Un buque de carga en el Golfo, cerca del Estrecho de Ormuz, visto desde el norte de Ras al-Khaimah, cerca de la frontera con la región de Musandam de Omán.

Un buque de carga en el Golfo, cerca del Estrecho de Ormuz, visto desde el norte de Ras al-Khaimah, cerca de la frontera con la región de Musandam de Omán. Reuters

Mercados

Las bolsas eligen vivir para luchar otro día: el respiro de los parqués choca con un petróleo condenado a seguir caro

La tregua entre Washington y Teherán aleja el fantasma del crudo en 120 dólares, pero el embudo de Ormuz ahoga el optimismo.

Más información: Las bolsas aspiran a un abril de récord con la tregua entre EEUU e Irán pero temen nuevas alzas del petróleo si se rompe la paz

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Las claves

Las bolsas globales han experimentado un alivio tras el alto el fuego entre EEUU e Irán, aunque la tensión persiste en el mercado energético.

El precio del petróleo Brent sigue un 35% más caro que antes del conflicto, y el tráfico en el estrecho de Ormuz continúa muy limitado.

La renta variable ha registrado fuertes subidas, pero la inflación energética frena bajadas de tipos de interés y mantiene la incertidumbre macroeconómica.

Los analistas prevén que los precios energéticos altos y el atasco logístico persistirán durante meses, impactando a la economía mundial.

Cuentan las crónicas que el orador ateniense Demóstenes justificó su huida en la batalla de Queronea con una frase que hoy define la actitud del mercado: "Aquel que huye, puede luchar de nuevo". No es una oda a la cobardía, sino al realismo.

Esta semana, las bolsas han aplicado ese pragmatismo a rajatabla. Ante el miedo real de que el petróleo se instalase de forma permanente por encima de los 120 dólares por barril—una cota capaz de desatar una nueva oleada inflacionaria y golpear la economía mundial—, los inversores han optado por celebrar el alto el fuego entre EEUU e Irán.

El mercado ha optado por guardar fuerzas para la próxima batalla, asumiendo una tregua que no cambia lo esencial: el precio del petróleo seguirá por encima de los niveles previos al estallido del conflicto. Al menos durante varios meses.

El alto el fuego condicional de dos semanas alcanzado entre Washington y Teherán ha permitido que el dinero vuelva a fluir hacia la renta variable, alimentado por la esperanza de que las negociaciones en Pakistán pongan fin al conflicto.

Este pacto de mínimos, jaleado por la administración Trump, ha desactivado el botón del pánico en las mesas de contratación y ha devuelto el verde a los gráficos de índices y acciones, que han pasado en apenas unas horas del shock bélico a registrar un rally de alivio.

Sin embargo, la brecha entre este optimismo bursátil y el atasco real en el estrecho de Ormuz es abismal. Mientras los índices rebotan, el paso sigue sufriendo un infarto logístico que no se resuelve con retórica diplomática.

Los datos de seguimiento de buques de MarineTraffic son demoledores: sólo nueve barcos cruzaron el estrecho el jueves, una cifra ridícula frente a la media habitual de 140.

Hay unos 800 petroleros atrapados en la región; un tapón en una de las principales arterias energéticas del mundo que desmiente cualquier normalización inmediata de los precios del crudo.

En Schroders son tajantes: para que el mercado asuma que la crisis ha terminado, el tráfico marítimo debe dispararse hacia los 130 o 150 navíos.

El propio Donald Trump ha puesto voz a esta tensión denunciando que Irán permite el paso a cuentagotas, advirtiendo a los ayatolás contra cualquier intento de imponer peajes arbitrarios en el canal.

El daño, en cualquier caso, ya está hecho. El mercado energético refleja una herida profunda. El precio del petróleo Brent, la variante de referencia en Europa, todavía acumula un encarecimiento del 35% desde que comenzó el conflicto.

Y ello, a pesar de que esta semana, gracias a la tregua, ha descendido un 11%. Se trata de la mayor caída semanal desde junio de 2025.

El impacto es todavía más severo en el West Texas (WTI). La calidad estadounidense es todavía un 47% más cara que antes de que arrancasen las hostilidades. El incremento del gas natural TTF es del 36%.

Según estiman los analistas de Schroders, recuperar los diez millones de barriles diarios de producción suspendida y reparar las instalaciones saudíes —cuya capacidad sigue mermada en medio millón de barriles tras los ataques— llevará meses.

Con la oferta bajo mínimos y el transporte roto, el petróleo no regresará a corto plazo a los precios de febrero. Antes de que diese inicio la guerra en Irán, el Brent cotizaba en torno a los 72 dólares. Ahora cada barril vale unos 97.

A pesar de este frágil telón de fondo, el anuncio del alto el fuego ha servido para mejorar el ánimo en los mercados de renta variable.

Las bolsas pasaron de la conmoción bélica a la euforia, registrando subidas de hasta el 5% en la sesión del pasado miércoles, justo tras la tregua. Gracias a dichos ascensos, el golpe del conflicto en los índices bursátiles se ha reducido.

El MSCI All Country World —el índice que agrupa acciones de todo el planeta— limita sus pérdidas al 1,9% desde el estallido del conflicto en Oriente Próximo, un castigo leve que refleja el alivio generalizado. El MSCI World —que deja fuera a las cotizadas de países emergentes— se mueve en cifras similares.

Pero no todos los parqués remontan al mismo ritmo: Europa y Asia acaparan el grueso del daño.

El Dax alemán acumula un descenso del 5,6%; el Cac 40 francés, del 3,7%, y el FTSE 100 británico, del 2,8%. En el Viejo Continente brillan el FTSE Mib italiano, que ya ha superado los niveles previos a la guerra, y el Ibex 35 español, que está a un suspiro de lograrlo.

La bajada del selectivo nacional se limita al 0,85%. El tirón de esta semana (+3,69%) se suma al 4,48% y 0,53% de las dos anteriores. En la jornada de este viernes el avance ha sido del 0,55%, hasta los 18.204,3 puntos.

Las bolsas asiáticas no se libran. El Nikkei japonés (-3,3%), el Kospi surcoreano(-6,2%) y los índices chinos el Hang Seng (-2,8%) y el CSI 300 (-1,6%) padecen un correctivo al nivel europeo.

En Wall Street la situación es diferente. El S&P 500 acumula un descenso del 0,7% y el Dow Jones, del 1,9%, mientras que el super tecnológico Nasdaq 100 sube ya un 0,8%.

Sin embargo, este solaz bursátil tiene un reverso sombrío. Bank of America ya ha bautizado el impacto macroeconómico como una "estanflación moderada", revisando a la baja el crecimiento mundial al 3,1% y elevando la inflación global al 3,3%.

El alto el fuego ha evitado el pánico, pero la persistente inflación energética frena cualquier bajada inminente de los tipos de interés.

Según los expertos de Generali Investments, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) "no tiene ninguna prisa" por relajar su política mientras persista la presión inflacionista.

En Europa, el escenario es aún más tenso. La gestora ve muy posible que el Banco Central Europeo (BCE) ejecute una "subida de seguridad" preventiva de 25 puntos básicos para demostrar que no es complaciente frente al encarecimiento del crudo.

Este es el peaje invisible de la desescalada. El inversor ha evitado el impacto frontal de un petróleo a 120 dólares, o más, pero a cambio debe aceptar un escenario donde el coste de la energía seguirá siendo alto. Igual que los tipos de interés.