Un escáner cerebral que muestra la progresión de la esclerosis múltiple.

Un escáner cerebral que muestra la progresión de la esclerosis múltiple. BSIP Getty Images

Observatorio de la sanidad

Más cerca del origen de la esclerosis múltiple: observan cómo el virus Epstein-Barr dispara la respuesta inmune

Los linfocitos T duplican su actividad en personas con la enfermedad.

El hallazgo abre la puerta a potenciales terapias y vacunas.

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Las claves

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Un nuevo estudio revela cómo el virus de Epstein-Barr activa la respuesta inmune implicada en la esclerosis múltiple, especialmente en la destrucción de la mielina.

Los linfocitos T CD4+ de pacientes con esclerosis múltiple responden de forma mucho más intensa a proteínas del virus Epstein-Barr que en personas sanas.

La investigación sugiere que la interacción entre el reservorio del virus en linfocitos B y la respuesta inmunitaria es clave en la enfermedad.

Estos hallazgos refuerzan el potencial de las terapias dirigidas contra las células B y abren la puerta al desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos.

Hace cuatro años, una investigación relacionó el virus de Epstein-Barr con la esclerosis múltiple, una enfermedad neurológica que afecta a tres millones de personas en el mundo y a 55.000 en España.

El hallazgo produjo un vuelco en la visión de esta enfermedad degenerativa pero quedaban muchas preguntas por contestar. ¿Por qué un virus casi omnipresente provoca la enfermedad solo en un grupo reducido de personas? ¿Cómo logra hacerlo?

Una investigación publicada este miércoles en la revista Science Translational Medicine nos acerca un poco más a las respuestas y determina, por primera vez, parte del mecanismo que juega un papel en el deterioro de la mielina, la cubierta protectora de los nervios en cuya desaparición está el origen de la enfermedad.

Conocer su mecanismo permite avanzar en el desarrollo de futuras terapias y vacunas que frenen su avance.

Los investigadores, liderados por Kjetil Bjornevik, de la Escuela Chan de Medicina de la Universidad de Harvard, analizaron los linfocitos T CD4+ de personas con la enfermedad, un tipo de células inmunes que se ha visto que juega un papel en su desarrollo.

En pacientes con esclerosis no tratada, la respuesta de estos linfocitos ante componentes del virus Epstein-Barr (responsable de la mononucleosis o enfermedad del beso) se duplicaba respecto a los de personas sanas.

La interacción, además, era exclusiva de este microorganismo. Los linfocitos T no respondían de la misma manera frente a otros virus de la misma familia, sugiriendo un rol específico del Epstein-Barr en la inmunopatología de la enfermedad.

Una visión complementaria

Por otro lado, observaron cómo la destrucción selectiva de células B (otro tipo de células inmunes) que expresan una proteína concreta (CD20) lograba reducir la respuesta de los linfocitos T CD4+ frente al virus en dos grupos de pacientes con esclerosis múltiple (un total de 69 personas).

Ana Belén Caminero, jefa de Sección de Neurología del Complejo Asistencial de Ávila y coordinadora del Grupo de Estudios de Esclerosis Múltiple y Enfermedades Neuroinmunológicas Relacionadas de la Sociedad Española de Neurología, lo explica.

Una parte importante de la investigación sobre la relación entre el Epstein-Barr y la patología "se había centrado en el antígeno nuclear EBNA1, una proteína expresada durante la fase de latencia del virus y esencial para el mantenimiento del genoma viral en las células infectadas".

En declaraciones al Science Media Centre, apunta que el trabajo actual "aporta una visión complementaria al demostrar que una parte muy importante de la respuesta de los linfocitos T CD4+ frente al virus se dirige frente a proteínas estructurales del propio virión, especialmente proteínas de la cápside y glucoproteínas de la envoltura del virión, producidas durante la fase lítica o de replicación activa del virus".

Aunque no crea que el trabajo actual suponga un cambio de paradigma respecto a la enfermedad, sí es "una ampliación importante de nuestro conocimiento sobre la inmunología y la biología de la esclerosis múltiple".

Si bien no cambia la práctica asistencial, Caminero apunta que el trabajo "ofrece una explicación biológica adicional de por qué las terapias dirigidas frente a las células B han demostrado una eficacia tan notable en la esclerosis múltiple".

"Como clínicos, llevamos años comprobando la extraordinaria eficacia de las terapias dirigidas frente a las células B, especialmente los anticuerpos anti-CD20. Este estudio no demuestra que se deba al control del virus Epstein-Barr, pero refuerza la hipótesis de que la interacción entre el reservorio del virus en los linfocitos B y la respuesta inmunitaria podría constituir una pieza importante de la enfermedad y merece seguir investigándose".

Por su parte, Pablo Villoslada, jefe del Servicio de Neurología del Hospital del Mar (Barcelona), califica —en declaraciones al mismo portal— el trabajo de "excelente y de muy buena calidad".

"Este estudio muestra que, en los pacientes con esclerosis múltiple, sus linfocitos CD4 se activan en respuesta al virus de Epstein-Barr en su fase lítica (infecciosa) y no en la fase de latencia", cuando el virus se encuentra 'dormido' en el cuerpo.

La respuesta en fase lítica "puede sugerir una mayor memoria inmunológica contra el virus Epstein-Barr en las personas que después desarrollaron esclerosis múltiple. Además, los fármacos actuales frente a la esclerosis múltiple disminuyen esta respuesta, sugiriendo que este podría ser un mecanismo que media su eficacia".

Kjetil Bjornevik, que ha liderado este trabajo, también fue el primer autor del estudio que ha cambiado la forma de ver el origen de la esclerosis múltiple.

Virus y enfermedades degenerativas

A principios de 2022, él y su equipo publicaban en Science la conclusión de un seguimiento a lo largo de más de dos décadas de 10 millones de veteranos del ejército de Estados Unidos.

De los 995 casos de esclerosis múltiple detectados, 800 habían estado en contacto con el virus del Epstein-Barr. El riesgo de presentar esclerosis múltiple era 32 veces mayor en los que contrajeron la enfermedad del beso.

Además, observaron que solo tras la infección con este virus se observaba un incremento en las cadenas ligeras de filamentos, un biomarcador de la degeneración de la mielina típica de esta enfermedad.

El hallazgo causó un revuelo y revivió la teoría del origen vírico de las enfermedades degenerativas, como el párkinson, el alzhéimer o la esclerosis lateral amiotrófica.

Esta teoría señala cómo una infección y la presencia del virus en reservorios del cuerpo (lugares donde se mantiene 'dormido' e indetectable) puede generar una inflamación crónica de baja intensidad que va dañando el sistema nervioso.

Con todo, los virus solo jugarían un papel en el desarrollo de la enfermedad. La gran mayoría de personas que han contraído estos patógenos no las desarrollarán, por lo que hacen falta conocer otros factores y los mecanismos a través de los cuales se puede generar esta inflamación crónica dañina.

No obstante, hallazgos de este tipo permiten avanzar en nuevas formas de prevenir y combatir la enfermedad, desde vacunas que la eviten hasta tratamientos que la frenen.