Patrik Frisk durante un evento de Reju este febrero.

Patrik Frisk durante un evento de Reju este febrero. Cedida

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Patrik Frisk, CEO de Reju, la compañía que regenera 300 M de prendas al año: "Lo difícil es manejar fibras mezcladas"

El exCEO de Under Armour impulsa una infraestructura para convertir los residuos en materia prima y hacer viable la circularidad a escala industrial.

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Mariana Goya
Publicada

Cada europeo compra de media unos 26 kilos de ropa al año y desecha alrededor de 11, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA). El resultado es una montaña de 12,6 millones de toneladas de residuos textiles anuales en la Unión Europea, de las que apenas el 1% vuelve a convertirse en nuevas prendas, de acuerdo con cifras de la Comisión Europea.

El resto se incinera, se exporta a terceros países o acaba degradado en productos de bajo valor, como rellenos industriales. En España, el Ministerio para la Transición Ecológica estima que más del 80% de la ropa usada aún termina en vertedero.

Ese contexto explica por qué la industria de la moda —responsable de cerca del 10% de las emisiones globales de carbono según Naciones Unidas— busca ahora soluciones que hace apenas una década parecían marginales. Entre ellas, una palabra empieza a sustituir al "reciclaje": regeneración.

Ahí es donde entra Reju. La empresa, dirigida por el veterano ejecutivo del sector deportivo Patrik Frisk —antiguo CEO de Under Armour—, no propone reutilizar la ropa, sino devolverla a su estado original de materia prima para fabricar prendas nuevas.

"La diferencia es fundamental", explica Frisk. "El reciclaje tradicional suele reducir la categoría de los textiles, convirtiéndolos en productos de menor valor, como telas de aislamiento o trapos de limpieza. Lo que estamos construyendo en Reju es algo completamente distinto: una solución global a nivel de sistema para una verdadera regeneración postconsumo de textil a textil a escala industrial".

Volver al origen

El gran problema de la ropa actual es químico. La camiseta deportiva media no es solo poliéster ni el vaquero es solo algodón. La industria lleva décadas mezclando fibras para mejorar rendimiento, elasticidad o precio: poliéster con algodón, elastano con casi todo... Ese éxito comercial es, al mismo tiempo, su mayor obstáculo ambiental.

"Nos centramos en el poliéster, uno de los mayores desafíos dentro de los residuos textiles", señala Frisk. La clave está en una tecnología capaz de tratar esas mezclas complejas que constituyen la mayoría de las prendas que usamos y desechamos.

El interior de las instalaciones de Reju Regeneration Hub Zero.

El interior de las instalaciones de Reju Regeneration Hub Zero. Cedida

El objetivo es convertir ropa usada en nueva fibra de alta calidad sin pérdida de prestaciones. "Podremos transformar textiles difíciles de reciclar en nuevas fibras de alta calidad, sin comprometer el rendimiento, el tacto ni la durabilidad".

Para conseguirlo, Reju combina procesos químicos, mecánicos y logísticos y, sobre todo, algo poco visible para el consumidor: infraestructura.

Un sistema inexistente

La economía circular se ha convertido en el gran lema de la moda sostenible, pero Frisk insiste en que el problema no es la voluntad, sino la base industrial.

"Creemos que esto no es solo un objetivo medioambiental, sino también un modelo de negocio sostenible. Pero para hacerlo realidad es necesario construir una infraestructura que aún no existe".

Antes de regenerar una prenda, hay que localizarla, recogerla, clasificarla por composición, desmontarla y prepararla. Sin embargo, hoy gran parte de ese proceso sigue siendo "manual, lento e insuficiente", especialmente "para los volúmenes que necesitamos procesar".

Primero hay que retirar cremalleras, botones o etiquetas; después, separar correctamente las fibras. Solo entonces puede empezar la regeneración. Por eso, el modelo depende de todos: marcas, recicladores, administraciones y consumidores.

Y es que es ahí donde estos últimos, los consumidores, se convierten en "aliados" devolviendo prendas y eligiendo productos regenerados. Porque, como defiende Frisk, "sin la colaboración en cada eslabón, la circularidad no puede existir".

Logística en movimiento

Sin embargo, el reto no es únicamente tecnológico, también es logístico. La moda produce a escala planetaria, pero nunca ha recogido lo que vende.

"Estamos hablando de recolectar, clasificar y procesar cientos de millones de prendas", dice Frisk. "Esto requiere una infraestructura de cadena de suministro inversa que simplemente no existe hoy en día".

Reju prepara centros de regeneración en Países Bajos (Chemelot Industrial Park, Sittard), en Lacq (Francia) y también en Rochester (Nueva York). Y la elección no es casual, porque Europa se está convirtiendo en el gran laboratorio regulatorio del sector textil.

Los procesos de regeneración dentro del Reju Regeneration Hub Zero.

Los procesos de regeneración dentro del Reju Regeneration Hub Zero. Cedida

Las nuevas normas de la UE obligarán a recoger residuos textiles por separado y exigirán contenido reciclado en los productos. Pero, según Frisk, la legislación por sí sola no bastará. Por ello han impulsado la European Circular Textile Coalition junto a otras empresas del sector.

La coalición reclama recuperar producción textil en Europa, priorizar el reciclaje "de textil a textil" y fijar objetivos obligatorios de contenido reciclado. Porque, insiste, "los esfuerzos voluntarios han demostrado ser claramente insuficientes".

No es solo sostenibilidad

El debate suele centrarse en el impacto ambiental, pero Frisk subraya el incentivo económico. "La regeneración no solo es buena para el planeta, también es buena para el negocio".

Las marcas podrían reducir la dependencia del algodón —cada vez más afectado por sequías—, estabilizar costes de materias primas y diferenciarse con productos de mayor valor añadido. Además, abre espacio para nuevos materiales técnicos y diseños.

Actualmente, el principal obstáculo no es la oposición, sino la costumbre. "Hay menos resistencia que inercia. La industria ha operado durante décadas bajo un modelo lineal de extraer-producir-desechar". Pero, si el modelo prospera, cambiará algo más que la producción; cambiará nuestra relación con el sector.

"Los consumidores comenzarán a ver la ropa como un recurso renovable en lugar de desechable", pronostica. Mientras que las marcas, por su parte, deberán diseñar pensando en la segunda vida de cada prenda: trazabilidad, desmontaje y futura regeneración.

Y es que no se trata solo de fabricar menos residuos, sino de redefinir qué es una prenda. "Nos negamos a aceptar los residuos textiles como algo inevitable", concluye Frisk. "Si un mundo sin residuos textiles es posible, no podemos permitirnos esperar".