Ya hemos puesto en marcha esta rueda que cada septiembre arranca con fuerza, especialmente en las familias, que retomamos el curso escolar de los más pequeños de la casa. Mochilas preparadas, actividades organizadas, horarios y rutinas recuperados: el ritual ya está en marcha.

Pero, dentro de esta vorágine, hay aspectos importantes que, como padres, no debemos pasar por alto porque pueden afectar directamente al rendimiento y al bienestar de nuestros hijos. Uno de ellos es el cuidado de la salud ocular.

La visión desempeña un papel fundamental en el aprendizaje. Acciones como leer, escribir, seguir las explicaciones en la pizarra o mantener la atención durante las horas lectivas requieren un adecuado funcionamiento del sistema visual.

La miopía, el astigmatismo, la ambliopía —u ojo vago— y otras alteraciones oculares pueden dificultar estas tareas y afectar al rendimiento de los niños en el colegio.

Por eso es fundamental la prevención. Hacemos hincapié en los primeros años de vida, ya que durante esta etapa el cerebro aprende a interpretar la información que recibe a través de los ojos y desarrolla las conexiones necesarias para alcanzar una visión normal.

En problemas visuales como la ambliopía, intervenir durante este periodo de desarrollo puede ser determinante.

Pero cuidar la visión de los más pequeños no debería limitarse a acudir a la consulta del oftalmólogo. Los hábitos cotidianos son los que harán que la salud ocular mejore o empeore, especialmente ahora que nos encontramos en un contexto en el que las pantallas forman parte de la educación, el ocio y las relaciones de los más pequeños.

También debemos prestar atención a cómo estudian nuestros hijos, sobre todo cuando tienen que utilizar un ordenador, una tablet o un teléfono. Es importante que exista una iluminación ambiental adecuada, que mantengan una distancia suficiente respecto a la pantalla y que realicen descansos.

Estas medidas pueden ayudar a evitar la fatiga visual durante las jornadas de estudio.

El cuidado de la salud ocular de nuestros hijos, sin embargo, no se limita al tiempo que pasan frente a los libros o las pantallas.

Hoy en día, los niños pasan más tiempo en espacios interiores y utilizan dispositivos digitales durante más horas, un cambio de hábitos que se ha relacionado con una mayor presencia de afecciones como el ojo seco, las conjuntivitis alérgicas y, especialmente, la miopía, que cada vez aparece antes: si hace años comenzaba en torno a los 12 años, ahora puede hacerlo a partir de los cinco.

A partir de los seis años, si empiezan a usar la tableta o el ordenador para hacer deberes, conviene limitarlo a una hora al día y evitarlo por la noche, ya que el uso nocturno de pantallas se ha relacionado con un mayor aumento de la miopía, especialmente cuando el móvil se usa más de una hora al día.

También es aconsejable respetar ciertas distancias con las pantallas —30 centímetros con el móvil, 40 con la tablet y 50 con el ordenador— y hacer descansos visuales cada media hora, por ejemplo, mirando por la ventana para relajar la mirada.

Del mismo modo, debemos recuperar el tiempo al aire libre en las rutinas de los niños: salir a jugar al parque, montar en bicicleta o simplemente caminar. Son actividades que benefician su desarrollo físico y emocional, además de reducir el tiempo dedicado a las tareas de visión cercana. Lo recomendable es intentar pasar, al menos, dos horas al día al aire libre.

Por último, conviene estar atentos a determinados gestos de los más pequeños —frotarse mucho los ojos, guiñar uno de ellos, desviar la mirada o mostrar dificultades para seguir las actividades—, ya que pueden ser señales de que algo no funciona correctamente. Ante cualquier sospecha, es fundamental acudir a un especialista para poder actuar cuanto antes.

En definitiva, el nuevo curso es una buena oportunidad para incorporar la salud ocular a esa lista de prioridades que cada septiembre elaboramos para nuestros hijos.

*** Dra. Pilar Merino es especialista en estrabismo y oftalmología pediátrica en IMO Grupo Miranza Madrid.