Mientras el mundo sigue los goles del Mundial 2026, en algún despacho de Zúrich alguien sigue avanzando el negocio del Mundial 2030. Nuestros ojos apuntarán hacia la frontera más compleja del mundo, África–Europa: España-Marruecos-Portugal.

Miles de millones en patrocinios y una pregunta sin respuesta: ¿qué legado le queda a las comunidades cuando el circo se marcha?

El fútbol moderno consolida una elitización sin precedentes: el ciudadano de a pie queda fuera del estadio mirando frías pantallas repletas de publicidad, mientras las cúpulas corporativas protagonizan y ocupan los palcos.

Mientras tanto, el informe Meaningful Brands advierte: el 75% de las marcas podría desaparecer sin que nadie lo lamentara. Además, los ciudadanos no se creen sus historias de sostenibilidad: ayudar personas o cuidar el medioambiente.

Ahí está, paradójicamente, la oportunidad. Ese escepticismo señala dónde reside el valor diferenciador del fútbol: en la calle y sus comunidades, no en el palco.

Este deporte, un catalizador social único del planeta, seguido por más de 4.000 millones de personas, es capaz de generar comunidad y movimientos sociales donde ninguna política pública llega.

La cuestión es que nadie ha convertido esa energía en algo que dure (o sea sostenible, como intentan orientar los ODS). Estadios vacíos, trabajadores precarizados y sin contrato, memorias de sostenibilidad que nadie lee: el patrón se repite en cada promesa de legado social incumplida.

En 2014, en el marco del Mundial de Brasil, co-creamos la Taça das Favelas con esas comunidades de Brasil, usando el Maracanã como escenario. Es el torneo de las favelas que conecta a jóvenes "carentes” de oportunidades y empleadores como clubes de fútbol.

Una década después, más de 800.000 jóvenes fueron movilizados, casi 10.000 favelas participaron, y sus líderes siguen viviendo de ello, trabajando con marcas globales. No fue asistencialismo. Fue liderazgo. No es ODS, es diferenciación auténtica.

Ahora, avanzando el Mundial 2030, y después de analizar más de 1.500 entrevistas en contextos de Mundiales -metodología avalada por Oxford y Berkeley- llegamos a una conclusión radical: la barrera que impide a los jóvenes en exclusión desarrollarse, emplearse, realizar sus proyectos, no es económica.

Las bienintencionadas ayudas de empresas, fundaciones y ONG son limitadas. La barrera es la ausencia de horizontes, perspectivas. Sin sueños perceptibles, los programas sociales (emprendimiento, educación, empleabilidad…) tienen limitado impacto.

Conectando nuestras experiencias en eventos mundiales deportivos de Reino Unido o Brasil con nuestra investigación en Oxford y Berkeley, co-creamos sobre los terrenos, con líderes locales, El Otro Mundial: La Cara Social del Mundial 2030.

Mientras los futbolistas disputan la Copa, desde 2026 a 2030 los jóvenes líderes locales se forman de manera diferenciada realizando sus propios proyectos.

Por ejemplo en Níjar, un punto geográfico estratégico entre España, Marruecos y Portugal, ya realizaron proyectos reales -además de su propio torneo de fútbol, La Níjar Elite League- graffitis sobre plásticos reciclados de invernaderos, música con DJs de favelas de Río de Janeiro, gastronomía con chefs con estrella Michelin, audiovisuales...

Así se forman, conectan con empresas, y generan renta. Cinco participantes ya están formalmente empleados. El fútbol es la excusa, el gancho para inspirar la formación para realizar otros proyectos y conseguir empleo.

Identificamos líderes jóvenes en comunidades del Mundial, como villas miseria de Argentina, y les ayudamos a construir sus propios proyectos mientras juegan y organizan torneos de fútbol.

Profesionales voluntarios, como Rafa Ruiz Bada -miembro del comité de árbitros de la Real Federación Española de Fútbol- tutorizan sobre el terreno, no desde un aula.

Y ese intercambio no es unidireccional. Una nueva clase social de profesionales experimentados –empleados o en transición– busca propósito sin encontrarlo en retiros exóticos.

Esta conexión con líderes locales genera algo que ningún programa corporativo produce: sentirse útil para crear soluciones concretas y duraderas. Aunque soplen vientos para polarizar, creemos en conectar. Estamos convencidos de que hay más verdad en la diversidad que en la homogeneidad.

La metodología también está cautelosamente pensada para diferenciar. Los impactos no se miden con métricas de despacho. Lo hacen y comunican quienes los viven.

Abdella, organizador de la Níjar Elite League desde la Asociación Sol Descalzo, destaca: "por fin somos capaces de mirar hacia el futuro, hacer el torneo de nuestros sueños, y ayudar a los chiquillos menores".

Nuestros beneficiarios no rellenan encuestas: prescriben el proyecto a otros líderes. De Lavapiés, donde actúan los Dragones; a Río, con PZR producciones de Favela Prazeres.

El Mundial de 2030 puede ser, como es común, un espectáculo distante, que deja comunidades con promesas incumplidas. O puede ser la primera edición en que el legado lo construyan los propios líderes locales, con el fútbol como saque de honor.

¿Qué tipo de Mundial queremos recordar mañana? ¿Uno que nos dijo que el deporte une, o uno que demostró que puede hacerlo?

***Leonardo Martins Dias, Co-fundador y Global Impact Lead de Conécta+Te, un Centro de Impacto Mundial que impulsa La Cara Social del Mundial 2030 con Pilar Calderón Maldonado y Rafael Ruiz Bada.