Dos operadores beben champán en la Bolsa de Fráncfort.

Dos operadores beben champán en la Bolsa de Fráncfort. Reuters

Mercados

Las bolsas europeas baten a Wall Street con la mayor ventaja desde 2006 gracias a la caída del dólar

El dólar cerró 2025 con un desplome cercano al 9,4% frente al resto de principales divisas del mundo. Ha sido su peor año desde 2017.

Más información: Los bancos del Ibex 35 se disparan un 115% en 2025, el triple que la banca mundial, y ya pesan el 40,8% del índice

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Las claves

Las bolsas europeas han superado a Wall Street en 2025 con la mayor ventaja desde 2006, impulsadas por la caída del dólar y la recuperación del euro.

El Stoxx 600 subió un 32,5% en dólares, mientras que el S&P 500 avanzó un 17,2%, ampliando la brecha a favor de Europa.

La banca y las empresas de defensa lideraron las subidas en Europa, beneficiándose de un ciclo sectorial favorable y la apreciación del euro.

El debilitamiento del dólar se debió a los recortes de la Reserva Federal y a la mejora del sentimiento económico en Europa.

Las bolsas europeas han cerrado 2025 imponiéndose con claridad a Wall Street y firmando su mayor ventaja frente al mercado estadounidense desde 2006.

Tras años en los que el dólar había sido el gran aliado de los índices de Estados Unidos, el giro del billete verde y la recuperación del euro han inclinado por fin la balanza del lado del Viejo Continente.

En Europa, el Stoxx 600 -índice bursátil europeo que agrupa a 600 compañías grandes, medianas y pequeñas de la región- subió el pasado ejercicio un 16,8% en su versión en euros.

Los grandes selectivos nacionales también han firmado un 2025 muy sólido: el Ibex 35 se dispara cerca de un 50%, el FTSE MIB italiano ronda el 30%, el Dax alemán supera el 20% y el FTSE 100 británico y el CAC 40 francés avanzan también a doble dígito.

El Euro Stoxx 50 acompaña con una subida que ronda el 18%, lo que deja a la renta variable europea cerca de máximos históricos.

Al otro lado del Atlántico, Wall Street también ha vivido un buen año, pero sin el dominio aplastante de otros ejercicios.

La rentabilidad anual del S&P 500 se ha acercado al 17%, la del Nasdaq Composite ha superado el 20% y la del Dow Jones se ha quedado algo por debajo del 14%.

Visto en sus monedas locales, el balance de 2025 parece relativamente equilibrado entre Europa y Estados Unidos. Pero la fotografía cambia por completo cuando se comparan los índices en una misma divisa.

En dólares, el Stoxx 600 avanzó alrededor de un 32,5% en 2025, frente a un 17,2% del S&P 500. La brecha, de unos 15 puntos a favor del índice europeo es la mayor desde 2006.

Esa ventaja contrasta con años recientes en los que el mercado estadounidense ha sido el claro ganador: en 2013, 2014, 2018, 2020, 2021 o 2024, el S&P 500 batió con holgura al índice europeo.

Desde el año 2000 y manteniendo la comparación en dólares, Wall Street se ha impuesto la mayoría de los ejercicios al Stoxx 600, apoyado en el peso de las grandes tecnológicas, mayores crecimientos de beneficios y un dólar estructuralmente fuerte.

Europa sólo ha logrado victorias claras en ejercicios como 2006, 2007, 2009, 2012, 2017 o 2022.

La ventaja casi nunca ha tenido la intensidad de la de 2025, lo que subraya el carácter excepcional del año. La clave de este cambio de guion está en la divisa.

El dólar y el euro

El índice dólar –que mide la fuerza de la divisa estadounidense frente a las principales monedas del mundo– ha cerrado 2025 con una caída cercana al 9,4%. Ha sido su peor año desde 2017.

Esa corrección erosiona la rentabilidad de los activos estadounidenses cuando se miden en moneda común y, al mismo tiempo, amplifica el avance de la bolsa europea en términos comparables.

Detrás de este giro del dólar confluyen varios factores. El primero de ellos son los recortes de tipos ejecutados por la Reserva Federal en 2025, que han dado por cerrado el ciclo de endurecimiento monetario en Estados Unidos y han reducido el atractivo del dólar como activo refugio.

Tras años en los que los rendimientos norteamericanos superaban claramente a los europeos, la brecha se ha estrechado y los inversores han empezado a buscar alternativas fuera del billete verde.

Por otro lado, la mejora del sentimiento sobre la economía europea tras el shock energético y el menor temor a una recesión profunda han favorecido flujos hacia la renta variable del continente, restando algo de prima de refugio a Estados Unidos.

La política también ha sumado ruido. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reavivado el debate sobre si Washington está ahora más cómodo con un dólar algo más débil, en línea con una agenda industrial y comercial que busca mejorar la competitividad exterior de la economía estadounidense.

Al mismo tiempo, los anuncios y rectificaciones sobre nuevos aranceles, la amenaza de guerras comerciales y una estrategia económica percibida como más errática han deteriorado en varios momentos del año la confianza de los mercados en los activos de Estados Unidos.

En el otro lado de la ecuación, el euro se ha apreciado alrededor de un 13,3% frente al dólar en 2025. Al contrario de lo que ocurre con la divisa estadounidense, es su mejor comportamiento anual desde 2017.

Para un inversor europeo, esa revalorización implica que la rentabilidad del S&P 500 en dólares se desinfla al traducirla a euros, mientras que la del Stoxx 600, denominada ya en la divisa doméstica, no sufre ese ajuste.

De ahí que la ventaja de Europa sobre Wall Street en 2025 sólo se entienda plenamente al incorporar el efecto divisa y no tanto como un sorpasso estructural en crecimiento de beneficios o calidad de las compañías.

Quién tira de Europa

El rally europeo de 2025 se apoya especialmente en la banca. Dentro del Stoxx 600, las entidades encabezan las subidas: la rentabilidad anual supera el 60%.

Le siguen las compañías relacionadas con la defensa, que avanzan en torno a un 58%.

Recursos básicos, utilities, aseguradoras, construcción y materiales también han registrado revalorizaciones a doble dígito.

Son, en buena medida, sectores cíclicos y financieros que se benefician de unos tipos de interés aún elevados, de la normalización del ciclo económico europeo y de la reducción de los temores a una crisis energética prolongada.

La victoria de Europa, por tanto, se asienta en un ciclo sectorial favorable a Europa y un giro brusco de las divisas que penaliza a Estados Unidos.

La gran incógnita que deja el año es si este episodio será un paréntesis en la hegemonía estadounidense o el inicio de una etapa en la que Europa recupere parte del terreno perdido.