Cada vez más mujeres deciden emprender y poner en marcha un negocio propio. Ser autónomas les permite tener más control sobre su trabajo y sus horarios, un factor determinante para muchas de ellas de cara a conciliar su vida profesional y personal.

En España, uno de cada dos nuevos autónomos en 2025 fue una mujer, según la Federación Nacional de Asociaciones de Autónomos (ATA). Nuestro país supera la media europea en emprendimiento femenino: el 35,4% frente al 34,6% de la UE.

Me gustaría destacar que muchas mujeres toman la decisión de convertirse en microempresarias por necesidad, en el momento en el que se convierten en madres.

Una decisión tomada para disponer de mayor flexibilidad y poder cuidar de sus hijos sin renunciar a sus ingresos: el 53% de las madres emprendedoras en España así lo afirman, según el estudio Las Invisibles de la Asociación Yo No Renuncio del Club de Malasmadres. Pese a ello, 4 de cada 10 no están satisfechas con el equilibrio de su vida personal y familiar.

A nivel global, las altas cargas de cuidados, que aún asumen en mayor medida las mujeres, tienen un impacto directo en su capacidad para hacer frente a su vida profesional, según el informe GEM 2024/2025 Women’s Entrepreneurship.

Esto también impacta en las microempresarias: tienen más dificultades para invertir en el crecimiento de sus negocios y casi el doble de probabilidades que los hombres de cerrar la empresa debido a circunstancias familiares o motivos personales.

Además se enfrentan a otros obstáculos que limitan su progreso como la falta de acceso a capital y financiación, la brecha digital y tecnológica y las barreras sociales y culturales discriminatorias.

Si miramos más allá de nuestras fronteras, América Latina y Caribe es una de las regiones donde más mujeres emprenden: el 86% de las mujeres decide ser su propia jefa por necesidad.

Es el caso de la chilena María Cachaña, que abrió un negocio de cocina en su casa durante la pandemia para cuidar de sus hijos pequeños y recuperar los ingresos que había perdido al tener que dejar la venta de comida ambulante. Su objetivo: que ellos pudieran estudiar y tener un futuro mejor.

María es una de las 1,8 microempresarias que atiende la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA) en cinco países de América Latina.

Como ella, el 67% de mujeres que acompaña la Fundación son el único sostén económico en sus hogares: 1 de cada 2 madres emprendedoras está soltera. Además, la mayoría de estas madres con pequeños negocios de América Latina vive en entornos urbanos, lo que les encarece el coste de la vida.

Por eso en la Fundación estamos convencidos que apoyar a las madres emprendedoras es apostar por su desarrollo y el de su entorno, porque ellas son piedras angulares del progreso intergeneracional.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), destinan hasta el 90% de sus excedentes a educación, salud y alimentación familiar.

Nuestra experiencia así lo demuestra, porque pese a que sus negocios son más pequeños, crecen a tasas similares a las de los hombres y gracias a ellos pueden sacar adelante a sus hijos y darles más y mejores oportunidades.

Para conseguirlo, es necesario un acompañamiento cercano con servicios financieros (créditos, ahorros, microseguros...) y no financieros (formación, acceso digital) adaptados a sus necesidades y con un enfoque de género.

Al brindarles acceso a recursos y facilitarles la toma de decisiones se convierten en agentes de desarrollo social y económico. De hecho, solo en 2025, siete de cada diez personas atendidas por la FMBBVA que salieron de la pobreza fueron mujeres.

Entender las necesidades y realidades de las madres emprendedoras es solo un primer paso para actuar frente al desafío que es derribar las barreras que limitan su potencial y su conciliación entre su vida profesional y personal.

Hay que ponerlas en el centro a la hora de diseñar estrategias que promuevan su progreso porque está demostrado: cuando una madre logra su autonomía económica, su éxito no se queda en ella, sino que se convierte en el motor que empuja el progreso de las siguientes generaciones.

***Elizabeth Prado es responsable de Alianzas de Equidad e Inclusión de la Fundación Microfinanzas BBVA.