La decisión del Tribunal de Schleswig-Holstein no sólo pone en riesgo la exigencia de responsabilidad a Puigdemont por el golpe de estado institucional que encabezó. También quiebra la confianza entre los jueces de la UE. Y para colmo favorece a los delincuentes.

Esta semana se ha ido abriendo paso en los ámbitos judiciales la idea, inicialmente descartada, de que el Tribunal Supremo no debería aceptar la entrega de Carles Puigdemont si la Justicia alemana impide que sea juzgado por rebelión, el más grave de los dos delitos por los que ha sido procesado.