Personal de control de calidad del agua y científicos que usan EPP que trabajan en el agua de muestra y analizan la calidad, la industria y el medio ambiente.

Personal de control de calidad del agua y científicos que usan EPP que trabajan en el agua de muestra y analizan la calidad, la industria y el medio ambiente. iStock

Historias

El riesgo invisible en el trabajo que muchos siguen ignorando: "No podemos esperar a que alguien enferme para actuar"

El enfermero de Quirónprevención Javier Doñas Beleña alerta sobre la exposición silenciosa a bacterias, hongos y virus en sectores como la limpieza.

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Mariana Goya
Publicada

No huelen, no hacen ruido y no siempre dejan rastro inmediato. Pero están ahí. En el aire de un conducto mal mantenido, en una bolsa de residuos cerrada a medias o en el simple arañazo sufrido al podar un jardín.

Los agentes biológicos forman parte de la rutina laboral de miles de trabajadores que, en muchos casos, no son plenamente conscientes del riesgo al que se enfrentan.

"Tendemos a asociar el riesgo biológico con laboratorios de alta seguridad o virus de cine, pero la realidad es mucho más terrenal", advierte Javier Doñas Beleña, enfermero de Quirónprevención. Y es que, cuando hablamos de agentes biológicos —explica—, nos referimos a bacterias, hongos, parásitos y virus que conviven con nosotros a diario.

La exposición no siempre es deliberada. Según el marco normativo español, especialmente el Real Decreto 664/1997, existen actividades en las que se manipulan agentes biológicos de forma intencionada —como en laboratorios de microbiología, industrias biotecnológicas o centros de investigación— y otras en las que la exposición es incidental, es decir, derivada de las condiciones del trabajo. Y es en estas últimas donde el peligro suele pasar más desapercibido.

"La exposición más peligrosa es la que no se espera", subraya Doñas. Lo que le lleva a poner ejemplos como el del "técnico que revisa un sistema de climatización y se topa con la Legionella, el operario de la industria alimentaria que convive con mohos específicos o el trabajador de aguas residuales que maneja patógenos de forma constante".

Incluso una tarea aparentemente inofensiva puede convertirse en puerta de entrada para una infección: "El riesgo no está solo en el microscopio; está en la calle".

El sesgo de invisibilidad

Uno de los principales problemas, tanto en trabajadores como en empresas, es lo que el experto denomina "sesgo de invisibilidad". "En prevención, lo que no se ve, a menudo se ignora", afirma. Pues, a diferencia de una máquina peligrosa o de una sustancia química con olor penetrante, los agentes biológicos son silenciosos.

Esta invisibilidad favorece una cultura reactiva: "Muchas empresas caen en el error de ser reactivas: si no hay bajas por infección o un brote evidente, asumen que el riesgo es cero".

Un empleado tira de un carro para limpiar oficinas.

Un empleado tira de un carro para limpiar oficinas. iStock

El enfoque, insiste, debe ser proactivo. "No podemos esperar a que alguien enferme para empezar a protegerlo".

Aunque la normativa española es "robusta", su aplicación práctica es desigual. En hospitales o grandes industrias, el cumplimiento es "casi quirúrgico". Sin embargo, en el "tejido invisible" —pymes, empresas de mantenimiento o subcontratas de limpieza— la realidad es distinta.

"La Evaluación de Riesgos acaba siendo, demasiadas veces, un documento administrativo que duerme en un cajón", lamenta.

Profesiones olvidadas

Si hay colectivos especialmente infravalorados en términos de exposición biológica, Doñas lo tiene claro: "El personal de limpieza y los gestores de residuos son, históricamente, los grandes olvidados".

Manipulan el descarte de la sociedad sin saber con certeza qué contienen las bolsas o contenedores que manejan.

Tampoco el sector primario está exento. Agricultores y trabajadores forestales se enfrentan a zoonosis y vectores como las garrapatas, transmisoras de patologías graves como la enfermedad de Lyme o determinadas fiebres hemorrágicas.

Síntomas con "horario laboral"

¿Cómo distinguir una simple gripe de una posible exposición laboral? Más allá de la fiebre, existen señales que deberían activar las alarmas: lesiones cutáneas que no cicatrizan, inflamaciones anómalas, ganglios inflamados sin causa aparente o fatiga persistente.

Pero hay un patrón clave: la correlación temporal. "Si los síntomas tienen ‘horario laboral’, es probable que el puesto de trabajo esté intentando decir algo", explica. Es decir, si aparecen al comenzar el turno y mejoran durante los días de descanso, conviene investigar.

En entornos donde la manipulación es deliberada —como laboratorios— entran en juego los niveles de contención biológica (2, 3 y 4). Doñas los describe como "capas de cebolla que aíslan el peligro".

En el nivel 2 se trabaja con patógenos conocidos y tratables; en el 3, con agentes letales de transmisión aérea, lo que exige instalaciones con presión negativa; y en el nivel 4, el máximo aislamiento, se manipulan virus de extrema letalidad, con trajes presurizados similares a los espaciales.

"El objetivo es que, si el ser humano comete un error, el diseño de la instalación evite la catástrofe", apunta el enfermero.

Reducir el riesgo

La pandemia supuso un punto de inflexión en la cultura de bioseguridad. Conceptos como filtros HEPA o mascarillas FFP2 se popularizaron en el ámbito empresarial.

Sin embargo, el experto detecta un retroceso. "Hubo un aprendizaje acelerado, pero ahora sufrimos una fatiga de bioseguridad", señala. "Hemos pasado del pánico a una cierta complacencia que nos preocupa como entidad".

Además, advierte de un déficit formativo en el sector de la prevención. La formación estándar en prevención de riesgos laborales es, a su juicio, demasiado jurídica y centrada en la seguridad física. "Evaluar un contaminante químico es, en cierto modo, predecible; lo biológico es dinámico, vivo y cambiante".

Para cualquier trabajador que sospeche exposición biológica, Doñas resume tres pilares básicos. El primero es el "derecho a saber": preguntar directamente a la empresa a qué microorganismos puede estar expuesto.

El segundo, la higiene de salida: no llevar el riesgo a casa, evitar comer o fumar con la ropa de trabajo y desinfectarse antes de abandonar la zona. El tercero, utilizar equipos de protección individual adecuados y específicamente seleccionados.

Y, si tuviera que condensarlo en tres consejos universales, lo formula así: "Cuidar la piel es una armadura"; "la limpieza no es estética, es seguridad"; y apostar por "el escudo de la vacunación", especialmente cuando existen inmunizaciones disponibles como la hepatitis B, el tétanos o la gripe.

Porque, como recuerda, el enemigo no siempre se ve. Pero ignorarlo no lo hace desaparecer.