Keiko Fujimori es virtual ganadora de la segunda vuelta de las elecciones peruanas. A la cuarta intentona se dio la vencida. La hija del expresidente que acabó con la sangrienta guerrilla de Sendero Luminoso y pasó por la cárcel, ocupará la presidencia del Perú.

Después de la victoria de Milei en Argentina, de Kast en Chile, Asfura en Honduras, el mantenimiento de Bukele en El Salvador y la salida esposada de Maduro en Venezuela, los bastiones de la izquierda latinoamericana van cediendo uno a uno.

Incluso en Bolivia gano el centrista Paz contra el conservador Quiroga, en una segunda vuelta. Mientras el MAS (movimiento al Socialismo) de Evo Morales que ha gobernado casi 20 años, quedó el tercero en la primera vuelta.

En Ecuador el empresario Daniel Noboa ganó la segunda vuelta en 2025.

Así las cosas, los últimos sondeos electorales para la segunda vuelta en Colombia también dan ventaja a Abelardo de la Espriella (derecha radical o extrema de "Defensores de la Patria") sobre el oficialista Iván Cepeda (izquierda petrista). Eso a pesar de las maniobras del actual presidente, Petro, a favor del representante del partido Pacto Histórico.

Sería un vuelco más que jalona la geografía hispanoamericana que claramente se derechiza.

Lo significativo de todas estas elecciones es que el debate se plantea entre los partidarios de la preocupación social y los derechos humanos, frente los partidarios de la seguridad ciudadana cómo labor fundamental del Estado.

La violencia debida al crimen organizado se ha convertido en una preocupación de la población hispanoamericana. La demanda de seguridad ciudadana supera a otras aspiraciones.

La imagen de cientos de miembros de las maras y/o sicarios entrando en las macrocarceles del Salvador ha sido el mejor cartel electoral para todos los candidatos de la derecha radical o extrema derecha, según los denominan unos u otros. Han rentabilizado el miedo a los "malos" (como llaman la policía a los delincuentes).

Incluso algunas de esas votaciones han resultado ser una sorpresa para los vencedores. Asfura, en Honduras, era el tercero en las encuestas electorales semanas antes de las elecciones.

Sus buenas intenciones a la llegada al poder se tornan en maniobras para perpetuarse

La ideologización excesiva de la izquierda hispanoamericana está siendo la cuerda con la que se ahogan sus ofertas electorales.

Los partidos y candidatos de la izquierda que enarbolan la bandera de los derechos humanos, deberían pensar en esos derechos de manera global.

Es necesario defender económica y socialmente a los menos favorecidos. Pero son estos los que más sufren la violencia organizada.

Importan poco otros derechos, cuando no puedes tomar decisiones personales por miedo a la mara, al narcotráfico o cualquier otra forma de organización criminal. En ese caso, se está vulnerando la libertad de los ciudadanos, sobre todo de aquellos que no tienen recursos para defenderse.

Además, la falta de confianza en la seguridad ciudadana limita la inversión y crea un circulo vicioso.

La escalada de violencia produce falta de inversión; la falta de inversión disminuye la creación de puestos de trabajo; la falta de trabajo aumenta la pobreza; la pobreza crea las condiciones para el aumento de violencia; y así sucesivamente en una espiral sin fin.

Sin fin, hasta que una parte importante de la población decide buscar "un salvador". Algo que es razonable, pero no está exento de peligros.

El primero es la reacción, a veces violenta, de parte de la población ante los nuevos gobiernos. En Bolivia se está viendo con las manifestaciones que cortan comunicaciones. Eso obliga a responder con violencia institucional, lo que encona la situación.

Pero el peligro fundamental es que los salvadores, bien pronto se acostumbran a serlo. Aupados por sus "asesores" llegan a considerarse necesarios para mantener el orden. Sus buenas intenciones a la llegada al poder se tornan en maniobras para perpetuarse.

Además, en el uso del poder se cometen errores. Errores que se quieren mantener silenciados y controlados. Para eso se aferran al poder a cualquier precio.

Si no se tiene la humildad de reconocer los errores y los límites temporales del poder, el éxito de los salvadores es tan peligroso como el fracaso de los izquierdistas. Hasta que viene el cambio.

Es el ciclo de la política, que raras veces coincide con el de economía.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.