En algún momento de nuestra vida, todos pasamos por un hospital. A veces como pacientes, otras como acompañantes, familiares o profesionales. De hecho, el 89% de la población española ha visitado un centro sanitario en el último año. No son lugares lejanos ni excepcionales: forman parte de nuestro día a día. Y, precisamente por eso, la forma en la que los entendemos está empezando a cambiar.

Durante mucho tiempo, el hospital se ha concebido como un espacio puramente funcional, pensado para curar. Y lo sigue siendo, claro. Pero esa concepción ya no responde plenamente a las necesidades actuales. Según el Barómetro Saint-Gobain de los Hospitales 2025, el 72% de los usuarios se declara satisfecho con su experiencia. Aun así, las expectativas han subido. Hoy se espera algo más que una buena atención clínica.

Se espera, por ejemplo, sentirse cómodo dentro de un entorno que, en muchos casos, llega en un momento delicado. Se valora la luz natural, la privacidad, el silencio relativo, la sensación de no estar en un espacio saturado. También algo tan básico como orientarse fácilmente o no sentirse desbordado nada más cruzar la puerta. Son detalles que, sumados, cambian por completo la experiencia.

Porque el entorno no es neutro. Influye en cómo nos sentimos, en cómo encaramos una enfermedad e incluso en cómo nos recuperamos. Y también afecta a los propios profesionales sanitarios, que pasan allí gran parte de su vida.

Por eso, hablar de humanización no es solo una cuestión estética o de percepción. Es, cada vez más, un reto estructural. Los hospitales tienen que responder a una población más envejecida, a nuevas formas de atención y a una presión asistencial creciente. Eso obliga a repensar los espacios: hacerlos más flexibles, más adaptables, más preparados para lo que pueda venir.

En paralelo, el hospital deja de ser un edificio aislado para entenderse como parte de algo más amplio: la ciudad, el entorno, la comunidad. En línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11, esto implica diseñar espacios más accesibles, mejor integrados y con una vocación clara de servicio al conjunto de la sociedad.

Hoy en día ya existen ejemplos, como el Hospital Viamed de Tarragona, que reflejan muy bien esta nueva forma de entender el espacio hospitalario, donde el diseño contribuye directamente al bienestar. Ya desde la etapa de su concepción se ha priorizado la eficiencia energética y la reducción del impacto ambiental, pero también el confort de quienes lo habitan.

Asimismo, hay otro punto clave en este cambio: escuchar. Incorporar la experiencia real de pacientes, familiares y profesionales permite detectar mejoras que no siempre aparecen en los planos. Desde recorridos más intuitivos hasta materiales que mejoren el confort acústico o térmico, o espacios que inviten a la calma en medio de la incertidumbre.

A partir de ahí, la innovación en soluciones constructivas cobra todo el sentido. No solo para hacer edificios más eficientes o sostenibles, sino para crear entornos que realmente contribuyan al bienestar. El hospital del siglo XXI no puede limitarse a ser el lugar al que acudimos cuando algo falla. Tiene que ser un espacio que acompañe, que cuide en un sentido amplio y que responda a lo que hoy la sociedad espera de él.

Porque curar sigue siendo lo esencial. Pero la forma en la que se cuida importa, y mucho.

*** María Isabel Sánchez es directora de Soluciones Innovadoras de Saint-Gobain.