Ousman Umar en una imagen de archivo.

Ousman Umar en una imagen de archivo. Santi G. Barros

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Ousman Umar y su viaje al "país de los blancos": de cruzar a pie el Sáhara a crear su propia ONG para ayudar a jóvenes ganeses

El autor y activista acaba de publicar un cuento y de estrenar una película para contar su periplo migratorio hasta España cuando era solo un niño.

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Ousman Umar (Fiaso, Ghana, 38 años) era solo un niño cuando decidió que saldría de su pueblo y viajaría a lo que entre sus mayores se conocía como "el país de los blancos [el mundo occidental]". Lo hizo la primera vez que vio un avión sobrevolando el cielo de su hogar.

Lo que para muchos niños es lo más habitual –algo a lo que casi ni le hacen caso– para él fue el despertar de su curiosidad: ¿qué tenía el país de los blancos que ellos no? Unas preguntas que, con 12 años, le llevarían a embarcarse en el viaje más peligroso de su vida.

Un camino que, antes de llegar a España, le haría atravesar a pie el desierto del Sáhara o construir su propia embarcación para atravesar la ruta canaria y llegar hasta Fuerteventura. Entre medias, sufrió la explotación, los engaños y los abusos de las mafias que trafican con personas.

"Si volviera atrás en el tiempo, no volvería a hacerlo. Pagué un precio demasiado alto", dice firme en conversación con ENCLAVE ODS.

El activista lleva años dedicándose a concienciar sobre los peligros a los que se enfrentan quienes deciden abandonar sus casas y seguir las rutas migratorias en busca de una vida mejor. Su objetivo es contar su historia hasta que no haya más casos como el suyo.

En 2022, contó su historia en el libro Viaje al país de los blancos (Debolsillo). Una obra que acaba de adaptarse al cine con la película homónima, aún disponible en cines. Además, ha plasmado recientemente su periplo en el cuento El viaje de Ousman para acercarla a los más pequeños.

Consciente de que el futuro exige multiculturalidad, Umar busca erradicar el racismo educando a los más pequeños. Sabe que para construir una sociedad tolerante hay que empezar desde cero : "El odio se ha consolidado y, en parte, es por falta de acceso o contacto con realidades distintas a las nuestras desde la base"

Por ese motivo, ha trabajado también en el lanzamiento de la película. Algo que considera "un logro sin precedentes para poder llegar a la gran masa".

Su historia acabó con final feliz gracias a que Montserrat Roura, a quien él mismo considera su madre española. La conoció al poco de llegar a Barcelona, el último destino de su periplo.

Ella y su marido le acogieron en su casa y se convirtieron en sus tutores después de que Umar pasara un tiempo durmiendo en las calles de la ciudad condal. No obstante, eso no significa que no haya enfrentado, y siga enfrentando, episodios de racismo.

Para él, este es un concepto que, lejos de ser reduccionista y simplista, se sustenta en tres pilares: la ignorancia y el miedo a lo desconocido y a los pobres. Este trío de factores, defiende, es el que sostiene el odio con mensajes como el famoso bulo cómo los migrantes roban el trabajo a los habitantes del país al que llegan.

"Nací en una aldea, con 18 años casi vivía en la calle y no sabía hablar castellano y ni catalán. Si te quito el trabajo, el problema lo tienes tú".

El ganés no se muestra sorprendido con el auge de los discursos racistas: "Cuando las cosas van bien, todo el mundo es buena persona. Descubrimos quiénes somos de verdad en los conflictos, cuando las cosas se complican [como en la crisis actual]".

Reconoce que la extrema derecha ha ganado puntualmente la batalla, pero se mantiene optimista y ve el vaso medio lleno. Prefiere centrarse en la ilusión de que todavía hay "muchísima gente que siguen creyendo que de verdad es posible la convivencia, una sociedad mejor basada en la acogida".

Contribuir a la sociedad

Umar cuenta que siente la presión de contribuir a la sociedad de todo el mundo, de aportar su propio grano de arena. Algo que no tiene que ver con que sea migrante, sino con el simple hecho de formar parte de la humanidad.

"Vivimos en un mundo globalizado que es la casa común de todos, lo mínimo que podemos hacer es contribuir a su mejora". Sin embargo, opina que hay grupos que sienten que no les afectan problemas como el cambio climático.

El activista desmonta la narrativa europea sobre la migración y recuerda que la memoria es corta, ya que, históricamente, el Viejo Continente ha sido "la mayor fábrica de migrantes del mundo". Muchos europeos cruzaron los océanos buscando fortuna, un pasado que hoy se silencia bajo etiquetas selectivas y deshumanizadoras, denuncia.

El escritor denuncia una hipocresía estructural: Europa externaliza sus fronteras pagando a países norteafricanos para ejecutar el trabajo sucio en las fronteras. En lugar de asumir los derechos humanos, prefiere alejar el conflicto de su suelo, convirtiendo el tránsito migratorio en un asunto de terceras potencias.

Él mismo lo vivió durante su periplo a España. En Argelia él y sus compañeros fueron detenidos y encarcelados. Cada dos días les llevaban a una prisión distinta, les cambiaban los nombres y les volvían a detener como si fueran nuevos migrantes arrestados, rememora. "Europa ha perdido la responsabilidad social de los derechos humanos".

Frente a la vía policial y la expulsión, Ousman propone un cambio radical en el propio planteamiento: crear prosperidad en origen, no caridad. La solución, defiende, debe pasar por potenciar el talento local mediante la educación digital, permitiendo que el futuro se programe desde su propia tierra.

Por eso decidió fundar su ONG, Nasco Feedings Minds, creada por jóvenes africanos y con el objetivo de cambiar el paradigma de la ayuda humanitaria a través de la educación digital en Ghana.

Umar la creó en 2012 cuando compró 45 ordenadores con sus propios ahorros y los envió a su país para abrir la primera aula de educación digital. Su propio hermano –al que había convencido para quedarse en su tierra– se ha convertido en un caso de éxito gracias a la entidad.

Gracias a la formación que ofrece la ONG se pudo convertir en 2020 en el candidato más joven al Parlamento del país, cuenta Umar con orgullo. "Es un ejemplo de que, alimentando mentes, la gente puede cambiar, luchar para mejorar su situación, que las grandes batallas se ganan desde dentro, no desde fuera".

Esa es la visión que él ha querido ofrecer siempre a los jóvenes, que para poder tener una vida próspera no hace falta jugarse la vida como lo hizo él. Pueden quedarse y tener una vida decente.

"Hoy ya tenemos chicos capaces de trabajar desde Ghana para empresas de España sin subir ninguna patera", cuenta orgulloso. Gracias a su acuerdo con la empresa social Tech Talent África cuentan con 23 jóvenes ejerciendo como informáticos desde su país.

Para Umar este es el camino que demuestra que, realmente, la crisis migratoria se trata de una falta de formación e información. "El talento no tiene color, solo es cuestión de una oportunidad".