El aumento de los precios de la electricidad en Europa no es casual, sino que responde a décadas de falta de inversión en soberanía energética. Durante años, la transición energética se entendió principalmente como una cuestión climática, ligada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la Agenda 2030.

Hoy, la economía europea exige algo más urgente: energía asequible y fiable, no como aspiración, sino como imperativo económico. La guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la volatilidad de los mercados energéticos han convertido la energía en uno de los principales desafíos económicos del momento.

La transición energética ya no es solo política medioambiental, sino una cuestión de resiliencia económica y social, y una llamada a desplegar tecnologías ya disponibles.

En este contexto, España ocupa una posición singular en Europa. Hace veinte años, la energía solar era vista con escepticismo. Hoy tenemos algunos de los costes eléctricos más bajos del continente, situándonos en 44 €/MWh frente a una media europea de 93 €/MWh.

No se trata de una anomalía puntual ni del resultado de subsidios temporales. España se ha consolidado entre los países con la electricidad más barata de Europa. La base de estos precios es la generación doméstica de energía limpia. En 2025, el 55,5% de la electricidad en España provino de renovables, llegando al 56,6% con autoconsumo.

La eólica, solar y nuclear superaron los 150.000 GWh, con la solar aportando más de 50.000 GWh. A medida que crecen las renovables, los precios dependen menos del gas: este fijó el precio en el 75% de las horas en 2019; en 2025 bajó al 19% y en los primeros meses de 2026 al 9%.

El objetivo de energía asequible y limpia no es una meta lejana, como muchos creen. España está demostrando que es alcanzable.

Nuestro avance se basa en un cambio estructural del mix energético, con un fuerte crecimiento de las renovables. Este giro ha reducido la dependencia de combustibles fósiles y ha transformado el sistema hacia un modelo más resiliente y soberano.

El progreso no depende solo de generar energía limpia, sino de integrarla en el sistema eléctrico. La estabilidad de precios y la reducción de la volatilidad del gas en el mix han sido claves para consolidar este avance.

El reto actual está en la red eléctrica. El apagón ibérico de 2025 evidenció que el problema no fueron las renovables, sino la gestión de la red ante variaciones de voltaje que provocaron desconexiones en cascada, según ENTSO-E.

Todo pionero se enfrenta a obstáculos. Pero también abre la oportunidad de acelerar la adopción de soluciones que ya existen para estabilizar la red y modernizar la infraestructura eléctrica.

Capital privado

La transición energética ha estado tradicionalmente impulsada por regulación pública, pero el capital privado está ganando protagonismo, con actores como Norrsken, Ship2B Ventures e Inclimo.

Esta tendencia se acelera por la demanda de inteligencia artificial, centros de datos, hidrógeno verde, electrificación industrial y transporte eléctrico.

España ya cuenta con empresas líderes. Delfos optimiza infraestructuras renovables en más de 1.000 instalaciones en Europa, detectando anomalías y reduciendo costes de mantenimiento.

Submer va a construir una gigafactoría en Rubí (2027) para tecnología de refrigeración por inmersión en centros de datos. La demanda de IA podría requerir 10.000 nuevos centros de datos en el mundo en 2030. Otras compañías destacadas incluyen Holaluz, Solfy y Rondo Energy.

Lo que está ocurriendo en España anticipa lo que Europa podría lograr a mayor escala.

Cada era económica ha estado definida por su energía: el carbón construyó imperios, el petróleo redefinió la geopolítica. Quienes dominen la energía limpia marcarán el próximo capítulo.

Cumplir el objetivo de energía asequible, fiable y limpia no depende solo de voluntad política. Desde Norrsken, hacemos un llamado a inversores, empresas, responsables políticos y fundadores a unirse a la Electro-Unión.

Las decisiones de inversión actuales definirán qué tecnologías escalan y cómo se estructura el sistema energético europeo durante décadas.

España ha mostrado el primer capítulo de este objetivo en la práctica. Ahora Europa debe escribir el resto de la historia.

***Rocío Alcocer es Managing Director de Norrsken Barcelona.