“Just do as I say, not as I do” Ed Harcourt. 

Esta semana, en Davos, hemos asistido a tres intervenciones que demuestran el fracaso del estatismo. El discurso de Carney, el de Trump y el de Fink.

El discurso de Carney, primer ministro de Canadá, ha gustado a mucha gente. Sin embargo, es la misma serie de mensajes condescendientes y palabras vacías que usan Sánchez, Newsom o Macron, estilo por encima de la sustancia.

Su discurso no incluyó un ápice de autocrítica por las políticas que han llevado a Canadá al estancamiento, la asfixia a los ciudadanos e intentar acabar con la libertad de expresión. 

La imagen de Canadá que vende el Sr Carney es idílica pero simplemente incorrecta. Canadá no es un ejemplo de todo lo que quiere el mundo. Es un ejemplo de todo lo que ha estropeado a las economías ricas.

. Sólo se dedicó a criticar al presidente de Estados Unidos y, para terminar de rizar el rizo, hacer un guiño al famoso discurso de Bill Clinton de liderazgo a través del ejemplo.

Además, con su sorprendente agresividad con respecto a Estados Unidos junto a una velada y difusa crítica cariñosa y amable a China, nos demuestra todo lo que ha fracasado en Davos.

Cuando los ciudadanos españoles se desesperan porque las palabras vacías de Sánchez reciben cierta atención en el extranjero, se deberían preguntar por qué en España compran las mismas vaguedades de Carney o de Gavin Newsom.

El líder descafeinado e intercambiable, de discurso melifluo y aparentemente solemne que promueve todas las agendas anti-libertad en su gobierno mientras habla en foros internacionales de democracia, soberanía y libertad es una característica esencial del estatismo depredador. 

Carney no pidió perdón porque su partido ha llevado a una economía próspera al estancamiento, expolio fiscal e imposición de agendas anti-empresa y anti-libertad, por haber convertido a Canadá en una pionera de la cancelación y el veto al que discrepe del pensamiento único impuesto, en la desbancarización del discrepante y en la imposición de una agenda mal llamada verde que solo ha empobrecido a los canadienses. Sólo se dedicó a criticar al presidente de Estados Unidos y, para terminar de rizar el rizo, hacer un guiño al famoso discurso de Bill Clinton de liderazgo a través del ejemplo.

No hay nada más cómodo que presentarse  como moderado y serio en el exterior y expoliar a tus ciudadanos en el interior con agendas mucho más radicales que las que critican.

Los ciudadanos están hartos del discurso más habitual por parte de los políticos en Davos

La excusa son las formas de Trump y Milei. Por alguna razón sorprendente, en Occidente prefieren que les expolien y repriman con discursos suaves e imagen de presentador de TV antes que escuchar al que te recuerda que el circo de Stromboli es cómodo, pero solo genera desastre.

A mí, sinceramente, el debate sobre las formas me parece irrelevante. Las formas que me preocupan no son las de Trump, sino las de Sánchez y líderes similares. Lo que han hecho Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, España y Estados Unidos con Biden con sus economías es lo que me enfurece, no los comentarios aparentemente hoscos de Trump.

Los ciudadanos están hartos del discurso más habitual por parte de los políticos en Davos. Mensajes paternalistas y condescendientes diciendo a la gente que son las élites burocráticas las que sí saben lo que hay que hacer mientras te empobrecen y encima te exigen más impuestos.

Que no les guste lo que dice Trump es legítimo, pero no es una excusa para doblar la apuesta en favor del estatismo empobrecedor. Que te guste lo que dice Carney es válido, pero no es una excusa para blanquear el desastre que han supuestos sus políticas para Canadá (y para el mundo).

¿Qué soberanía defiende Carney cuando su predecesor, Trudeau, y su partido han entregado el futuro de la industria y la economía de Canadá a China, han disparado la inmigración ilegal y han llevado a un país rico al expolio fiscal, la hiperregulación y el estancamiento?

Carney hubiera triunfado si, en vez de dedicarse al discurso blando, hubiera anunciado que Canadá abandonaba el intervencionismo, el veto, la cancelación y las políticas de inmigración ilegal y regulación que están destruyendo a esa gran nación. No. Es más fácil acudir al comodín de Trump.

Si a los líderes del estatismo que puebla Davos les molesta Trump, que demuestren que son capaces de defender el crecimiento, la libre empresa, el control de la inmigración ilegal, la responsabilidad fiscal y el desarrollo empresarial. Es sencillo. 

Carney habla de liderar con el ejemplo. Pues empieza mal. El PIB real se contrajo un 0,4% en el segundo trimestre de 2025 y rebota un 2,6% en el tercero, dopando el PIB con gasto público y gracias a las exportaciones de petróleo, sector al que su partido ha puesto todas las trabas y más.

