Hace unos días el FC Barcelona anunciaba que iba a poner en marcha una plataforma para facilitar la compra-venta de merchandising de segunda mano del Club.

¿El Barça vendiendo camisetas de segunda mano? Claro. Y es que con ello consigue controlar el mercado paralelo generado alrededor de su merchandising, frenar la compra-venta de falsificaciones, conocer mejor los intereses de sus aficionados, fidelizarlos y, no menos importante, capitalizar unos ingresos que hasta ahora se le escapaban hacia plataformas de terceros como Vinted o Wallapop. Ignorar esto, hoy, sería poco inteligente.

Pero el caso del Barça no es una excepción, sino un ejemplo más de una tendencia en auge. De hecho, en el caso concreto del retail ya son muchas las marcas que han entendido todo lo que hay en juego.

Patagonia fue una de las pioneras, con su plataforma de reventa Worn Wear que desde 2013 permite a los consumidores vender sus productos a cambio de un vale para seguir comprando en la marca.

Ralph Lauren también apostó ya en 2012 por RL Vintage para vender prendas recuperadas por la propia marca y desde 2021 también cuenta con un sistema online basado en vouchers. Les han seguido muchas firmas del segmento luxury o premium, entre las que se encuentran Victoria Beckham, Isabel Marant, Maje, Silbon, Lacoste o Sandro París.

En el caso de Sandro, por ejemplo, la marca cuenta también desde 2021 con un servicio de reventa online y, desde 2025, lo ha llevado a lo físico en más de 60 puntos de venta.

En este periodo la firma ha facturado más de un millón de euros en artículos de segunda mano y, al mismo tiempo, ha impulsado dos millones de euros en ventas de nueva colección, además de atraer a una nueva clientela que entra en la marca a través de la segunda mano.

Está claro que, para las marcas de lujo o premium, controlar la segunda mano es una apuesta estratégica: permite obtener valor de productos ya vendidos, fidelizar clientes, llegar a nuevos públicos y, sobre todo, reducir y controlar el mercado de falsificaciones.

Ahora bien: ¿puede funcionar la segunda mano también en modelos más cercanos al fast fashion? En este caso, la propuesta es más compleja, por cuestiones asociadas al valor del producto o directamente a su calidad, pero algunos grupos lo están intentando, como es el caso de Inditex con Pre-Owned de Zara. Otras como Kiabi, Zalando o H&M han optado por combinar la reventa de sus propios productos con los de otras marcas. Y parece que, aunque lentamente, el modelo despega.

En el caso de H&M, por ejemplo, su plataforma Pre-Loved superó los 170 millones de euros en reventa en 2025, con un crecimiento del 31% respecto al año anterior. De momento esta cifra supone el 0,8% de la facturación del grupo, pero teniendo en cuenta las cifras con las que se mueve, no está nada mal.

Sea como sea, lo que está claro es que los operadores de la moda han entendido que la segunda mano tiene valor. Y que, ya sea con prendas propias o de terceros, prefieren estar dentro del negocio antes que dejarlo en manos de otros.

Otro gran beneficiado, por supuesto, es el cliente, que puede acceder a productos, muchas veces de primeras marcas, a precios más bajos, con la garantía de autenticidad y, además, obtener un retorno cuando decide desprenderse de ellos.

Pero, sobre todo, quien más va a salir ganando si esto de la segunda mano cuaja (y parece que sí) es el planeta, que podrá relajarse un poco al ver reducida la extracción de recursos naturales y las emisiones asociadas a un sistema todavía basado en la economía lineal.

Ni tan mal.

*** Sònia Flotats es directora de Move! Moda en Movimiento.