Flavia Mwangovya, líder africana y directora regional adjunta para África Oriental y Meridional de Amnistía Internacional.

Flavia Mwangovya, líder africana y directora regional adjunta para África Oriental y Meridional de Amnistía Internacional. Esteban Palazuelos

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La experta Flavia Mwangovya sobre el horror de la guerra en Sudán del Sur: "Se ofrece sexo a cambio de comida"

La responsable de Amnistía Internacional advierte del agravamiento de la crisis humanitaria: hambruna, violencia sexual y 17M de niños sin educación.

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Niños sin escolarizar, desapariciones forzosas, personas sin alimentos, violaciones o matrimonios forzados. Con estas palabras describe Flavia Mwangovya la situación que vive hoy la población civil en Sudán tras casi tres años de guerra.

Y es que para la directora regional adjunta para África Oriental y Meridional de Amnistía Internacional, el conflicto ha creado una crisis humanitaria que golpea de forma desproporcionada a mujeres y niñas, atrapadas entre el hambre, la inseguridad y el colapso de los servicios básicos.

La guerra comenzó el 15 de abril de 2023 y desde entonces ha transformado amplias zonas del país en territorios devastados. Según explica Mwangovya, uno de los rasgos más preocupantes del conflicto es el ataque reiterado contra infraestructuras civiles, pues, dice, "no han sabido distinguir entre objetivos militares y civiles".

En regiones como Darfur, donde la violencia ya había provocado desplazamientos masivos desde el conflicto iniciado en 2004, la situación se ha agravado aún más. Muchas familias que llevaban años viviendo en campamentos de desplazados se han visto obligadas a huir de nuevo, arrastrando consigo una inestabilidad que ya se prolonga durante generaciones.

En ciudades como El Fasher, capital de Darfur Norte, los periodos de asedio han marcado la vida cotidiana de la población. Según relata la experta, las restricciones impuestas por los combates dificultan la entrada de suministros y de ayuda humanitaria.

Fotografía de una mujer y su bebé en el campo de desplazados de Zamzam, en Darfur Septentrional.

Fotografía de una mujer y su bebé en el campo de desplazados de Zamzam, en Darfur Septentrional. Christina Fincher Reuters

"Nada entra y nada sale. La situación de hambruna ha llevado a la población a comer incluso alimentos para animales para poder sobrevivir, porque no podían hacerse con ningún otro tipo de alimento", explica.

Vivir bajo el asedio

En ese contexto, actividades tan básicas como buscar agua o comida se han convertido en tareas peligrosas. Y son, en la mayoría de los casos, las mujeres y las niñas quienes se encargan de realizarlas; una responsabilidad cotidiana las expone a agresiones, abusos y violencia sexual.

Durante el ataque contra el campo de refugiados de Zamzam en abril de 2025, por ejemplo, se documentaron violaciones grupales y otros episodios de violencia sexual. Todo ello, abusos en un entorno donde, además, las víctimas apenas tienen acceso a asistencia médica o psicológica.

Flavia Mwangovya es experta en género y crisis de varios países africanos en conflicto o violencia, entre ellos República Democrática del Congo o Sudán.

Flavia Mwangovya es experta en género y crisis de varios países africanos en conflicto o violencia, entre ellos República Democrática del Congo o Sudán. Esteban Palazuelos

El sistema sanitario del país se encuentra prácticamente colapsado. Antes incluso de que el conflicto alcanzara su fase actual, alrededor del 70% de las infraestructuras médicas habían sido destruidas o habían dejado de funcionar. Incluso, en muchas zonas no existen hospitales operativos ni personal sanitario suficiente.

La situación es especialmente grave para las mujeres embarazadas o para aquellas que acaban de dar a luz. Sin acceso a atención obstétrica de emergencia, los partos se producen en condiciones extremadamente precarias. Además, las supervivientes de violencia sexual carecen de tratamientos médicos básicos que podrían prevenir infecciones o embarazos no deseados.

El miedo y el estigma también dificultan que las víctimas busquen ayuda. "No lo hacen por miedo a las represalias y por no haber recibido ningún tipo de servicio o atención médica, bien porque no estaba disponible o bien porque una vez más no habían recurrido a ella por la estigmatización", explica Mwangovya.