Las previsiones oficiales y privadas se concentran en tasas de crecimiento muy bajas: los escenarios de Global Affairs Canada y del Banco de Canadá sitúan el crecimiento tendencial del PIB en torno al 0,9–1,1% en 2025 y de menos del 1% en 2026. El empleo neto seguía siendo ligeramente positivo en diciembre (+8.200 puestos), pero el ritmo de creación de empleo se desacelera con fuerza frente a los meses anteriores.

Las pérdidas de empleo se concentran en los servicios profesionales, científicos y técnicos, la hostelería y restauración, y las empresas de servicios públicos, mientras que el trabajo a tiempo parcial crece más rápido que el empleo a tiempo completo a lo largo de 2025.

El discurso de Trump no estaba escrito, ensayado y preparado al milímetro como el de Carney y, como tal, incluyó comentarios improvisados, atropellados e irónicos que no gustan. Carney y Trump nos mostraron la diferencia entre un líder de imagen, discurso vacío y Teleprompter a un líder que no tiene las maneras y modales que gustan, pero que ha recordado al mundo que la receta de inmigración masiva, gasto público descontrolado, impuestos asfixiantes y agendas mal llamadas verdes que solo empobrecen ha fracasado de manera estrepitosa. 

La diferencia fue la recepción de la audiencia a ambos discursos. Aplausos diplomáticos a Carney con auditorio a medio llenar y auditorio lleno a rebosar con aplausos entusiastas a Milei y Trump.

Que una gran parte de las renovables en China no están conectadas a la red no es una invención de Trump, es algo reconocido por la propia administración china. Al menos el 20% de la capacidad instalada eólica no está conectada a la red.

Que la Unión Europea va en el camino equivocado pero a sus élites les molesta que se lo recuerden, es un hecho. Que Estados Unidos crece al 4,4% anualizado mientras todos los ejemplos del estatismo depredador están en estancamiento es un hecho, y el ejemplo es Canadá, Reino Unido, Francia… 

Es curioso que en Occidente haya gente que, al día de hoy, se crea que el adversario es Estados Unidos y Trump pero el amigo amable y cooperador es la coalición China-Rusia. Es, literalmente, como pensar que el amable conductor de carroza del cuento de Pinocho de Carlo Collodi es el bueno y que Pepito Grillo es el malo.

El estatismo depredador abrazó las políticas verdes, la intervención estatal, el veto, la cancelación y la inmigración ilegal porque era la mejor manera de crear sociedades dependientes, amedrentadas y rehenes de una burocracia que se presentaba como solución a los problemas que ellos mismos creaban.

Davos ha empezado a cambiar porque el huracán Milei y Trump han recordado al mundo que la burocracia extractiva  se sirvió de la política para torpedear sus propios países desde dentro. 

Lo que todos desearíamos es que líderes como Carney, Macron, Starmer o Newsom abandonaran el sectarismo que ha llevado a sus economías al estancamiento y el descontento social, y volvieran a defender la libertad económica, la cordura fiscal y monetaria y la libertad de expresión. A lo mejor, entonces, no tendríamos que debatir sobre las formas del Presidente Trump.

Sin embargo, no ocurre. Todos ellos han doblado la apuesta del estatismo y se escudan en el enemigo Trump para justificar su posición. 

El foro de Davos pasó de ser un centro de debate y defensa de la lógica económica a un centro de adoctrinamiento y blanqueamiento del estatismo depredador. Recuerdo cuando se daban debates interesantes dentro de un ambiente de diversidad orientada a defender la lógica económica, el desarrollo económico y el control de las cuentas públicas. Yo colaboré con el World Economic Forum hasta 2018. 

Mensajes de expolio fiscal, silenciamiento y veto del discrepante, glorificación del estado expoliador y la alfombra roja a China mientras se rendía Occidente. El foro de Davos pasó a centrarse en la imposición del pensamiento único del estatismo, blanquear las políticas de intervención estatal constante, el inflacionismo y el empobrecimiento.

Larry Fink afirmó en Davos que “el mundo confía menos en nuestra ayuda a la hora de conformar el futuro" y que "si el World Economic Forum va a ser útil en el futuro, tiene que recuperar esa confianza." Es importante recordar que el foro de Davos no está para “ayudar a conformar el futuro”, sino para crear el espacio de debate que analiza la economía mundial y promueve el desarrollo económico. 

Para que el Foro de Davos recupere la confianza del mundo, debe volver a defender la libertad individual, el pensamiento crítico y la libertad económica. Trump no es el enemigo y Carney no es el futuro, es el pasado. Trump es el amigo que te dice las cosas de manera cruda pero realista, que te despierta con un jarro de agua y nos ha recordado que hay que defender Occidente y que China y Rusia no son neutrales.

Canadá es el ejemplo de todo lo que no debemos hacer en Europa y Estados Unidos el ejemplo de cómo empezar a salir del hoyo creado por la burocracia y el intervencionismo. 

Davos empieza a abandonar el blanqueamiento del intervencionismo, el inflacionismo y las políticas que ahogan a empresas y contribuyentes y vuelve a ser un foro de debate y defensa de la libertad, no de difusión de dogmas socialistas. Si Europa y Canadá despiertan, todo irá bien.