernos
Paraguay convirtió cada disputa en una negociación bilateral con posibilidad de daños personales. La renta fija ha hecho lo mismo con las carteras.
Necesaria, teóricamente defensiva, pero en caída libre, con diferencia el período más largo de la historia en el caso americano. Su versión más invertible no ha protegido ni dado alegrías; solo ha demostrado que también se puede sufrir con cupón, duración y calificación crediticia.
El mercado, como el Mundial, acabará dejando estadísticas, ganadores y una versión oficial de lo ocurrido. Pero lo verdaderamente memorable serán las historias que cada uno recrea en su memoria como buenamente quiere. Que Argentina no aparezca en ninguna categoría, aun pudiendo a estas horas celebrar ser campeonísimo, además de intencionado es que es cierto.