Una pareja camina hacia la playa en un típico día veraniego en España.

Una pareja camina hacia la playa en un típico día veraniego en España. Invertia

Opinión

El turismo récord de España no resuelve el problema de Estado

José Parejo
Publicada

El 24 de abril, la compañera de profesión Ana Páramo, del Grupo Paradell, publicaba en un medio una pregunta que merece una respuesta incómoda: ¿y si España tiene este verano más turistas que nunca y aun así pierde? Porque el riesgo real no está en que no vengan, sino en que la estructura fiscal, energética e institucional del país no está preparada para convertir ese récord en fortaleza.

Llevamos semanas leyendo el mismo titular en dos versiones: una optimista, que celebra a España como destino refugio de la crisis. La otra pesimista; que teme que el queroseno escasee y los aviones no despeguen. Ambas son correctas pero incompletas. Y ambas miran al verano sin prestar atención al invierno de 2027.

España cerró 2025 con 96,8 millones de turistas internacionales, un nuevo récord histórico, y unos ingresos turísticos de 134.700 millones de euros.

España registró en marzo el peor comportamiento en inflación eléctrica de los cuatro grandes países europeos, con un incremento del 4,3%.

El sector representa el 12,8% del PIB. Exceltur proyecta para 2026 un crecimiento del PIB turístico del 2,5%, impulsado por el efecto refugio derivado del conflicto en Oriente Medio: más de 4.239 millones de euros adicionales procedentes de turistas que han desviado sus planes hacia España por su seguridad percibida.

El FMI sitúa el crecimiento del PIB español en el 2,1% para 2026, frente al 1,1% del conjunto de la eurozona. España lidera el crecimiento europeo y los titulares están justificados.

Y sin embargo, hay tres variables que no caben en ese titular y que definen la realidad estructural del país con más precisión que cualquier previsión de temporada alta.

Primera variable: el escudo energético con fecha de vencimiento: España liberó en marzo 11,5 millones de barriles de sus reservas estratégicas de petróleo, equivalentes a 12,3 días de consumo nacional, como parte de la liberación coordinada de 400 millones de barriles acordada en la Agencia Internacional de la Energía.

Las reservas actuales cubren 92 días de consumo. Noventa y dos días es un número que tranquiliza hasta que se le añade la pregunta correcta: noventa y dos días contados desde cuándo. Si el conflicto no se resuelve antes de septiembre, España llegará al otoño con reservas reducidas, precios de energía sostenidos en niveles altos y una inflación que en marzo ya alcanzó el 3,4%, más de un punto por encima del dato de febrero, con la electricidad como principal componente acelerador.

Pero más revelador que el dato en sí mismo es su origen: España registró en marzo el peor comportamiento en inflación eléctrica de los cuatro grandes países europeos, con un incremento del 4,3%.

El Gobierno había construido su relato de resiliencia energética sobre las renovables. Ese relato se ha fisurado porque el precio de la electricidad en el mercado mayorista español sigue indexado parcialmente al precio del gas, el sistema marginalista; aunque la electricidad venga de una placa solar.

Cuando el gas sube por la guerra, la luz sube aunque no uses gas para producirla y España no ha reformado ese mecanismo de fijación de precios.

Los análisis de riesgo turístico ignoran sistemáticamente que el turismo no es un sector estratégico en España.

La primera pregunta que cualquier consejo de administración con operaciones en España debería hacerse es si esa fisura es coyuntural, o si refleja una vulnerabilidad estructural más profunda.

La respuesta no es sencilla, y no está en los comunicados oficiales.

Segunda variable: el BCE decide el 30 de abril con las manos parcialmente atadas. La reunión del Banco Central Europeo de este miércoles es la más observada de los últimos años, no tanto porque vaya a producir una subida inmediata, sino porque marcará la orientación de las dos siguientes.

Los mercados descuentan que el BCE mantendrá tipos el 30 de abril pero señalará la posibilidad de movimientos en junio y julio si la inflación subyacente se consolida por encima del 2,5%.

Para España, ese escenario tiene una traducción fiscal muy concreta. El Tesoro prevé emitir 285.677 millones de euros en deuda bruta en 2026, un 4% más que el año anterior, con un coste medio de la nueva deuda del 2,70%.

La deuda pública se sitúa en 1,693 billones de euros, el 103,2% del PIB. Cada movimiento al alza en los tipos de referencia eleva el coste de refinanciación de los vencimientos a corto plazo.

No es un impacto catastrófico inmediato, pero es una presión silenciosa y acumulativa.

