Imagen de Food 4 Future - Expo Foodtech 2026, en Bilbao.

Imagen de Food 4 Future - Expo Foodtech 2026, en Bilbao.

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Bilbao constata que la industria alimentaria ya compite con el consumo, la tecnología y el origen a la vez

Food 4 Future reúne en su sexta edición a grandes directivos de gran consumo y tecnología para mostrar cómo la salud, la digitalización, la IA y la trazabilidad están reescribiendo el negocio alimentario.

Más información: Sergi Fabregat (Food 4 Future): "Este el momento de construir ecosistemas alimentarios inteligentes"

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Las claves

Las claves

La industria alimentaria en Bilbao afronta una transformación acelerada, compitiendo con factores como el consumo, la tecnología y el origen de los productos.

Los hábitos de consumo han cambiado: los consumidores priorizan la conveniencia, la calidad, la sostenibilidad y la salud, aunque esta última ya no es un argumento diferencial de venta.

Las empresas del sector adaptan sus estrategias y estructuras para responder con agilidad a un entorno cambiante, impulsadas por la digitalización y la innovación tecnológica.

Soluciones como los gemelos digitales, la automatización y la inteligencia artificial están siendo aplicadas para mejorar la producción, la sostenibilidad y la eficiencia en la industria alimentaria.

Que se come bien en Bilbao es un hecho innegable, aunque este humilde escribano no haya tenido ocasión esta vez de degustar sus tapas en el Casco Viejo. Pero incluso ahí, en la zona que mejor resguarda la tradición culinaria vasca, podríamos constatar cómo la alimentación está cambiando a pasos agigantados, desde el propio producto a la propuesta comercial; de la cadena de suministro que lo soporta hasta las implicaciones de sostenibilidad que traen asociadas cualquier alimento.

Elevando esta anécdota, personal e imaginaria, a un plano más holístico, es evidente que la industria agroalimentaria se enfrenta en los últimos años a una de las revoluciones de mayor calado en la historia. Por un lado, la amenaza de un crecimiento demográfico global que nos deje sin capacidad de proporcionar proteínas a toda la población; por otro, los principales mercados que se vuelven más envejecidos y con patrones de consumo más individualizados y orientados a la comida lista para comer. Del interés por lo local y de proximidad, mientras se tiene el otro ojo puesto en la salud y cómo interrelacionar lo que comemos con vivir más y mejor.

Premisas o prejuicios de partida que se han constatado en Food 4 Future, el evento que ha congregado en Bilbao a lo más granado de este sector en España. Una cita en la que las grandes multinacionales de la alimentación y el gran consumo se sientan junto a las tecnológicas industriales más pujantes, muy cerca de los analistas de mercado y responsables de packaging y distribución.

Empecemos por el primer plato: los cambios de hábito de los consumidores, esto es, de todos nosotros, y sus implicaciones para los grandes proveedores del ecosistema. César Valencoso, Managing Partner de Vectis Advisors, reconoce que el gran consumo no cambia a saltos, sino por acumulación, por sedimentación, por ese lento desplazamiento de placas que solo se ve cuando alguien se molesta en mirar atrás.

Su diagnóstico es el antes mentado: el consumidor español es hoy más mayor, vive en hogares más pequeños, compra con más urgencia y se ha vuelto más exigente con una palabra que lo inunda todo: salud. Pero esa salud, que todos invocan, rara vez se traduce en la compra concreta. “Por salud se elige muy pocas veces y además es decreciente”, advirtió. La paradoja es elocuente: la salud pesa tanto que ya se ha convertido en una condición de entrada, como la seguridad alimentaria, y precisamente por eso deja de servir como argumento de venta.

Evidentemente, nadie compra una leche o una tortilla porque le prometan que no le hará daño; compra porque le resuelve algo, porque le ahorra tiempo, porque le ofrece placer o porque, simplemente, encaja en una vida desordenada.

Imagen de ambiente de Food 4 Future 2026, en Bilbao.

Imagen de ambiente de Food 4 Future 2026, en Bilbao. A.I.

En ese desorden encontramos, añade el analista, el movimiento hacia cenas más tempranas, menos comensales por mesa, la desaparición del viejo ritual de primer plato, segundo y postre, el auge de los consumos únicos, desplazamiento del postre fuera de la comida o la centralidad creciente de la conveniencia. El efecto de fondo es poderoso porque modifica la forma de producir, de innovar y de comunicar. Y, sobre todo, obliga a una revisión muy poco complaciente del foco comercial: el target más numeroso, el que más crece y el que más renta concentra no está en los jóvenes que han monopolizado tantos estudios y tanta inversión, sino en los mayores de 55 años. Y sin embargo, demasiadas marcas siguen proyectando su energía en la parte más visible pero no necesariamente más rentable del mercado.

Ese desajuste entre mirada y realidad daría, en sí mismo, una crónica entera.

La agilidad y el sentido común

Si el consumo cambia por sedimentación, las compañías únicamente pueden sobrevivir si aprenden a moverse con una agilidad que hace unos años habría parecido impropia de una multinacional. Marta González-Mesones, General Manager de Unilever España, defendió en F4F la mayor: la transformación ya no es una excepción, es una constante, y "una organización grande debe reasignar personas, recursos y prioridades casi de forma semanal o mensual". Y es que, ya es imposible obviar que la vieja estructura estanca, departamental y previsiblemente lenta deja de servir cuando el consumidor cambia más rápido que el ciclo interno de decisiones. Y cuando esas injerencias del contexto exterior tienen implicaciones a todos los niveles, incluso de comunicación o de concienciación del consumidor, como reconocía a renglón seguido Óscar Vicente, CEO de Angulas Aguinaga.

