Marian Davies en una imagen cedida.

Marian Davies en una imagen cedida. ONG Rescate

Referentes Semana del 8M

Marian Davies, migrante nacionalizada: "En el feminismo español aún parece que no existen las mujeres negras"

A pesar de que España es un país cada vez más multicultural, conseguir la nacionalidad no es sinónimo de dejar de sufrir racismo.

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Ser española es un concepto bastante abstracto. Si se le pregunta a varias personas, probablemente cada una dará una definición distinta. La concepción no será la misma para alguien nacido en España que para quien nació fuera y, tras años viviendo aquí, consiguió tener DNI.

Marian Davies (Bata (Guinea Ecuatorial), 63 años) lo sabe bien. Es artista plástica y, desde hace más de cuatro décadas, española. Sin embargo, reconoce que la nacionalidad no le ha librado de tener que enfrentarse al racismo.

En el marco del 8M ha participado en una mesa redonda organizada por la ONG rescate para visibilizar historias como la suya: "Hace falta que la gente empiece a entender que se puede ser negro y ser español".

Ese racismo lo nota en cualquier esfera, también en el movimiento feminista y sus reivindicaciones: "Falta mucho todavía". Marian pertenece a un colectivo de mujeres negras que luchan por la igualdad y sobre la manifestación del pasado 8 de marzo se pregunta: "¿Por quién nos manifestamos?".

El que se hace aquí, a pesar de la gran cantidad de población migrante, es un feminismo blanco, denuncia. Para ella siguen predominando las reivindicaciones o los mensajes de mujeres blancas. "El feminismo visible sigue siendo el suyo, parece que no existen las caras negras".

La artista plástica echa en falta la presencia y esa visibilidad, no solo de las mujeres negras, también de las latinas y de otros muchos orígenes. Queda todavía "muchísimo camino" por recorrer en ese aspecto, agrega. "Se habla mucho, pero a la hora de la verdad, va muy lento para materializarse".

En ese marco, señala también que cuando se organizan mesas redondas u otros eventos para hablar de ellas, casi siempre las organiza gente blanca. A veces, incluso, les llegan a resaltar que les dan espacio, como si fuera un hito o un favor: "¿De verdad necesito que me den permiso para hablar de mi propia realidad?"

La nacionalidad no evita el racismo

Su experiencia vital resume hasta qué punto la ley y la burocracia no bastan para blindarse del racismo cotidiano.

Marian expone que tener la nacionalidad española da cierta seguridad "Sabes que no te van a estar parando por la calle o que no te va a pasar nada si lo hacen". Sin embargo, no libra a las personas como ellas de la discriminación y el cuestionamiento.

En su caso, ser negra hace que continuamente la lean como extranjera y eso le ha causado numerosos problemas en el mundo laboral. "He sufrido más racismo al buscar trabajo que de niña".

Una de las situaciones más violentas la vivió cuando en una entrevista de trabajo la persona que la evaluaba le preguntó por qué debía creerse lo que ponía en su currículum porque la consideraba inferior por el color de su piel.

"Me dijo que, generalmente los negros no estudiamos tanto y no estamos preparados", agrega. Le ocurrió hace años, pero, desde su perspectiva, esta concepción sigue muy instaurada en la sociedad.

Cuando se piensa en las personas negras y el mundo laboral se las suele relacionar con trabajos no cualificados, como si no desempeñaran profesiones como la medicina, el derecho o la ingeniería. "Parece que solo existimos para recoger la fruta del campo y cuidar a los mayores".

Tener pasaporte español y sentirse como tal no tienen por qué ir de la mano, apunta Marian. Ella vive en una constante dualidad, una especie de doble identidad: en España la leen como extranjera, pero en su país de origen la consideran española porque lleva fuera casi toda su vida.

Esto le causó confusión durante parte de su vida, confiesa. Se preguntaba de dónde era porque no la dejaban sentirse española ni guineana. Con el paso de los años comprendió que no necesitaba encasillarse en una u otra.

Lo que la define, relata, es esa mezcla de ambas culturas porque tanto sus raíces africanas como el haberse criado en España la han convertido en quien es hoy. "No tengo por qué definirme si soy de un sitio o de otro cuando realmente me siento de las dos partes", dice firme.

Profesionalmente, ha llevado esa dualidad a sus cuadros. La técnica es española, pero se notan sus raíces guineanas en los colores –más vibrantes–, y los materiales textiles que emplea en la composición.

Las únicas niñas negras

Marian nació a más de 4.000 kilómetros de Madrid, donde reside, pero creció en España, a la que llegó con 8 años. Se mudó junto con sus tres hermanos, todos menores de edad.

Sus padres habían llegado dos años antes para que su madre recibiera tratamiento médico y ellos migraron cuando ya se había curado. No le costó adaptarse: "Como vinimos de pequeños y hablábamos español [una de las tres lenguas oficiales de Guinea Ecuatorial], fue bastante fácil".

Comenzó a estudiar en un colegio religioso de monjas, el San Francisco de Asís, donde ella y su hermana eran las únicas niñas negras de todo el alumnado. Aunque no sufrieron violencia ni discriminación directa, la artista sí habla de condescendencia. "Se pensaban que como veníamos de África nos moríamos de hambre".

Marian, además, tuvo que entrar dos cursos por debajo de lo que le correspondía, porque desde el centro dieron por hecho que no tendría el nivel suficiente para ir a clase con los niños de su edad. Aun así, no tiene un mal recuerdo de aquella época.

Ahora, dice, la situación en España ha empeorado, hay mucho más racismo. "Antes los negros les dábamos pena, pero no nos culpabilizaban como ahora". La artista, que actualmente es madre, lamenta que su hija tiene delante "un panorama horroroso" y sí ha sufrido discriminación en el colegio por su color de piel.

Para ella es importante visibilizar historias como la suya precisamente por lo que cuenta. La idiosincrasia del país ha ido cambiando a lo largo de las décadas.

Siempre ha sido un país multicultural, pero ahora muchísimo más y no solo por los que llegan. Hay muchas personas no blancas que han nacido en España, apunta. "Estamos aquí y no vamos a desaparecer porque algunos quieran que no existamos", apunta tajante.