En salud, las decisiones no se sustentan en intuiciones, sino en evidencia. La medicina avanza al ritmo de los datos y del conocimiento científico, y una de las áreas que mejor refleja esta transformación es la oncología. El abordaje tradicional del cáncer —basado fundamentalmente en cirugía, quimioterapia y radioterapia— está evolucionando hacia una medicina de precisión que prioriza la individualización terapéutica.

Hoy ya no hablamos únicamente de un cáncer, sino del tumor específico de una persona concreta, con características biológicas propias que determinan su comportamiento y, sobre todo, su tratamiento.

La palabra 'cáncer' sigue teniendo un impacto emocional difícil de igualar. Todos hemos sido, o seremos, testigos del vértigo que acompaña a un diagnóstico oncológico: la incertidumbre, el miedo, la sensación de pérdida de control.

Sin embargo, en paralelo a esa carga emocional, la ciencia está abriendo un espacio para la esperanza. Más conocimiento significa más opciones, tratamientos más ajustados y, en muchos casos, mejores pronósticos.

Aliados desconocidos

En el centro de esta revolución silenciosa de la medicina de precisión se encuentran los biomarcadores. Son genes, proteínas u otras sustancias que, ante un diagnóstico oncológico, se analizan para revelar detalles importantes sobre el cáncer que tiene una persona.

Analizarlos no es un mero ejercicio de laboratorio, es la herramienta que nos permite poner nombre y apellidos al cáncer, comprender su biología y seleccionar la estrategia terapéutica más adecuada.

En España, según el informe Las cifras del cáncer en España 2026 de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), se estima que durante este año se diagnosticarán más de 300.000 nuevos casos de cáncer, de los que cerca de 35.000 serán de pulmón, el tercer tumor más frecuente en nuestro país por detrás del de mama.

Si hablamos del cáncer de pulmón, existen diferentes tipos de biomarcadores, como pueden ser la mutación de EGFR, presente en cerca del 15% de los pacientes con cáncer de pulmón no microcítico (CPNM) — el más común—, traslocación de ALK y mutación de BRAF, que aparecen en alrededor del 4% de los casos de CPNM.

También destaca la alteración por omisión del exón 14 del gen MET (METex14), que se da en el 3-4% de los pacientes con cáncer de pulmón no microcítico y está relacionado con un mal pronóstico.

A mayor visibilidad, mayor conocimiento y mejores decisiones

El potencial transformador de los biomarcadores es incuestionable. Permiten optimizar tratamientos y avanzar hacia una atención verdaderamente personalizada. Sin embargo, el progreso científico no siempre se traduce automáticamente en conocimiento social. Existe una brecha entre lo que la ciencia ya es capaz de ofrecer y lo que la ciudadanía conoce o comprende.

Si aspiramos a una medicina verdaderamente individualizada necesitamos también una sociedad informada. Asociar de forma natural el concepto de cáncer de pulmón al de biomarcador no es una cuestión técnica, sino un paso imprescindible para que pacientes y familias puedan participar activamente en las decisiones clínicas.

Además, entender que la biología del tumor guía el tratamiento y que existen terapias personalizadas cambia la percepción de la enfermedad por parte de la persona que recibe el diagnóstico.

Podríamos decir que, en salud, comunicar es una forma de ofrecer información y esperanza. Como compañía de ciencia y tecnología, en Merck creemos que visibilizar esta realidad forma parte de nuestra responsabilidad.

Por esa razón, hemos impulsado la campaña Biomarcadores: un zoom al cáncer del pulmón con el aval de la Asociación Española de Afectados de Cáncer de Pulmón (AEACaP) y la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP). Comunicar ciencia no es amplificar mensajes, es generar comprensión. Traducir el avance biomédico en conocimiento accesible y útil es contribuir a que la innovación no se quede en el laboratorio, sino que llegue a quien más la necesita.

*** Cristina Fragua es directora de comunicación de Merck en España.