Tenemos un refugio y un pequeño paraíso al que nos escapamos cada fin de semana, cada verano. Mientras las costas se llenan de turistas, aquí nos venimos a descansar. A veranear. Como antiguamente. No queremos viajar, no queremos ser turistas en nuestro país, ni pelear por una mesa en un restaurante de la localidad de moda.

En nuestro pantano solo buscamos la paz: el paseo por la mañana, una vuelta en canoa si no hace calor, la siesta después de comer, un aperitivo al atardecer abarloados en el embalse.

Por las noches el cielo limpio nos permite ver estrellas a millones, sentir la esfera del cielo sobre nosotros. Somos conscientes de nuestra grandeza y nuestra pequeñez... Del infinito. La naturaleza es nuestro descanso.

Y como nosotros, hay cientos de madrileños y abulenses que tienen en "mi" pantano o en otros más cercanos, o en sus parcelas y casitas de campo, su gran pasión, su devoción, su paz... O su hogar.

En estos años cada vez que se ha podido hemos invertido un poquito en nuestro precioso rincón del mundo. Amamos sus pinos, sus encinas, los romeros y la lavanda, las amapolas de primavera, los tomates del verano, la lunaria que se seca y ofrece sus hojas de nácar.

Debajo de la ventana, nuestras playas y calas. Serenas. Con sus veleros y sus lanchas. Al fondo, se escuchan las chicharras, las avutardas. Con el buen tiempo llegan las golondrinas que hacen un nido en la misma ventana (como el de Bécquer). Nos sobrevuelan las águilas y los buitres.

En la noche, los murciélagos. Y hasta los mosquitos, parecen hoy idílicos, con tal de que todo permanezca. En los pinos de nuestra parcela hay ardillas y pájaros carpinteros. En los caminos, gamos, zorros, jabalíes... Qué habrá sido de ellos.

Me da un poco de vergüenza sentirme así de dolida y triste por mi casa de vacaciones. Mi segunda residencia. Soy consciente de que soy muy afortunada. Hay gente sufriendo muchísimo, perdiéndolo todo. Sus hogares, sus ahorros, sus recuerdos, sus animales...

Me congratula ver a los Reyes y en concreto, escuchar a Doña Letizia empatizar con este momento y hacerse cargo de esa pena tan inmensa, de esa preocupación tan bestia, de ese miedo al futuro. De ese humo que no viene de las llamas, pero que no te deja ver y hace que no puedas dejar de llorar. Les agradezco su espíritu conciliador y cariñoso.

Pero vaya por delante un agradecimiento más grande si cabe a los bomberos, a los pilotos de esos aviones y helicópteros, a los equipos de Salvamento, de Protección Civil. A los brigadistas de la UME, a los mandos. A los voluntarios que están ayudando a pie de calle, pero también, preparando las comidas, dando consuelo en los centros de refugio...

Gracias a la ANGED (Asociación de empresas de distribución) a World Central Kitchen... Gracias a los alcaldes que han dejado su ganado o su trabajo del que comen para organizar a los nuevos huéspedes. Y a todos los que no nombro y estáis ahí, perdonadme y gracias.

No hay nada más esperanzador que ver como llegan 30 bomberos con sus camiones, o pasan tres hidroaviones y un helicóptero descargando su agua sobre ese foco que produce terror. Y eso que solo lo ves en un vídeo dentro de un grupo de whastapp (de más de 450 vecinos) o en Facebook.

Sin embargo, no hay derecho a la cantinela que se tiene que escuchar, de todos aquellos que dicen "y todavía hay gente que no cree en el cambio climático", para atacar a otros. La monserga que nos ha caído como un mantra y que se oye desde la televisión pública porque es lo único que se les ocurre con tal de no ver la viga en el ojo propio.

Tal vez sí, haya cuatro gatos que no crean en esa evidencia científica. Y que nos dan igual. A nosotros lo que nos importa es qué ha hecho el Gobierno. El presidente sí cree en el cambio climático. Y no ha hecho nada. Bueno sí, desinvertir en medios. La emergencia climática (de la que lleva hablando desde 2022) era esto, sr Sánchez. Y su obligación, dotar de medios.

El pasado mes de mayo anunciaba a bombo y platillo una gran dotación antiincendios. Pero como tantas cosas suyas, esa declaración era solo una pantomima, un teatro, un embuste, una milonga. Una comunicación vacía. Porque no había planificación y ya sabía, presidente, que todo eso no llegaría a tiempo para la que se nos venía encima.

En los últimos meses España ha podido utilizar el prototipo para Airbus A400M que está en fase de pruebas operativas para combatir de emergencia los graves incendios forestales con 20 toneladas de retardante. Pero no lo ha hecho. Ni siquiera cuando llegó el incendio de Almería en el que han muerto trece personas huyendo de las llamas.

Francia, a diferencia de España, sí que ordenó activar de forma excepcional este prototipo en los incendios forestales de Burdeos. Y cada vez que vemos una imagen de los incendios en el sur de la Galia, es un Airbus soltando un líquido rojo que retarda el fuego alrededor del foco y permite luchar con más tiempo contra él.

Así pues, ¿qué hace contra la emergencia climática que lleva por bandera? Si no previene, si no dota de recursos.

Y yo me pregunto, qué le hemos hecho señor Sánchez para que usted gestione tan mal cada uno de los terribles acontecimientos que nos asolan. Qué hemos hecho para que este secuestro de la democracia que está usted perpetrando —apoyado por sus socios por supuesto—, venga acompañado además de este maltrato a los ciudadanos y esta falta de medios.

No somos un país pobre. Podemos costear lo que necesitamos. No para de mostrarnos los grandes números de nuestra economía.

La dana de Valencia, el accidente de Adamuz, estos incendios del infierno... las catástrofes que hemos vivido no son mala suerte, no son fruto del cambio climático. Son el resultado de la falta de gestión y de planificación. No saben gestionar, no saben solucionar y afrentan a las Comunidades que nunca antes se han visto tan solas.

Libérenos señor Sánchez. Devuélvanos nuestra democracia. No pretenda seguir gobernando debajo de los lodos de nuestros pueblos y sobre nuestras cenizas.

*** María Llanos Domínguez es profesora universitaria y vecina de Costa de Madrid, Pantano de San Juan. San Martín de Valdeiglesias.