Red eléctrica junto a una industria.

Red eléctrica junto a una industria. Invertia

Opinión

Electrificar la economía para ser competitivos

José Ugarte
Publicada

La volatilidad en los mercados de petróleo y gas ha vuelto a recordarnos una realidad incómoda: Europa y España siguen dependiendo en exceso de una energía que no controlan.

La reciente escalada de tensiones en Oriente Medio, con su impacto directo en los precios, no es un episodio aislado, sino un patrón que se repite. Y cada repetición tiene consecuencias sobre nuestra economía, nuestras empresas y, especialmente, nuestras pymes.

Ante este contexto, la respuesta no puede limitarse solo a medidas coyunturales. Necesitamos un cambio estructural.

Electrificar permite producir más con menos energía, mejorar la calidad de los procesos industriales y reducir la exposición a mercados volátiles.

España parte de una posición privilegiada. Contamos con uno de los mix eléctricos más renovables de Europa, pues las renovables produjeron el 55,5% de toda la electricidad en nuestro país en 2025, según datos de Red Eléctrica. Sin embargo, seguimos arrastrando una paradoja: una electrificación insuficiente de nuestra economía.

En Europa, la electricidad apenas representa en torno al 21–23% del consumo final de energía, una cifra prácticamente estancada desde hace más de una década.

En España, ese porcentaje se sitúa en el 25,3% (según datos de IEA World Energy Balances y Eurostat) impulsado por el crecimiento de la solar y unas necesidades crecientes de refrigeración.

Aun así, el reto está en electrificar más rápido los usos donde seguimos siendo más dependientes de los combustibles fósiles: aunque avanzamos en edificios, con una electrificación cercana al 45%, seguimos muy rezagados en sectores clave como el transporte, donde el vehículo eléctrico apenas alcanza alrededor del 1-2% del parque.

Este desfase tiene consecuencias económicas muy concretas. Europa importa cerca del 60% de la energía que consume, con un coste anual que ronda los 380.000 millones de euros. Son recursos que salen de nuestra economía de forma recurrente.

En cambio, cuando electrificamos, esa inversión se queda aquí: impulsa la industria, genera empleo local y fortalece el tejido empresarial. Electrificar no es solo una cuestión ambiental; es una decisión económica con impacto directo en la competitividad del país.

Cuando electrificamos, la inversión se queda aquí: impulsa la industria, genera empleo local y fortalece el tejido empresarial

Para una pyme esto se traduce en algo muy tangible: menos exposición a la volatilidad del gas, más control de costes energéticos y más capacidad de competir.

Hoy ya existen soluciones basadas en la electrificación flexible, que combinan generación local, almacenamiento y digitalización, con un potencial de reducción de la factura energética que puede llegar hasta el 80%, un impacto especialmente relevante en actividades electrointensivas como los centros de datos.

El aumento del consumo de gas tras el apagón ibérico del 28 de abril de 2025 evidencia hasta qué punto seguimos dependiendo de soluciones fósiles cuando el sistema falla. Esto pone de manifiesto la necesidad de avanzar hacia un modelo más robusto, más flexible y menos dependiente de factores externos.

El nuevo marco regulatorio va en la dirección correcta, con incentivos a la electrificación, al autoconsumo, al almacenamiento o a tecnologías como las bombas de calor. Pero la velocidad es importante.

Electrificar permite producir más con menos energía, mejorar la calidad de los procesos industriales y reducir la exposición a mercados volátiles. Desde un punto de vista estrictamente económico, es una palanca directa de productividad.

España tiene los recursos, la tecnología y el talento para liderar esta transformación. La cuestión es si sabremos convertir esa oportunidad en una estrategia económica coherente antes de que el próximo episodio de volatilidad e incertidumbre vuelva a ponernos a prueba.

*** Josu Ugarte, presidente de Schneider Electric en la zona ibérica