Funeral del comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria, Alireza Tangsiri, en Teherán.

Funeral del comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria, Alireza Tangsiri, en Teherán. Efe

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El petróleo corregirá rápido tras el fin de la guerra en Irán pero tardará meses en volver a los niveles previos al conflicto

Bancos y gestoras prevén que, pese a un ajuste inmediato tras un alto el fuego, el crudo seguirá encareciendo la energía durante bastante tiempo.

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Las claves

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El precio del petróleo Brent subió un 63% en marzo debido a la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, alcanzando los 118,35 dólares por barril.

Aunque se espera una corrección rápida tras un alto el fuego creíble, los expertos prevén que el barril se mantendrá por encima de los niveles previos al conflicto durante varios meses.

Factores como la reparación de infraestructuras, decisiones de la OPEP+ y la reposición de reservas estratégicas retrasarán la normalización completa de los precios.

Mientras el barril se mantenga elevado, los carburantes seguirán siendo costosos para transportistas, industria y familias, postergando una rebaja clara en la gasolina.

La guerra en Irán ha provocado la mayor sacudida del petróleo en casi cuatro décadas. El mercado descuenta que, cuando llegue un alto el fuego creíble, parte de esa subida se borrará con rapidez, pero los grandes bancos de inversión dan por hecho que el barril seguirá por encima de los niveles previos al conflicto durante varios meses.

En apenas un mes, el barril de Brent, referencia en Europa, se ha disparado un 63% por la guerra en Irán y el cierre al tráfico marítimo del estrecho de Ormuz, lo que supone su mayor subida mensual desde que este crudo es el referente europeo, en 1988.

El Brent cerró marzo en 118,35 dólares por barril, frente a los algo más de 72 dólares de finales de febrero.

El salto del 63% se explica por la guerra en Irán, que ha provocado el cierre de facto del estrecho de Ormuz y ha llevado a Washington a amenazar con atacar instalaciones energéticas si Teherán no reabre por completo esa ruta.

Durante las primeras semanas de ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán el barril llegó a rozar los 119,5 dólares.

En paralelo, el West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, cerró marzo con un avance del 51%, al pasar de 67 a más de 101 dólares por barril.

Detrás de esa escalada está la prima de guerra: el recargo que asumen los inversores mientras ven probable que el conflicto bélico se extienda en el tiempo.

En la práctica, el crudo sube en vertical cuando la guerra se recrudece y corrige con la misma rapidez en cuanto se abren huecos para la diplomacia y se reduce el miedo a un corte duradero de suministros.

Por eso, los analistas dan por hecho que la primera reacción a un alto el fuego creíble sería una corrección rápida.

Si se disipa el miedo a un cierre prolongado de Ormuz, el crudo puede devolver en cuestión de días buena parte de la subida de marzo, como ya se ha visto en las sesiones marcadas por rumores de tregua y de negociaciones entre Washington y Teherán.

A partir de ahí, el ajuste se vuelve mucho más lento. Una recopilación de previsiones de Reuters muestra cómo varios bancos de inversión han elevado sus estimaciones de precios del petróleo para 2026.

En Goldman Sachs creen que, sin conflicto, el Brent valdría unos 65 dólares. Sin embargo, sus nuevas previsiones para 2026 lo colocan bastante más arriba, entre los 80 y los 85 dólares de media.

Desde el banco de inversión han advertido de que un periodo prolongado de precios altos puede restar varias décimas al crecimiento mundial y mantener la inflación por encima de lo deseable durante más tiempo.

Los expertos de JPMorgan, por su parte, sitúan el barril todavía cerca de 100 dólares en el segundo trimestre y alrededor de 80 dólares a finales de año, incluso con un alto el fuego.

Otras firmas como HSBC, UBS o Macquarie manejan rangos similares, a menudo por encima de los 70 dólares, lo que refuerza la idea de que el retorno a los niveles previos al conflicto será gradual.

El mensaje de fondo es el mismo: lo que puede desaparecer rápido es la prima de guerra; la normalización completa del precio llevará bastante más tiempo.

Los informes coinciden en varios frenos a esa normalización. El primero es físico. Reparar infraestructuras dañadas en Irán y recuperar plenamente las exportaciones de crudo y derivados lleva tiempo, de modo que la oferta disponible seguirá limitada aun después de que cesen los bombardeos.

El segundo es político. La OPEP+, con Arabia Saudí y Rusia al frente, puede decidir mantener parte de la producción fuera del mercado para evitar un desplome de los precios cuando desaparezca el shock inicial de la guerra.

A ello se suma la necesidad de muchos países de reponer reservas estratégicas utilizadas durante la crisis y la posibilidad de que la demanda de combustible se mantenga firme si la economía mundial aguanta mejor de lo previsto.

En JPMorgan hablan de un impacto “secuencial” de la guerra en el suministro global, que se prolongaría incluso tras un alto el fuego precisamente por esos cuellos de botella.

Para la economía real, ese ajuste en dos tiempos implica que el alivio será parcial y escalonado.

Un alto el fuego creíble contribuiría a abaratar el crudo y a rebajar algo la factura energética, pero las previsiones de Goldman Sachs, JPMorgan y el resto de grandes casas apuntan a un petróleo aún elevado durante buena parte de 2026.

Con un barril claramente por encima de 70 dólares, los expertos dan por hecho que carburantes como la gasolina y el diésel seguirán siendo una losa para transportistas, aerolíneas o industria, y que las familias tardarán en percibir una rebaja clara en la gasolinera.