José Luis Rodríguez Zapatero se ha convertido en el pegamento que mantiene unidos a PSOE y Unidas Podemos dentro del Gobierno de coalición. La exquisita relación entre el expresidente del Gobierno y Pablo Iglesias es el clavo ardiendo al que se aferran desde la formación morada para salvar las notables diferencias ideológicas con los socialistas y evitar una implosión en el seno del Ejecutivo.

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Zapatero ya era uno de los principales valedores de la coalición cuando nadie dentro del PSOE abogaba por ella -ni siquiera el propio Pedro Sánchez-. Ahora, se ha convertido en uno de sus más firmes defensores, pese a las grietas que erosionan la convivencia entre las dos formaciones.

La última escenificación de esta amistad que une a Iglesias y Zapatero fue una reunión que se produjo en el marco de los cursos de verano de la Universidad Complutense que organiza Podemos. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, Iglesias está muy agradecido con el expresidente socialista por haber accedido a cerrar el primer curso de verano que organiza su formación desde que está en el Gobierno. Además, la intervención de Zapatero versó sobre la Agenda 2030, competencia del vicepresidente segundo.

Para más inri, Zapatero lanzó un capote a Pablo Iglesias, en entredicho por su supuesta implicación en el caso Dina: "Le atacan para debilitar al Gobierno".

Pablo Iglesias y José Luis Rodríguez Zapatero se reúnen en un hotel de San Lorenzo de El Escorial. Efe

La labor del expresidente no es en vano. Y es que puede que PSOE y Podemos vayan de la mano los martes al Consejo de Ministros, utilicen un lenguaje similar e incluso aplaudan mutuamente sus intervenciones parlamentarias… pero, a la hora de verdad, en las cuestiones relevantes, sus desavenencias son insalvables. 

Desde que el Gobierno de coalición se formó en enero, las fisuras no han dejado de formarse y agrandarse con el devenir de los meses. Y no responden a diferencias superficiales ni anecdóticas, sino a cosmovisiones políticas cuasi antagónicas: intereses contrapuestos, proyectos distintos, un grado de respeto más o menos elevado hacia las instituciones... una visión, en definitiva, opuesta sobre cómo debe actuar el Gobierno de España que se manifiesta en diez grietas.

1. Gibraltar

La reivindicación de la soberanía española sobre Gibraltar dentro del dictamen referido a la Unión Europea de la comisión de reconstrucción ha sido tan sólo el último grieta ejemplo. 

El pasado miércoles, los diputados de Unidas Podemos rechazaban la enmienda negociada por PP y PSOE, que propone que España "aproveche la oportunidad histórica del brexit para alcanzar un acuerdo sobre Gibraltar, que tenga en cuenta las reivindicaciones históricas de todos los gobiernos democráticos de España y que impulse la prosperidad en el Campo de Gibraltar". 

Desde Moncloa se mostraron extrañados con el voto de Unidas Podemos y, en conversación con este periódico, aseguraron que se había negociado una “redacción era aceptable para todos”.

2. Juan Carlos I

Una de las mayores divergencias entre los socios del Gobierno de coalición es el modelo de Estado. Dentro de este debate, la postura de unos y otros sobre las presuntas corruptelas de Juan Carlos I resulta paradigmática: Podemos pide abrir "todas las vías" para investigar al Emérito mientras que en el seno socialista abren un cortafuegos entre Felipe VI y su padre. 

En junio, Podemos presentó por última vez la petición de una comisión de investigación en el Congreso sobre los negocios de Juan Carlos de Borbón. "Una democracia moderna no puede soportar semejante grado de impunidad en las más altas instituciones", dijo Pablo Echenique en conversación con EL ESPAÑOL.

El PSOE, por otro lado, siempre se ha mostrado contrario siquiera a plantearse la posibilidad de investigar en sede parlamentaria los negocios del Rey Emérito, ni antes ni después de su abdicación, en junio de 2014.

3. Reforma laboral

La reforma laboral ha sido -y sigue siendo- uno de los asuntos espinosos en la convivencia del ganinete. PSOE y Podemos difieren en las formas y, sobre todo, en los tempos que hay que seguir para derogar las leyes del PP que aún siguen vigentes en materia laboral.

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, aboga por enfriar la derogación y suprimir sólo "los aspectos más lesivos" de la reforma laboral popular. Los ministros de Podemos, liderados por Yolanda Díaz, defienden una enmienda a la totalidad, una tabula rasa. "A la reforma laboral del PP no le van a quedar ni los palos del sombrajo", dijo Echenique en su momento.

