Cuando todo se precipitó, el martes por la mañana en aquella llamada de Carlos Cuadrado (Cs) a Félix Bolaños (Moncloa), ya contaba este diario que lo que se negoció fue la moción de censura en Murcia. Pero antes de esa conversación, e inmediatamente después, se habló de ampliar la 'operación Murcia' al resto de España y que el partido de Inés Arrimadas rompiera todos los pactos con el PP en las autonomías que gobiernan en conjunto. Pero, según ha podido confirmar este diario en fuentes de la negociación, la presidenta de los liberales se negó.  

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Las relaciones del PSOE con Ciudadanos han incluido recurrentes conversaciones "en los últimos meses" sobre mociones al PP y la posibilidad de que el partido naranja se planteara este ofrecimiento, que cuenta con la bendición del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Y una vez que Cuadrado y Bolaños pusieron en marcha el operativo que incendió el centro derecha este miércoles, la oferta regresó.

Las fuentes consultadas detallan que, tras ese telefonazo, se amplió el abanico de implicados en el lado socialista. Bolaños colgó e informó al presidente, y líder del PSOE; le trasladó la situación a José Luis Ábalos, secretario de Organización socialista, y ministro; y comunicó los hechos a Santos Cerdán, secretario de Coordinación Territorial y de Relaciones Gobierno-PSOE.

Así, inmediatamente a Ciudadanos se le renovó la oferta. "Porque una vez que el vuelco en Murcia estaba cerrado, dado lo insostenible de la situación con el PP", explica una de las personas implicadas en las conversaciones, "era inevitable concluir que algo pasaría en Madrid". Y el efecto dominó podría ser incontrolable.

Todos pueden disolver

Pero en Cs no pensaban lo mismo. De hecho, ésa fue la razón por la que Arrimadas no avisó a Pablo Casado ni siquiera en el último minuto, "en busca de evitar que en Madrid pasara lo que al final pasó".

En el PSOE había dos ideas claras que trasladar a los naranjas. La primera, que el Ejecutivo madrileño "no funcionaba" tanto como el de Murcia, que Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado no se soportan "y que ella se pasa el día humillándolo en público". Y que eso hacía prever la reacción que finalmente tuvo la presidenta popular madrileña. "Con lo que Ciudadanos perdería el Gobierno, para empezar, y peso político tras las urnas".

Y la segunda, que del mismo modo que en Madrid, el PP podría disolver los parlamentos de todas las demás regiones. Una reacción plausible, sobre todo teniendo en cuenta que Arrimadas no iba a avisar a Casado, siquiera por cortesía cinco minutos antes, de la moción de censura en Murcia contra su presidente, Fernando López Miras.

La operación exigía discreción absoluta, como todas las de este tipo. Pero más en este caso, ya que hacía falta amarrar las firmas de todos los diputados y concejales naranjas una noche, y llevar los documentos al registro del Parlamento autonómico y del Ayuntamiento de la capital murciana a primera hora de la mañana siguiente.

Movimiento estratégico

Después de tratarlo durante meses, trabada la confianza mutua entre los negociadores, en Moncloa se sabía que un movimiento como éste era estratégico para Ciudadanos. Y que se hacía en Murcia por la oportunidad, pero "podría haber caído en otro sitio". Con esas premisas, desde Moncloa se hizo llegar a Inés Arrimadas la oferta concreta: "Si hablamos de Murcia, ¿por qué no hablamos de todo?".

Pero la líder de los naranjas tenía muy claro su movimiento, y así lo transmitió, según las fuentes. La moción de censura en Murcia era una solución y una oportunidad si, y sólo si, se limitaba a ese territorio.

Una solución porque en el seno de Ciudadanos no se soportaba más "el rodillo" del PP en el Consejo de Gobierno regional. Ni el escándalo de la presunta vacunación irregular de cientos de cargos populares. Ni las prácticas de "espionaje político" al teniente alcalde de Cs.

Y una oportunidad porque le daría la ocasión a Arrimadas de demostrar que quiere seguir viva y recuperar Ciudadanos como partido de centro. Una formación basada en la regeneración democrática, que para ella es imperativa en Murcia, y en su capacidad de acuerdo a izquierdas (con el PSOE) y a derechas (con el PP).

Ampliar a otras plazas el movimiento habría desmentido lo primero, que la operación se hacía para solucionar un problema -grave, pero solamente uno-. Y además, habría convertido lo segundo en una oportunidad perdida, porque habría sido percibido como un bandazo: los liberales habrían pasado de pactar con el PP tras las autonómicas de 2019 a traicionarlo echándose, sin motivos concretos, en brazos del PSOE en todas esas regiones.

Madrid, como Andalucía

Y así lo explicaron los interlocutores de Ciudadanos a los enviados de Sánchez. Tal como relatan las fuentes, los socialistas insistieron, alegando que Ayuso deseaba romper desde hace meses y que era esperable que no se quedase quieta. Y que si Cs quiere ser un partido regenerador, el PP lleva más de 25 años gobernando Madrid "con todos los casos de corrupción imaginables".

Es decir, que si en Andalucía los naranjas alegaron que había que desalojar al PSOE, tras casi 40 años ininterrumpidos, lo mismo valía para el PP en Madrid.

Pero los liberales se cerraron en banda. Confiados en que ni siquiera Ayuso haría lo que luego hizo -"el PP depende de nosotros en todas sus comunidades, salvo Galicia, no se atreverán"-, y alegando que Andalucía y Castilla y León eran ejemplos de gestión y estabilidad, Arrimadas dijo no.

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