El panel de los principales CEO de la industria agroalimentaria española, en F4F 2026.

El panel de los principales CEO de la industria agroalimentaria española, en F4F 2026. A.I.

Llámenlo 'inteligencia operativa' o, simplemente, ser capaces de adaptarse a un medio cada vez más loco, cual fuese una ley dictada por el mismísimo Charles Darwin. la ejecutiva de Unilever no está sola en este camino:

A su vez, Antonella Sottero, General Manager de Ferrero Ibérica, fue por una vía complementaria, casi filosófica, algo manida quizás. El cambio, recordó, ya no puede pensarse como una excepción porque es la nueva realidad. La velocidad del cambio, alimentada por digitalización, inteligencia artificial, hiperconectividad y eventos geopolíticos, ha modificado también la ecuación del consumidor, que ahora exige transparencia, calidad, sostenibilidad, conveniencia y marcas con propósito al mismo tiempo.

François Lacombe, General Manager de Danone Iberia, puso sobre la mesa una de las olas más serias de todo el encuentro: la salud como disrupción estructural. Para el directivo galo, la categoría no puede limitarse a vender volumen; tiene que ofrecer soluciones a una sociedad que quiere vivir más tiempo y, además, vivir mejor. Marta González-Mesones lo conectó con otra idea muy sensata: las marcas deben ofrecer más de lo que el consumidor quiere y menos de lo que no quiere. Parece una fórmula pobre, incluso elemental, para una industria que se ha pasado media vida inflando mensajes; en realidad es una de las más difíciles de conseguir y de hacer que calen en el mercado.

El panel de los principales CEO de la industria agroalimentaria española, en F4F 2026.

El panel de los principales CEO de la industria agroalimentaria española, en F4F 2026. A.I.

Jorge Escudero, CEO de Grupo Nueva Pescanova, y Cristóbal Valdés, CEO de Deoleo, apelan a otro elemento que cada vez figura más en el imaginario colectivo de los consumidores: el origen. En sus compañías, la transformación se mide en pescado, en aceite, en agricultores, en caladeros, en una materia prima que no se fabrica en una planta y que no admite improvisación. Escudero explicó que si uno trabaja con recursos vivos, cada decisión tiene una dimensión material mucho más severa que en otras industrias. Si no hay recurso, no hay negocio, ¿verdad?. Si el recurso tarda años en crecer, la paciencia y la apuesta por la sostenibilidad es la condición misma de supervivencia.

De la tecnología pragmática

Si en anteriores ediciones de Food 4 Future el protagonismo se lo llevaban nuevas fuentes de proteína y arriesgadas innovaciones en el propio alimento, en esta ocasión la proposición tecnológica se vuelve mucho más pragmática y orientada a resolver esos retos antes mencionados. No en vano, el cuello de botella más inmediato no está en la rica comida, sino en cómo hacerla accesible, sostenible, local y sana; atributos todos ellos que interpelan más a cuestiones industriales y operativas, a lo que en informática llamaríamos el backoffice de la industria agroalimentaria.

De ahí que se vieran en Bilbao numerosos brazos robóticos y soluciones de automatización de procesos de producción fabril. O que un coloso del sector industrial, como Siemens, estuviera presente para explicar sus soluciones de compositores de gemelos digitales inmersivos (lo que en su nomenclatura propia empeñan en denominar como metaverso) que ya han conseguido ampliar la capacidad de producción de Pepsico en Estados Unidos en plantas colapsadas sin construir un sólo metro adicional de edificio. Sin llegar a ese nivel de sofisticación en cuanto a unificación de herramientas y datos, en nuestro país enseñas como Calidad Pascual y Monarca-Aries ya aprovechan sus gemelos digitales para mejorar productividad, reducir tiempos, automatizar procesos y hasta resolver un problema tan viejo como la temperatura en un almacén frigorífico.

El huerto vertical de Siemens, presentado en F4F 2026.

El huerto vertical de Siemens, presentado en F4F 2026. A.I.

María Paredes, de Hijos de Rivera, incluso llevó la innovación a otro terreno mucho más ambicioso, ese que combina la cuántica y el machine learning para identificar moléculas bioactivas óptimas para sus bebidas funcionales. Tampoco pareció una idea alocada, en tanto que Eneko Osaba, de Tecnalia, defendió ese futuro híbrido entre cuántica y computación clásica para resolver problemas de optimización logística y planificación industrial.

Y, desde el mundo cuántico, quizás convenga que nos vayamos a tomar una cerveza (hecha con el lúpulo cultivado en los huertos verticales de la gallega Ekonoke y Siemens, de hasta 20 metros de altura y que consiguen 3,5 cosechas al año frente a la única que se obtiene por métodos tradicionales). Es el momento de degustar esas tapas, o lo que es lo mismo, de seguir contribuyendo desde el lado del consumidor a los cambios, retos y oportunidades que azotan al sector.