El impacto del hambre

A esta situación se suma la creciente escasez de alimentos. La hambruna se ha convertido en uno de los rasgos más dramáticos de la crisis. Y, según advierten las organizaciones humanitarias, el hambre está generando nuevas formas de explotación.

"Sabemos sin lugar a dudas de que la hambruna da lugar a mayores vulnerabilidades", indica Mwangovya. Hay situaciones, menciona, en las que se llega a ofrecer "sexo por comida" o donde las hijas son "dadas en matrimonio" a actores armados para poder hacerse con alimentos que permitan la subsistencia de la familia.

Ciudadanos sudaneses que huyeron del conflicto en Murnei, en la región de Darfur, en Sudán, cruzan la frontera entre Sudán y Chad en Adre, Chad, el 4 de agosto de 2023.

Ciudadanos sudaneses que huyeron del conflicto en Murnei, en la región de Darfur, en Sudán, cruzan la frontera entre Sudán y Chad en Adre, Chad, el 4 de agosto de 2023. Zohra Bensemra REUTERS Sudán

Y esto, dice, no solo ocurre en Sudán. Se ha convertido en una "preocupación creciente" dado el incremento de los casos en otras zonas de conflicto. Pues, al fin y al cabo, asegura la portavoz de Amnistía Internacional, "estas relaciones sexuales transaccionales son una forma de violencia donde se aprovechan de la vulnerabilidad".

El impacto de la guerra se extiende también al futuro del país. Actualmente, alrededor de 17 millones de niños no están escolarizados en Sudán. En comunidades que se desplazan constantemente para escapar de los combates, mantener un sistema educativo resulta prácticamente imposible.

La ONU ha determinado recientemente que ve indicios de genocidio en El Fasher.

La ONU ha determinado recientemente que ve indicios de genocidio en El Fasher. Esteban Palazuelos

Ese desplazamiento continuo no solo impide el acceso a la educación. También destruye las redes sociales y económicas que sostienen la vida comunitaria. Vecinos, profesores, líderes religiosos o comerciantes desaparecen del entorno cuando las familias se ven obligadas a huir repetidamente.

El peso del trauma

Este fenómeno está generando un trauma que se transmite de generación en generación. "Tenemos familias enteras que nunca han vivido una situación de estabilidad", explica. Y es que, en algunas comunidades, varias generaciones han crecido exclusivamente en contextos de guerra o en campos de refugiados. Viven siempre "en modo supervivencia".

Los patrones de violencia que se observan en Sudán se repiten, además, en otros conflictos de la región, como en la República Democrática del Congo. Violaciones masivas, asesinatos indiscriminados o ataques contra infraestructuras civiles. Sin embargo, también han surgido tendencias nuevas que preocupan a las organizaciones de derechos humanos.

Entre ellas figura la desaparición forzada de niñas que posteriormente reaparecen en sus comunidades sin explicar dónde han estado, lo que sugiere posibles casos de trata o esclavitud sexual. También se ha detectado el uso creciente de drones y tecnología militar avanzada en zonas densamente pobladas, con consecuencias devastadoras para la población civil.

A pesar del panorama, Mwangovya insiste en que la historia de Sudán no es solo una historia de destrucción. En muchas comunidades han surgido iniciativas locales para ayudar a quienes más lo necesitan. Redes de voluntarios organizan comedores populares, sistemas de distribución de alimentos o pequeñas estructuras de atención médica improvisada.

Flavia Mwangovya, líder africana y directora regional adjunta para África Oriental y Meridional de Amnistía Internacional.

Flavia Mwangovya, líder africana y directora regional adjunta para África Oriental y Meridional de Amnistía Internacional. Esteban Palazuelos

Pero para reconstruir el país, advierte, será necesario algo más que esa capacidad de resistencia. "No podemos sacrificar la rendición de cuentas", afirma. "Es la impunidad la que da lugar a que los responsables sigan perpetuando las mismas conductas".

Solo abordando las causas profundas del conflicto y garantizando responsabilidades por los abusos cometidos, insiste, será posible empezar a reconstruir una sociedad que lleva décadas viviendo entre la guerra, el desplazamiento y la pérdida constante de oportunidades.