Personal sanitario trabaja en la Unidad de Terapias Avanzadas, este miércoles en el hospital de la localidad cántabra de Liencres.

Personal sanitario trabaja en la Unidad de Terapias Avanzadas, este miércoles en el hospital de la localidad cántabra de Liencres. Efe

Macroeconomía

Las CCAA tienen poco margen para ganar productividad pese a que España crea empleo más estable y cualificado

El 70% de los nuevos trabajos en España son para titulados universitarios: sanidad y tecnología lideran el crecimiento.

Más información: Seis CCAA crecen más que España desde la Covid-19 con Madrid a la cabeza

Publicada

Las claves

España ha reducido la temporalidad laboral y creado empleo más estable y cualificado gracias a la reforma de 2021.

La mayoría de las comunidades autónomas españolas apenas mejoran en productividad y se mantienen en la zona media europea.

Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia tienen más opciones de mejorar su productividad por su concentración de actividad y economías de aglomeración.

El principal obstáculo para la productividad es la calidad institucional, con servicios públicos y gobernanza por detrás de regiones europeas avanzadas.

Mientras el empleo en España se vuelve más fijo y más cualificado, la productividad de la mayoría de comunidades autónomas apenas cambia. Y las perspectivas de que esta situación mejore no son muy halagüeñas.

Es la paradoja que señala el informe de enero de CaixaBank Research que trata las claves de la productividad europea: el talento despega, la eficiencia se queda atrás.

Durante años, el mercado laboral español fue símbolo de temporalidad y precariedad. Hoy la imagen es algo más distinta. La tasa de contratos temporales ha bajado del 26,6% registrado antes de la pandemia al 15,4% de 2025.

El dato español se acerca al de Europa, que es del 13,5%. El cambio es un movimiento amplio: la temporalidad cae en la industria, en los servicios, en el comercio y en la hostelería.

Es el efecto directo de la reforma laboral de 2021, que ha reducido al mínimo el uso de contratos temporales y ha generalizado los indefinidos y los fijos discontinuos, de acuerdo con los economistas de CaixaBank Research.

Así, España encadena por primera vez un ciclo de crecimiento en el que el empleo es, en conjunto, mucho más estable.

Al mismo tiempo, el perfil de los nuevos trabajadores ha cambiado. Más del 70% del aumento del empleo entre 2019 y 2025 corresponde a personas con estudios universitarios o equivalentes. Nunca antes el crecimiento se había apoyado tanto en titulados superiores.

El empleo nuevo se concentra en sanidad, actividades profesionales y científicas y tecnología.

Frente al ciclo posterior a la crisis financiera, cuando el tirón venía de la hostelería, el comercio y otros sectores de salarios bajos, hoy la mayor parte de los nuevos puestos nace en actividades mejor pagadas, con más contenido tecnológico y más recorrido de carrera.

CCAA y productividad

Si se miran las comunidades autónomas, la fotografía es mucho menos brillante. La mayoría se sitúa en la zona media de la clasificación europea de productividad.

Sólo el País Vasco se sitúa claramente por encima de esa franja. Al mismo tiempo, Murcia figura entre las regiones con menor productividad, según el servicio de estudios de la entidad.

Lo más llamativo es la estabilidad del ranking. En las dos últimas décadas casi nada se mueve. Sólo Cantabria, Navarra, Madrid y País Vasco han logrado subir un peldaño.

No hay grandes saltos ni historias de convergencia como las que protagonizan algunas regiones de Alemania o Austria.

El diagnóstico de CaixaBank Research es claro: con el tejido productivo y las instituciones actuales, la mayoría de comunidades tiene muy pocas opciones de escalar en esa tabla.

Son cuatro las regiones que tienen una probabilidad elevada de mejorar de forma significativa. Se trata de Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia.

¿Qué distingue a estas comunidades del resto? Primero, la concentración de actividad. Madrid y Barcelona concentran población, empresas, universidades, centros de investigación y servicios avanzados en torno a unos pocos núcleos muy potentes.

Esa acumulación crea lo que los economistas llaman economías de aglomeración: más clientes y proveedores cerca, más contactos profesionales y más ideas circulando en poco espacio.

En estas regiones hay más empresas medianas y grandes, más industria y más servicios avanzados —consultorías, ingeniería, I+D, tecnología— que dependen de profesionales muy formados.

Otra razón es el “efecto frontera”. Algunas regiones, como la Comunidad Valenciana, se benefician de su cercanía a Cataluña y Madrid.

Parte de su actividad se integra en cadenas de valor que pasan por esos polos, lo que les permite aprovechar inversiones y conocimiento que se generan fuera de su territorio.

En buena parte del resto del mapa la película es distinta. Galicia, Asturias, Castilla y León, Aragón, La Rioja, Baleares, Canarias, Andalucía, Castilla‑La Mancha o Extremadura han ganado empleo, estabilidad y nivel formativo, pero su productividad apenas avanza.

En estas comunidades mandan las microempresas: negocios muy pequeños, con pocos empleados y márgenes ajustados, que tienen mucha más dificultad para invertir en digitalización, salir al exterior o hacer innovación. La geografía también pesa. En la llamada España vaciada, las distancias son largas y las ciudades pequeñas.

Eso reduce las economías de aglomeración, encarece los servicios y dificulta atraer talento especializado. Muchos titulados terminan emigrando a los grandes polos urbanos o aceptando trabajos por debajo de su cualificación.

Las instituciones

El gran cuello de botella son las instituciones. Por encima de todo, los economistas de CaixaBank ponen el foco en la calidad de las instituciones.

Desde la entidad subrayan que los servicios públicos y la forma de gobernar de las comunidades autónomas españolas siguen por detrás de las regiones europeas más avanzadas.

No se trata sólo de niveles de gasto, sino de cómo se gestionan la regulación, la justicia, la formación o la innovación. Instituciones más lentas y menos eficaces significan más burocracia, más incertidumbre y menos apoyo real a las empresas que quieren crecer.

España ha mejorado el combustible —empleo y talento—, pero el motor institucional sigue sin estar a la altura.