Los huevos son el alimento que más ha aumentado su precio.

Los huevos son el alimento que más ha aumentado su precio. iStock

Macroeconomía

El IPC de junio se ceba con la cesta de la compra: los huevos se disparan un 14,1% y la carne de vacuno un 11%

La alimentación sigue siendo donde más se percibe el aumento de precios.

La inflación sigue por cuarto mes consecutivo por encima del 3%.

Más información: PayPal se dispara un 20% en Bolsa tras la oferta de Stripe y Advent para comprarla por 53.000 millones de dólares

Publicada
Las claves

Las claves

El precio de los huevos subió un 14,1% en junio respecto al año anterior, encabezando las alzas en la cesta de la compra.

La carne de vacuno se encareció un 11% y el pescado un 8,8%, mientras que las legumbres y la carne de ovino también registraron subidas.

Aunque la inflación general se mantiene estable en el 3,2%, los alimentos básicos siguen experimentando aumentos muy superiores a la media.

El fin de las medidas fiscales excepcionales y la subida del IVA de la electricidad y gas han influido en la persistencia de los precios altos.

Huevos, carne de vacuno y pescado son los productos que más han subido en la cesta de la compra.

Así se refleja en los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que elevan el precio de los huevos un 14,1%.

Quien haya ido al supermercado en las últimas semanas probablemente lo haya notado. Preparar una tortilla cuesta más que hace un año.

Aunque la inflación general se mantuvo en el 3,2% en junio, algunos alimentos básicos siguen registrando subidas de dos dígitos que golpean de lleno el bolsillo de las familias.

Los resultados presentados por el INE muestran que los huevos lideran un mes más el encarecimiento de los alimentos.

Su precio se disparó un 14,1% con respecto al mes de junio del año pasado, registrando la mayor subida entre los principales productos de alimentación.

Tras ellos se sitúan otros productos muy habituales en la dieta diaria de las familias españolas.

La carne de vacuno se encareció un 11% en tasa anual, mientras que el pescado subió un 8,8%, las legumbres un 4,8% y la carne de ovino, un 6,8%.

Unas cifras que contrastan con el mensaje de estabilidad que transmite el Gobierno respecto a la evolución de los precios.

El organismo público ha confirmado que la inflación se mantuvo estable durante este mes de junio en el 3,2%.

Aunque el dato refleja una relativa contención respecto a los máximos registrados durante la crisis energética, también supone el cuarto mes consecutivo por encima del umbral del 3%.

Esta resistencia de los precios a moderarse responde, en parte, al fin de algunas de las medidas extraordinarias aprobadas para hacer frente al impacto de la inflación durante la crisis energética.

Desde el pasado 1 de junio, el IVA de la electricidad y del gas volvió al tipo general del 21%, mientras que el impuesto especial sobre la electricidad recuperó también su nivel habitual.

La retirada de estos alivios fiscales ha vuelto a situar en el centro del debate la eficacia de las políticas destinadas a contener el coste de la vida.

Porque más allá del dato agregado del IPC, la evolución de los precios sigue siendo muy desigual entre sectores y productos.

Es precisamente en esa diferencia donde se encuentra una de las claves para entender la percepción de los consumidores.

Pues, aunque la inflación general avance a un ritmo moderado, los alimentos y otros bienes esenciales continúan acumulando incrementos significativos.

Y son esos productos, presentes en las compras semanales, los que terminan marcando la sensación real de encarecimiento.

Según los datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), una cesta tipo alcanzó en junio los 318,06 euros, casi dos euros más que el mes anterior.

Un incremento que, aunque puede parecer equilibrado, confirma que la desaceleración de la inflación no implica necesariamente una reducción de los precios.

Los datos de junio vuelven a evidenciar esa realidad. Mientras la inflación general apenas varía, alimentos tan cotidianos como el pescado registran aumentos muy superiores a la media.

Se trata de productos básicos cuya demanda apenas puede reducirse, por lo que su encarecimiento tiene un efecto inmediato sobre el gasto mensual de las familias.

Pese a que la inflación ya no se encuentra en los niveles de emergencia de años anteriores, el coste de muchos bienes, tan esenciales como la comida, sigue creciendo a un ritmo suficiente para impedir que buena parte de los hogares recupere el poder adquisitivo perdido durante los últimos años.