La rectificación del PSOE en la votación a la enmienda de EH-Bildu en la Comisión de Reconstrucción del Congreso indignó a Podemos y fue, probablemente la escenificación más nítida de esas diferencias.

Por aquel entonces, Bildu planteó derogar la normativa que concibió Fátima Ibáñez. Podemos votó favorablemente, pero los socialistas cambiaron de parecer y la rechazaron tras haberla apoyado. Primero, el diputado Pedro Casares votó a favor, pero el portavoz Rafael Simancas tuvo que intervenir en la sala para, con la ayuda del PP, obligar a repetir la votación y apostar en segunda ronda por el no

4. Presupuestos con PP y Cs

Pactar o no pactar los Presupuestos Generales del Estado. He ahí otro motivo de disputa entre los socios de Gobierno. Y no uno baladí, precisamente. Los PGE del año 2021 son clave para la reconstrucción económica del país tras la pandemia del coronavirus.

El PSOE ha comprendido la necesidad de sacarlos adelante "como sea". Esto incluye sentándose a negociar con Partido Popular y con Ciudadanos, una idea que no agrada a Pablo Iglesias, que hace lo posible por torpedear esta posibilidad de pacto del Ejecutivo con fuerzas constitucionalistas: "Los 35 diputados de Unidas Podemos son incompatibles con unos Presupuestos acordados con el PP", se ha hartado a repetir.

María Jesús Montero, ministra de Hacienda, tiene previsto llamar personalmente a sus interlocutores en el PP este mes de agosto, según ha podido saber EL ESPAÑOL. Esto supondría que, si Iglesias cumple sus amenazas, el PSOE sacaría adelante los Presupuestos con ayuda de la oposición y con la oposición de parte del Gobierno. Una paradoja que pondría al Ejecutivo de coalición ante un espejo.

5. Nacionalización de inmigrantes

Una de las propuestas más radicales de Podemos, que provocó una reacción inicial de incredulidad en el PSOE, es la de dar la nacionalidad española a todos los inmigrantes regulares e irregulares que residían en España el día que se declaró el estado de alarma y trabajaran en actividades esenciales durante el confinamiento.

El portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, presentó esta iniciativa en el Congreso con el pretexto de recompensar dando la nacionalidad de manera extraordinaria "a todos los héroes extranjeros". "Es justo y es decente reconocerlos a todos como compatriotas", alegaron desde Podemos.

El PSOE, que practica una política económica alejada de los maximalismos de Podemos, descartó tajantemente apoyar esta propuesta a través de la portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero: "No se ha producido un debate sobre esa regularización".

6. Sáhara Occidental

Otra discrepancia sobre un tema sensible que provocó, incluso, una crisis diplomática. Podemos quiere que el Gobierno de coalición cambie su política exterior hacia el Sáhara Occidental y reconozca abiertamente a la República Árabe Saharaui (RASD). El secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, se reunió el pasado mes de febrero con la "ministra" de la autoproclamada -y no reconocida- RASD y publicó imágenes del encuentra en la cuenta de la Secretaría de Estado.

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) aspira a regir en la antigua provincia del Sáhara español, que fue ocupada en 1976 por Marruecos y Mauritania, para ser anexionada a Marruecos en 1979, cuando Mauritania se retiró de la zona. La reunión de Unidas Podemos con una representante del Frente Polisario provocó una crisis diplomática con Marruecos que tuvo que solucionar el PSOE.

La ministra de Exteriores, la socialista Arantxa González Laya, tuvo que corregir públicamente a sus socios de Gobierno, negando que el Gobierno de España reconozca la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática.

7. 'Caso Dina'

El aparato político de Moncloa y los miembros del Gobierno más cercanos a Pedro Sánchez han decidido desentenderse de los problemas de Pablo Iglesias con la Justicia. No se fían y no quieren poner la mano en el fuego, conscientes de que un escándalo de tal magnitud podría abrasar al Ejecutivo. "Si lo acaban imputando, problema para sus abogados", sentenciaron fuentes socialistas del Ejecutivo en conversación con este medio.

Además, dentro del PSOE tampoco han gustado las maneras en las que Iglesias y los suyos han intentado rehuir el caso Dina: emprendiendo campañas contra la prensa o enmarcando el caso dentro de unas supuestas "cloacas del Estado" que se crearon ad hoc para perjudicar a Podemos. 

