Dos jubilados en una foto de archivo.

Dos jubilados en una foto de archivo. Efe

Macroeconomía

El envejecimiento reducirá 0,7 puntos anuales el nivel de vida en España hasta 2050 y obliga a disparar la productividad

Según los datos del INE, a mitad de siglo cerca de un tercio de la población tendrá 65 años o más. En la actualidad, ese porcentaje ronda el 21%.

Más información: El FMI avisa que España es el cuarto país avanzado que mayor esfuerzo tendrá que hacer para pagar las pensiones hasta 2050.

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Las claves

El envejecimiento de la población restará 0,7 puntos anuales al crecimiento del nivel de vida en España hasta 2050, según el Instituto Santalucía.

El dividendo demográfico, que antes impulsaba el PIB per cápita, pasará a ser un lastre debido al aumento de jubilados y la baja natalidad.

Para mantener el ritmo de crecimiento de la renta media, España necesitaría elevar en 1,4 puntos la tasa de crecimiento de la productividad, un objetivo sin precedentes recientes.

El informe propone la inmigración, la gestión del talento intergeneracional y la jubilación flexible como vías para afrontar el reto demográfico y laboral.

El envejecimiento de la población restará 0,7 puntos al crecimiento del nivel de vida de los españoles cada año hasta 2050 y obligará a dar un salto inédito en la productividad si se quiere evitar un estancamiento prolongado del país.

Según el informe Demografía y productividad del Instituto Santalucía, el dividendo demográfico —el efecto que tiene sobre la renta media el hecho de contar con muchos trabajadores y pocos mayores y niños— dejará de ser un aliado para convertirse en un lastre.

Así, pasará de aportar 0,7 puntos anuales al PIB per cápita de España, como hacía en los años del baby boom, a restar 0,7 puntos porcentuales hasta mediados de siglo.

Para compensar ese cambio y mantener la tasa de crecimiento de la renta media por habitante en niveles similares a los registrados entre 1980 y 2000, el estudio calcula que España necesitaría elevar en 1,4 puntos porcentuales la tasa de crecimiento de la productividad.

Además, se deberán mantener constantes las horas trabajadas.

Según la Contabilidad Nacional del INE, la productividad por puesto de trabajo equivalente a tiempo completo ha oscilado recientemente entre descensos del 0,7% y aumentos del 1,1% interanual.

Estas variaciones muestran que lograr un incremento sostenido de 1,4 puntos porcentuales es un objetivo sin precedentes recientes en España.

Un país envejecido

Una parte importante de esta dificultad tiene que ver con el cambio demográfico.

Durante las décadas de 1980 y 1990, la demografía jugaba a favor. Había más población en edad de trabajar y menos jubilados, de modo que esta impulsaba el PIB per cápita casi de forma automática.

Hoy el escenario es justo el contrario: la salida masiva de los baby boomers del mercado laboral y la baja natalidad convierten ese impulso en un freno que resta crecimiento año tras año.

Las proyecciones del INE ponen cifras a ese cambio demográfico. Según sus escenarios de población, alrededor del 30% de los residentes en España tendrá 65 años o más hacia 2050, frente a algo más de una quinta parte en la actualidad.

A su vez, la población en edad de trabajar caerá hasta poco más de la mitad del total.

Y la tasa de dependencia de los mayores —que mide las personas de más de 65 años por cada 100 en edad de trabajar— avanza hacia niveles de algo por encima de 50 mayores por cada 100 potenciales trabajadores a mediados de siglo.

España se encamina así a situarse entre los países más envejecidos del mundo, con una elevada proporción de mayores de 60 años y una presión creciente sobre pensiones, sanidad y capacidad de crecimiento.

El Instituto Santalucía insiste en que el dividendo demográfico no es un tecnicismo, sino un factor que influye de forma directa en el nivel de vida de la población.

'Mordisco' al nivel de vida

Cuando aumenta el peso de los jubilados y se reduce el de los ocupados, empeora la ratio entre trabajadores y población total y esa rémora se traduce en menos avance del nivel de vida, incluso si cada empleado produce lo mismo que antes.

Por eso, el informe habla de un mordisco promedio de −0,7 puntos anuales entre 2025 y 2050, frente a las décadas en las que la demografía aportaba un extra de +0,7 puntos al crecimiento del PIB per cápita.

La respuesta pasa principalmente por la productividad. El mismo estudio calcula que, para conservar el ritmo de aumento del PIB per cápita que se vio entre 1980 y 2000, España tendría que lograr 1,4 puntos adicionales de crecimiento anual de la productividad.

Es un salto muy ambicioso para una economía acostumbrada a avances modestos en este terreno.

Para hacer ese cálculo del 1,4%, el Instituto Santa Lucía parte de la hipótesis de que cada aumento de un punto porcentual en la proporción de población mayor de 60 años reduce en torno a un 0,21% el crecimiento de la productividad laboral.

Estudios de CaixaBank Research y del Banco de España apuntan en la misma dirección y sitúan ese impacto en torno a dos décimas, lo que refuerza la magnitud del problema.

Ese impacto no es sólo teórico: el cambio demográfico ya se está traduciendo en una crisis de relevo generacional.

Las altas por jubilación han pasado de unas 200.000 al año a principios de siglo a más de 300.000 en la actualidad, reflejando la salida progresiva de las cohortes del baby boom del mercado laboral.

Según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el número de pensiones de jubilación ha pasado de unos 5,7 millones en 2015 a más de 6,6 millones en 2025. En una década, el número de beneficiarios ha aumentado en casi un millón.

La natalidad insuficiente hace que no haya suficientes jóvenes para reemplazar esas bajas, y la falta de perfiles acordes a las necesidades de las empresas empieza a aparecer de forma recurrente como uno de los principales límites a la actividad de las compañías.

Algunos sectores concentran especialmente el problema. La Administración Pública, el transporte o las industrias extractivas acumulan plantillas envejecidas, con un peso muy reducido de menores de 35 años.

En el sector público, menos del 15% de los empleados pertenece a esa franja, lo que anticipa una ola de jubilaciones que obligará a rediseñar ofertas de empleo, procesos selectivos y sistemas de carrera profesional para evitar cuellos de botella.

Inmigración, talento y jubilación flexible

El informe del Instituto Santalucía no se limita a describir el problema demográfico, también apunta vías de salida.

A corto plazo, la inmigración se presenta como la única forma realista de sostener el tamaño y la edad media de la fuerza laboral en un contexto en el que el crecimiento natural de la población es negativo.

Sin entradas suficientes de población en edad de trabajar, el coste del ajuste recae casi por completo sobre quienes ya están dentro del mercado laboral y sobre las cuentas públicas.

A medio plazo, señala el informe, la clave pasa por cómo se gestiona el talento dentro de empresas y administraciones.

El estudio propone impulsar programas de intercambio de conocimientos entre generaciones, en los que los trabajadores jóvenes aportan competencias digitales y nuevas formas de trabajar mientras los sénior transmiten experiencia y conocimiento del negocio.

También aboga por impulsar la jubilación flexible y la formación continua, de forma que la vida laboral pueda alargarse en buenas condiciones y la empleabilidad se mantenga en todas las etapas.