Un camarero pone los calefactores en una terraza en Sevilla, en una imagen de archivo.

Un camarero pone los calefactores en una terraza en Sevilla, en una imagen de archivo. Europa Press.

Economía

Los trabajadores se empobrecen desde 2018: se duplican los que no pueden calentar la casa y un 47% más paga tarde los recibos

En los últimos 7 años ha aumentado el porcentaje de personas que, teniendo empleo, no puede comer pescado cada dos días o afrontar imprevistos.

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Las claves

Desde 2018 se ha duplicado el número de trabajadores que no puede calentar su casa, pasando del 6% al 14,1%.

El 47% más de trabajadores paga tarde los recibos del hogar y el 32,7% no puede afrontar imprevistos económicos.

El coste de vida ha subido un 22,15% desde 2020, mientras que los salarios solo aumentaron un 17,84%, reduciendo el poder adquisitivo.

El precio de la vivienda en propiedad subió un 45% y el alquiler un 35% en los últimos cinco años, impulsando el alquiler de habitaciones, cuyo precio se disparó un 50% en el último año.

La economía española, que lleva cinco años consecutivos creciendo y cerró 2025 con un avance del 2,8%, da, sin embargo, pocas alegrías a los trabajadores, que son ahora más pobres que hace siete años.

Desde 2018, cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, se ha disparado un 130% el volumen de trabajadores que no puede calentar su casa en invierno: entonces esta circunstancia golpeaba al 6% de ocupados; ahora la sufren el 14,1%.

El dato, extraído de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, convive con otros indicadores que han empeorado considerablemente en este tiempo para quienes tienen empleo y se ven, pese a la nómina, más afectados por carencias materiales.

Por ejemplo, ha aumentado un 47% el porcentaje de trabajadores que ha pagado con retraso recibos relacionados con la vivienda, desde facturas al gas a cuotas de hipoteca. Esto le sucedía el 6,8% de los ocupados en 2018, ahora le pasa al 10%.

Tener un salario también ya es menor garantía de que se puedan afrontar imprevistos (el 28,4% de los trabajadores no podía asumirlos en 2018, mientras que ahora son el 32,7%) y, aunque con una incidencia bastante menor, resulta llamativo el dato de quienes ni siquiera con trabajo pueden comer carne o pescado cada dos días.

Éstos han pasado de ser el 2,2% de los ocupados al 4,4%; el doble en siete años. La lista de carencias no termina con estas cuestiones, también hay problemas cuando llega la hora de gastar en cuestiones personales.

Por ejemplo: los trabajadores que no pueden gastar en ocio han pasado del 8,2% hace siete años al 11,6% en 2025, y un 13% asegura que no puede permitirse gastar una pequeña cantidad de dinero en sí mismo (era el 7,7% en 2018).

Inflación

La evolución de estos indicadores confirma la percepción de muchos asalariados de que su nómina ha ido dando para cada vez menos en los últimos años.

Los datos reflejan que la situación se ha complicado agresivamente desde la pandemia. Es entonces cuando la brecha se dispara: entre 2020 y 2025, los precios han aumentado un 22,15% y los salarios pactados en convenio un 17,84%.

Es decir, el coste de vida ha sido 4,3 puntos superior al avance de los salarios en ese periodo, generando como consecuencia una pérdida del poder adquisitivo.

Las mayores subidas se han dado en transporte (21,3%), alimentación (20%) y vivienda, electricidad, agua (16,7%), en lo referido a básicos. Las salidas a restaurantes y hoteles se han disparado un 30% y el ocio, un 11,2%.

Con estos mimbres, los trabajadores con salarios más modestos se han visto, lógicamente, más golpeados al no poder recortar en cuestiones tan esenciales como la alimentación o la vivienda.

Resistencia

La única alternativa ha sido resistir. Sobre todo en los supermercados, donde las subidas de básicos como el huevo vienen de marcar récord de encarecimiento en lo que va de siglo.

También sucede lo mismo con la ternera, café o frutos secos, que en 2025 adquirieron una velocidad no vista desde que hay registros: los huevos se han vuelto un 31,3% más caros en sólo un año; la ternera, un 17,2%; el café, un 16,3% y los frutos secos, un 7%.

Con estas subidas, que se suman a un rally iniciado en 2022 con la invasión rusa de Ucrania, que disparó costes, la OCU argumenta que comer de acuerdo a los cánones de la dieta mediterránea tiene ya un sobrecoste del 20% frente a una cesta de la compra que se base en alimentos ultraprocesados.

Otro punto que se ha vuelto especialmente cuesta arriba para los trabajadores es la vivienda. Los precios han subido un 45% en los últimos cinco años para compra de vivienda, tanto nueva como de segunda mano, según el INE.

También ha subido de forma espectacular el alquiler, hasta un 35% desde entonces, de acuerdo con los análisis de plataformas como Idealista o Fotocasa.

Alquilar un piso de unos 80 metros cuadrados cuesta de media 1.200 euros al mes en nuestro país, algo inviable para quienes perciban el salario mínimo o el más frecuente, que oscila entre los 15.574,85 euros y los 19.500 euros para cerca del 10% de los trabajadores.

Detrás de ello está buena parte del boom que está viviendo el alquiler de habitaciones, cuyo precio se ha disparado un 50% solo durante el año pasado: de media cuesta 425 euros al mes en nuestro país.

Aunque este precio también es dispar a lo largo de la geografía española. Barcelona sigue siendo la ciudad más cara, con unos 600 euros. Le siguen Madrid y Palma. Alquilar allí una habitación sale de media por 575 euros y 525 euros, respectivamente.