Elisabete Weiderpass antes de la entrevista con Enclave ODS.

Elisabete Weiderpass antes de la entrevista con Enclave ODS. Rodrigo Mínguez

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Elisabete Weiderpass (OMS): "Ningún país está preparado para responder adecuadamente a la pandemia de cáncer"

La directora de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer alerta de que esta "pandemia" solo puede abordarse a través de la prevención.

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Ya se espera que, solo en 2050, se diagnostiquen 35 millones de nuevos casos de cáncer, 15 millones más que en 2022, según los datos más recientes de Globocan. Además, se espera que las muertes aumenten todavía más rápido, asegura Elisabete Weiderpass, directora de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS.

En un marco así, la prevención y las políticas públicas son cruciales para evitar el colapso de los sistemas sanitarios, advierte. Entre ellas, los cribados, unas pruebas que, en muchas ocasiones, no cuentan con la participación adecuada.

La cabeza de la IARC ha estado en España esta semana para la presentación de los primeros resultados de un informe que han realizado junto con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) para mejorar la detección precoz de cáncer de colon en el país.

El objetivo es mejorar las tasas de participación, que, una década después, de la implantación de los test, todavía es muy baja. Solo se hace la prueba un 45% de las personas de riesgo, lejos del 65% recomendado para que sea realmente eficaz.

Weiderpass ha charlado tras el acto con ENCLAVE ODS sobre los principales retos que plantea el aumento de la enfermedad y de cómo influye la desigualdad social, económica y de género en este fenómeno.

Pregunta: Sabemos que alrededor del 40% de los casos de cáncer son prevenibles. ¿Qué es lo que está fallando exactamente: la ciencia, las políticas públicas o las prioridades económicas?

Respuesta: La ciencia no falla, está ahí y ya lo ha demostrado, desde hace mucho tiempo. Esa respuesta ya la tenemos. El problema es que pasa mucho tiempo entre estos descubrimientos y su implementación en la práctica médica y las políticas de salud.

Yo estoy muy orgullosa de la ciencia que se hace en España, y en otros países, sobre prevención, detección precoz y tratamientos, pero deben adaptarse a las políticas de salud.

P.: ¿Cuál es el mayor problema en ese sentido?

Prevenir requiere políticas que van más allá del sector sanitario, como la regulación del tabaco y el alcohol, la protección ambiental, los programas de vacunación o los cambios en los sistemas alimentarios. El problema es que pueden ser políticamente sensibles y entrar en conflicto con intereses económicos a corto plazo, aunque aporten grandes beneficios sanitarios y económicos con el tiempo.

Al final esto se traduce en que la inversión tiende a favorecer el tratamiento, en lugar de la prevención, a pesar de que la segunda es más efectiva para la economía.

Elisabete Weiderpass durante la entrevista con ENCLAVE ODS.

Elisabete Weiderpass durante la entrevista con ENCLAVE ODS. Rodrigo Mínguez

P.:¿Qué nos dicen las diferencias entre regiones sobre el papel del entorno, de las políticas públicas y de las desigualdades sociales en el aumento de ciertos cánceres?

R.: Hay tumores que en Europa tienen una tasa de supervivencia del 80% o el 90% a los 5 años y en África de menos del 30%. Es una injusticia completamente inaceptable que demuestra que el cáncer es una cuestión de dinero o de dónde naces.

La enfermedad es más cruel con las clases bajas. Las personas con un nivel socioeconómico y educacional menores se ven más afectadas y mueren más. Esto es algo que pasa a nivel mundial.

Estos pacientes no están tan atentos a los síntomas, pero también tienen un acceso más limitado al sistema de salud y a tratamientos punteros, como los ensayos clínicos, algo que ya han demostrado multitud de estudios en todo el mundo.

P.:¿En qué aspecto cree que hay una mayor desigualdad?

R.: En las políticas públicas. Se ve claramente con el ejemplo del tabaco. Las personas con un nivel económico más bajo mueren más por cáncer de pulmón porque fuman más. Son más susceptibles a la propaganda de la industria y tienen menor acceso a los programas para dejar de fumar y a la información sobre el daño que provoca.

Esto es igualmente extrapolable a otros factores, como el alcohol, la obesidad y el acceso a cribados. Los pobres mueren más.

P.: Desde la dirección de un organismo como el suyo, ¿cuáles diría que son hoy los grandes retos globales en investigación del cáncer?

R.: El futuro del cáncer son los diagnósticos personalizados. Vamos a a estudiar a fondo las mutaciones específicas, su susceptibilidad a diferentes tipos de medicamentos y el tratamiento también va a ser más individualizado en los próximos años.

No obstante, para eso tenemos un camino a recorrer muy importante. Necesitamos suficientes profesionales de salud y dinero para sustentar el sistema. También tienen que planificar los países cómo se van a preparar para el enorme volumen de pacientes que van a llegar.

De aquí a un par de décadas nos espera un gran desafío y ningún país está preparado para responder adecuadamente a la pandemia de cáncer. Tratar a los enfermos ya no es la solución, sino prevenir el problema.

P.: Usted fue la primera mujer en dirigir la IARC. ¿Cómo ha cambiado la sensibilidad de la agenda de investigación y de las prioridades cuando las mujeres ocupan posiciones de liderazgo en epidemiología y salud global?

Ha influido en cómo se formulan las preguntas, qué experiencias se visibilizan y qué vacíos se toman en serio. Cuando las mujeres ocupan posiciones de liderazgo en la epidemiología y la salud global, suele haber una mayor atención a cuestiones que antes estaban infrarrepresentadas.

Por ejemplo, las diferencias por sexo y género en el riesgo de cáncer, el papel de las exposiciones sociales y ocupacionales o el acceso desigual a la prevención y la detección precoz.

En el IARC, esto se ha traducido en un mayor énfasis en la equidad, las perspectivas de curso de vida y los cánceres que afectan de manera desproporcionada a las mujeres o están moldeados por roles de género, como el cáncer cervicouterino y de mama.

Además, el liderazgo femenino refuerza la cultura de investigación inclusiva: invertir en el fortalecimiento de capacidades, apoyar a los científicos en etapas tempranas de su carrera y garantizar que las voces de los países de ingresos bajos y medianos participen en la definición de la agenda de investigación.

Estas no son cuestiones de mujeres, son prioridades científicas y de salud pública fundamentales.