Pablo Iglesias y María Jesús Montero en una rueda de prensa en Moncloa. Europa Press

Para prueba, una imagen. Basta analizar los semblantes de María Jesús Montero y José Luis Ábalos cuando Pablo Iglesias utilizó el micrófono gubernamental para "naturalizar los insultos a la prensa" o para exponer su argumentario sobre las "cloacas del Estado". Montero congelaba su mirada en el infinito, mientras que Ábalos agachaba la cabeza, evitando el contacto visual con los periodistas. Ambos, visiblemente incómodos.

8. Marlaska 

Los ministros de Unidas Podemos, liderados por el vicepresidente Iglesias, nunca han mostrado especial predilección por Fernando Grande-Marlaska. El propio Iglesias se lo dejó claro a Sánchez cuando se firmó el acuerdo de la coalición, haciéndole ver que sería bien recibido un relevo en Interior, ya que consideraban a Marlaska como cercano a la derecha política y "reticente a limpiar las cloacas policiales".

En este último sentido, desde la formación morada no perdonan al exmagistrado que Fuentes Gago siga en la Secretaría General de la Policía. 

Tras la polémica a cuenta de los informes de la Guardia Civil entregados a la jueza del 51 de Instrucción de Madrid, sólo Pablo Echenique, portavoz parlamentario del Grupo Confederal, salió en defensa de Marlaska. Lo hizo a través de un tuit, pero en el contexto del argumento esgrimido por las fuentes oficiales del Gobierno: "La derecha ataca a Marlaska porque es el que quiere eliminar la mal llamada policía patriótica". Es decir, utilizando al ministro para reforzar su argumentario.

Ilustración: Guillermo Serrano.

9. El feminismo

Uno de los casus belli recurrentes dentro del seno del Gobierno de coalición es el feminismo. Entre PSOE y Unidas Podemos existe un debate alambicado que tiene distintas expresiones y que siempre emerge cuando el Ejecutivo discute sobre leyes de calado como la Ley de Libertad Sexual o la Ley de Infancia.

En la pugna por erigirse como partido abanderado del feminismo, Unidas Podemos -a través de la ministra de Igualdad, Irene Montero- promovió la Ley de Libertad Sexual, de la que se desmarcó el PSOE por entender que ésta "confunde sexo y género" y así crea "indefensión para las mujeres". 

Con respecto a la Ley de Infancia, el mismo PSOE se encuentra escindido entre quienes la apoyan y quienes la rechazan por aceptar postulados queer. El artículo 9.3 de la Ley de Infancia aprobada por el gabinete de Pedro Sánchez y que ahora deberá pasar su trámite parlamentario dice textualmente: "Los niños y niñas tendrán derecho a que su orientación sexual e identidad de género, sentida o expresada, sea respetada en todos los entornos de vida, así como a recibir el apoyo y asistencia precisos cuando sean víctimas de discriminación o violencia por tales motivos".

Horas después de presentarse el anteproyecto de ley, dirigentes del PSOE se desmarcaban en un comunicado con las firmas de Carmen Calvo, José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. En este, advertían de que hay una "utilización y confusión" de conceptos "fundamentales en el feminismo como son el sexo y el género".

La Ejecutiva del PSOE emite este comunicado el día que el Gobierno aprueba la Ley de la Infancia. E.E.

10. Felipe González

Felipe González es más conocido en Podemos como "el señor X" o simplemente "el de las manos manchadas de cal viva" -palabras de Pablo Iglesias-. El expresidente socialista es despreciado en la formación morada en tanto en cuanto es una de las figuras más icónicas del sistema del 78 que Podemos vilipendia.

La última expresión de esta enemistad política (y personal, en el caso de Iglesias y González) se manifestó el pasado mes de junio, cuando Podemos apoyó una comisión de investigación sobre la relación del expresidente del Gobierno con los GAL que habían solicitado las formaciones independentistas y nacionalistas. PSOE, PP y Vox votaron en contra.

Y es que, aunque la relación entre Felipe González y Unidas Podemos ha sido tortuosa desde el principio, ésta tampoco ha mejorado en absoluto desde que se formó el Gobierno de coalición, al que el expresidente socialista se refirió como "el camarote de los hermanos Marx". 

Fue Zapatero, precisamente, el que desdijo a González con el objetivo de proteger de las críticas al Ejecutivo de coalición. ¿El camarote de los hermanos Marx? "No, para nada", respondió Zapatero en Herrera en Cope. "Ha producido en muy poco tiempo muchísimas decisiones trascendentales", zanjó.

En definitiva, muchas grietas y un expresidente al que Unidas Podemos se encomienda para cerrarlas: José Luis Rodríguez Zapatero. Mucha faena para un solo hombre.