Vista de un puesto con frutas y hortalizas en un mercado de Madrid.

Vista de un puesto con frutas y hortalizas en un mercado de Madrid. Efe

Macroeconomía

El doble golpe de los alimentos a las familias españolas: suben un 30% más y suponen mayor parte de la compra que en la UE

Fedea advierte del estancamiento de la inflación alimentaria en España, mientras que el coste de llenar la nevera marca un nuevo máximo.

Más información: La inflación tocará el 4% en 2026 por la guerra de Irán con los alimentos frescos disparados: subirán un 5,6%

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Las claves

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Los alimentos en España suben un 28,6% más que la media europea y suponen una mayor parte del gasto familiar que en el resto de la UE.

La inflación alimentaria en España se resiste a bajar, estabilizándose cerca del 6% en 2025, mientras Europa logra contener las subidas en torno al 3,9%.

Las familias españolas destinan un 15,5% de su presupuesto a la alimentación, por encima del 14,7% europeo, lo que incrementa su vulnerabilidad.

La cesta básica de 100 productos cuesta 320,78 euros al mes, el nivel más alto registrado, destacando los alimentos frescos como principales responsables de las subidas.

La cesta de la compra aprieta a los hogares españoles por una doble vía. Según los últimos datos de Eurostat, la inflación de los alimentos fue en marzo un 28,6% superior a la media europea.

A esta brecha en los precios se suma un problema de base. Las familias en España destinan una mayor porción de sus ingresos a comer, por lo que este encarecimiento penaliza mucho más su día a día.

Esta situación en el supermercado confirma las advertencias publicadas en el último informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que señala la anomalía española frente a la clara tendencia de moderación comunitaria.

Para comprender mejor la situación actual, es indispensable observar la trayectoria de la crisis inflacionaria que tuvo lugar tras la invasión rusa de Ucrania.

A principios de 2023, en el momento de mayor tensión de precios, España logró amortiguar el impacto inicial mejor que sus vecinos europeos.

Tomando como referencia las cifras del organismo estadístico europeo, el pico máximo de la inflación general de los alimentos en nuestro país se situó en el 16,7% en febrero de ese año.

El porcentaje es casi tres puntos inferior al 19,5% que llegó a registrar la media de la Unión Europea (UE) un mes después.

En el caso específico de los alimentos frescos, la contención también fue mayor, marcando un máximo español del 15,1% frente al 16,6% europeo.

Sin embargo, el verdadero problema actual reside en la dificultad para mantener ese descenso. Hemos pasado de absorber mejor el primer impacto a quedarnos atascados, mientras que el resto de Europa normaliza sus precios con mayor celeridad.

El propio informe de Fedea es taxativo al respecto. Tras la normalización de los precios de la energía, los precios de los alimentos "muestran una preocupante resistencia a la baja, especialmente en España, donde la inflación alimentaria parece haberse estabilizado en torno al 6% durante el último año".

Un vistazo a la estadística europea confirma esta advertencia. Durante todo 2025, los alimentos frescos se enquistaron en España en niveles altísimos. Registraron una inflación media superior al 6,1%. Llegaron a tocar picos del 7,6% en los meses previos al verano.

Europa, mientras tanto, ya lograba embridar el problema. El promedio comunitario cerró ese mismo año con una subida mucho más contenida, estancada en el 3,9%.

Los últimos datos, los del pasado marzo, muestran una evidente moderación respecto a ese doloroso 2025. Sin embargo, certifican que el castigo continúa.

La inflación general de la alimentación en España se moderó al 2,7% en marzo. Aun así, sigue seis décimas por encima del 2,1% del promedio de la UE.

Este desfase penaliza también la compra diaria más básica, los alimentos frescos —no procesados—, que aunque han logrado relajar su subida interanual hasta el 4,6% en España, pierden la batalla frente a una media europea que ha caído más deprisa, hasta el 4,1%.

Compramos más

A esta evolución divergente de los precios se suma un componente estructural crítico revelado por las estadísticas de ponderación de gasto de Eurostat. La vulnerabilidad de las familias españolas es superior porque arrastran una dependencia excesiva de su gasto alimentario.

En 2021, la comida llegó a absorber un altísimo 21,4% del presupuesto español, frente al 16,4% europeo.

Hoy, ese esfuerzo se ha moderado al 15,5% (155 euros de cada 1.000), pero sigue superando el 14,7% comunitario.

La misma losa pesa sobre los productos frescos. Su impacto ha caído al 6,5% en 2026. Pero todavía exigen un punto más de sacrificio económico que en Europa (5,5%).

Toda esta alerta macroeconómica se refleja al pasar por la caja del supermercado. Según el Observatorio de la OCU, llenar su cesta básica de 100 productos cuesta ya 320,78 euros al mes.

Se trata del importe más alto desde que la organización comenzó este registro en junio de 2024, tras encarecerse un 1,53% solo en marzo.

Los principales culpables son los frescos: la ensalada de bolsa lidera las subidas mensuales (+22,4%), junto a cebollas y pimientos (+10%) o el entrecot de vacuno (+6%).

Las pequeñas bajadas en productos como el chocolate o el café resultan insuficientes para aliviar un ticket instalado en niveles máximos.

El mapa europeo de la inflación muestra, no obstante, realidades muy dispares en función de la geografía. En este escenario, España se sitúa en la mitad alta de la tabla, ocupando el décimo lugar entre los socios comunitarios más castigados.

Rumanía lidera las subidas de la cesta de la compra con un 7,3%, seguida muy de cerca por Chipre (6,5%) y Grecia (4,4%).

En el extremo opuesto, algunos países no sólo han embridado los precios de los alimentos, sino que ya disfrutan de claros abaratamientos en la comida al registrar tasas negativas. Es el caso de Hungría (-4,1%), República Checa (-1,4%) o Bélgica (-1,1%).