La praxis de la democracia representativa dice que las cámaras tienen que aprobar los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Es la ley fundamental de cada año. La que permite fiscalizar como el gobierno utiliza los dineros del contribuyente. Es decir, de todos nosotros.
Por eso la aprobación se hace en su conjunto, lo que se llama “el techo del gasto”, y también partida a partida. Se marca cuanto dinero va a cada concepto. Son los capítulos de gasto del presupuesto y dentro de ellos las “partidas” y programas que pormenorizan, aún más, donde y cuando gastar ese dinero público.
Por tanto, la aprobación del PGE no es una carta blanca para que el gobierno haga de su capa un sayo y gaste a su albedrío ese dinero.
Esa aprobación es una carta mandato de la cámara al gobierno. Un mandato para controlar la ejecución de las políticas del ejecutivo vigilando el uso y destino del dinero público.
Pues bien, después de ver cómo ejecuta el presidente Sánchez los presupuestos se entiende porqué el Gobierno no quiere presentar el PGE2026 para su aprobación. Después de tres años sin cuentas públicas ya nadie sabe cómo están las partidas, los programas y sus créditos.
Sin presupuestos, no hay control presupuestario, ni político, que es una de las funciones importante de un parlamento
El botón de muestra es la presunta utilización de fondos “Next Generation” para cubrir el pago de las pensiones. La utilización, como una caja “común negra”, todo el dinero público.
En esa “caja negra” sanchista entra el dinero procedente de diferentes fuentes: tributos, next generatión, deuda … En teoría cada una de esas corrientes de ingresos debe aplicarse a una serie concreta de gastos.
Es verdad que puede haber excepciones, pero deben ser puntuales y explicables. Incluso puede haber créditos extraordinarios, para situaciones extraordinarias.
Pero lo que parece que hacía la exvicepresidenta y responsable de Hacienda, “la señora Montero” es tomarse por “montera” las diferentes partidas y programas. Es decir, hacer lo que le daba la gana, sin contar con el rigor presupuestario debido.
En ese sentido, Tribunal de Cuentas español y, consecuentemente lo hará el europeo, han disparado una alarma.
Parece que parte de los fondos next generation, destinado por Bruselas a proyectos de desarrollo, han ido a parar a cubrir el pago de las pensiones. Son 2,4 millones de euros los que supuestamente se han “distraído” de las ayudas europeas.
Es un dato cuantitativamente discreto, poco relevante, pero preocupante, porque es un indicio de descontrol de la ejecución presupuestaria.
A la vista de este dato se entiende la renuencia de Sánchez de presentar unos PGE año tras año.
No solo es que está convencido que el Congreso va a tumbar las cuentas que su gobierno presente. Además, se encuentra muy cómodo haciendo de su capa un sayo, tomándose por montera (¡que parecido con Montero), el rigor presupuestario.
¿Que no habrá pasado con la maraña de un PGE, prorrogado dos veces, y con probabilidad otra vez más, que tiene más de 400 programas?
Sin presupuestos, no hay control presupuestario, ni político, que es una de las funciones importante de un parlamento.
Es verdad que la IGEA (la Intervención General de la Administración del Estado) publica mensualmente los informes de ejecución. Lo que parece es que la oposición, o no las estudia o es incapaz de usarlas como arma de denuncia. Por eso ha tenido que ser el Tribunal de Cuentas español quién haya dado la señal de alerta.
Si se demuestra definitivamente que se ha producido ese traslado indebido de fondos, además de una praxis irregular en el gasto de los fondos públicos, se trata de un indicio muy preocupante.
Tan preocupante que añadido a otras incompetencias, como no enviar documentación pertinente o no ejecutar las inversiones en los tiempos programados, España puede perder parte de los fondos asignados por Europa.
Algo que unido a la creciente muestra de debilidades de la economía (como los datos de la EPA del primer trimestre) puede agravar la sensación de que estamos entrando definitivamente en una curva económica descendente que acabará mostrando su cara negativa en 2027.
Justo el año en el que el PP puede que llegue al Gobierno !Parece que siempre le toca bailar con la más fea en economía¡
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.