Lo que el análisis económico convencional tiende a omitir, es que el BCE no está tomando una decisión técnica este miércoles. Está siendo empujado por un conflicto geopolítico que no controla, hacia una decisión que afecta directamente a la capacidad fiscal de cuarenta y cuatro millones de españoles y a la rentabilidad de cualquier corporación con deuda denominada en euros.

La segunda pregunta que toda institución financiera con exposición española debería tener respondida antes del jueves, es qué escenario de tipos ha incorporado realmente a sus modelos de riesgo para el segundo semestre de 2026. Muchas no lo han actualizado desde enero.

Tercera variable: España opera sin presupuestos en la crisis más exigente de la última década. España inició 2026 con los presupuestos de 2023 prorrogados.

Los objetivos de déficit fijados ante Bruselas contemplan reducirlo al 2,1% del PIB en 2026 y al 1,8% en 2027. Esos cálculos se elaboraron antes de que el precio del barril superara con amplitud las hipótesis sobre las que se construyeron, antes de la liberación de reservas estratégicas, antes del repunte inflacionario de marzo y antes de que el BCE endureciera su tono.

Para los inversores institucionales internacionales que sostienen una parte significativa de la demanda de deuda española, la pregunta relevante no es si España crecerá este año.

Es si el marco fiscal con el que opera el país refleja el entorno macroeconómico real de 2026 o el de 2023. Esa pregunta, hoy, no tiene respuesta satisfactoria.

Y los mercados de deuda soberana son los primeros en notarlo cuando la respuesta tarda demasiado.

Lo que el turismo está tapando: El verano de 2026 generará ingresos turísticos récord. Ese es el escenario más probable. Exceltur proyecta que el turismo representará el 15,9% de todo el crecimiento económico esperado para España en 2026. Las reservas de queroseno, bien gestionadas, deberían sostener la temporada alta sin incidencias graves.

Pero detrás de ese cuadro se acumulan tres fricciones simultáneas que ningún verano récord resuelve: una estructura energética que ha demostrado ser más vulnerable de lo que el relato oficial admitía, un coste de financiación de la deuda que va a subir con independencia de lo que decida el Gobierno, y un marco presupuestario que opera en modo emergencia permanente.

Hay además una cuarta fricción que los análisis de riesgo turístico ignoran sistemáticamente: el turismo no es un sector estratégico en España, según la legislación vigente.

Un sector que representa el 12,8% del PIB, primera línea de exposición ante cualquier crisis energética global, no tiene la protección institucional que tienen la energía, la defensa o las telecomunicaciones. Esa anomalía no es un debate académico, sino de vulnerabilidad de Estado acumulada por varios Gobiernos.

El verdadero riesgo no es que los aviones no despeguen este agosto. El verdadero riesgo es que España entre al invierno de 2027 habiendo consumido sus reservas estratégicas, con tipos más altos que en enero y sin un presupuesto que recoja el coste real de esta crisis.

Las corporaciones europeas e internacionales con operaciones en España, con cadenas de suministro expuestas al corredor mediterráneo y con deuda refinanciada en euros, están tomando decisiones de inversión ahora mismo sobre la base de ese escenario.

La pregunta que deberían hacerse no es si España crecerá este verano, sino si la España del otoño de 2027 seguirá siendo el mismo activo, que la España del verano de 2026.

La lección estructural: Hay algo más amplio en todo esto que trasciende el análisis doméstico. Lo que esta crisis ha revelado no es únicamente la fragilidad del mercado energético europeo; eso lo sabíamos.

Lo que ha revelado es la fragilidad del tiempo de decisión de Occidente. En 1973 tardamos dieciocho meses en reaccionar con política industrial ante el primer shock del petróleo. Hoy los mercados descuentan el futuro en dieciocho horas.

Esa asimetría entre la velocidad del daño y la lentitud de la respuesta institucional, es el verdadero riesgo sistémico de esta crisis. Y ninguna reserva estratégica, por bien dimensionada que esté, lo resuelve.

España tiene este año una ventana de oportunidad real. La tiene en el turismo, en su posición geográfica, en su matriz energética renovable y en su crecimiento relativo frente al resto de Europa.

Aprovecharla o desperdiciarla no depende tanto del verano, como de las decisiones institucionales que se tomen, o no se tomen, antes de que llegue el frío.

*** José Parejo es fundador y CEO de Jose Parejo & Associates, firma que desarrolla análisis estructural y anticipación sistémica para instituciones públicas y compañías estratégicas.