El mundo vive un momento histórico: alcanzamos cifras récord de densidad poblacional. Hoy, una de cada cuatro personas habita en un país donde la población ya ha llegado a su máximo nivel, y España es uno de ellos. Según el INE, nuestro país alcanzó en 2025 los 49,3 millones de habitantes.

Cuando la población crece, las ciudades se transforman. Los barrios se multiplican, surgen nuevas infraestructuras y modos de vida.

Las urbes son ecosistemas dinámicos que evolucionan con y para las personas. Más del 55% de la población mundial vive en núcleos urbanos, y en 2050 superará el 68%, indica la ONU.

Esto hace que el desarrollo urbano no pueda medirse sólo por crecimiento, sino por su capacidad de equilibrar bienestar humano, sostenibilidad y eficiencia y, en este sentido, la movilidad se ha convertido en un termómetro de ese equilibrio.

La prueba está en que moverse por grandes capitales como Madrid es cada vez más complejo. Sólo en 2024, 375 millones de vehículos circularon por la M-30, un millón al día.

Esto genera que los conductores madrileños pierdan un promedio de 74 horas al año por congestión, situando a Madrid a la altura de ciudades europeas mucho más grandes como Londres o París.

Pero el debate de la movilidad no es sólo emisiones o tráfico. Hablar de movilidad es hablar de personas, tiempo y oportunidades.

Si queremos que las ciudades evolucionen al ritmo de las personas, debemos tomar decisiones valientes. Los agentes de la movilidad podemos ayudar a grandes ciudades como Madrid a abordar muchos de los retos a los que se enfrenta actualmente.

De hecho, si Cabify desapareciese, casi medio millón de coches adicionales circularían cada día, congestionando la ciudad. En 2050, la situación sería insostenible.

Activando las licencias solicitadas por Cabify, se reduciría el uso del coche privado y la ciudad podría crecer situando a las personas en el centro.

El 90% de las ciudades están ocupadas por coches, un dato alarmante que invita a reflexionar sobre si las decisiones de hoy nos acercan al modelo de ciudad que necesitamos. Las urbes deben planificar ya la movilidad del futuro, basada en sostenibilidad, tecnología y calidad.

La electrificación es también uno de los motores de cambio. Ya no es una tendencia, sino algo necesario para poder avanzar hacia unas ciudades más limpias y mejores.

En España, el parque electrificado creció un 28% a finales de 2024, lejos aún de los 5,5 millones de vehículos eléctricos previstos para 2030.

En Cabify, el 97% de los kilómetros recorridos en 2024 fueron con vehículos híbridos o eléctricos. Esto demuestra que la inversión privada puede acelerar transformaciones reales, especialmente con apoyo institucional. Miles de personas disfrutan de movilidad cero emisiones sin tener coche propio.

El futuro de la movilidad no está sólo en qué vehículos usamos, sino en cómo lo hacemos. La movilidad compartida y conectada multiplica el impacto positivo: un coche eléctrico compartido reduce hasta diez veces más emisiones que uno particular. Menos movilidad flexible significa más tráfico y contaminación, lo que se traduce en una peor calidad de vida.

Pero la conversación no se queda sólo aquí: los cambios que necesitamos para vivir mejor dependen de una estrecha colaboración público-privada y de tomar decisiones centradas en las personas.

Necesitamos una hoja de ruta clara que permita planificar la demanda y la oferta de movilidad en tiempo real e impulsar marcos regulatorios estables que acompañen la innovación, así como el desarrollo de una red de infraestructura de recarga pública fiable y extendida.

Recordemos que si queremos una mejor calidad de vida, debemos diseñar ciudades que de verdad estén pensadas por y para las personas. Porque las ciudades del futuro no se construyen sólo con ladrillos o carreteras, sino con decisiones —en ocasiones valientes— que se toman cada día.

*** Alberto González es director general de Cabify en España.