El turismo es hoy una de las facetas de nuestra vida más transformadas —y más transformadoras— desde lo tecnológico. Pero avanzar sin atender al entorno ya no admite excusas: solo un modelo responsable alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible será realmente sostenible.
La Agenda 2030 nos interpela. No basta con crecer: hay que hacerlo respetando comunidades, patrimonio y biodiversidad.
Este nuevo paradigma exige modelos que combinen datos, empatía y anticipación para lograr un equilibrio entre bienestar, futuro y naturaleza compartida.
La tecnología puede ser parte activa de esa armonía. Plataformas que captan datos en tiempo real, sensores que optimizan recursos y análisis que prevén saturaciones.
No se trata de exhibir innovación, sino de tejer inteligencia para proteger lo que nos hace únicos: los lugares.
Imaginemos destinos que detectan picos turísticos y regulan el flujo de visitantes, promoviendo rutas alternativas o ajustando servicios.
Así se evita la saturación, se respeta el patrimonio y se vive el entorno de la manera más responsable posible. La prevención se convierte en cuidado activo.
La eficiencia energética es otra pieza esencial. Regular iluminación, climatización o agua según ocupación no es solo ahorro, sino compromiso con el planeta. La IA, el Big Data o el Internet de las Cosas (IoT), entre otras tecnologías, están redefiniendo la manera de planificar viajes, gestionar recursos e interactuar con los entornos locales.
El turista, parte activa
A través de esta evolución, los actores del sector pueden alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y dar respuesta a las nuevas demandas de los viajeros conscientes.
El viajero ya no es un espectador, es parte activa. En el mercado existen aplicaciones capaces de medir la huella de cada actividad o promover experiencias locales responsables ayudan a que la elección —el destino, la forma de moverse, lo que se contempla— sea un acto de cuidado.
Pero debemos tener en cuenta que innovar no es sinónimo de deshumanizar. Su valor está en apoyar decisiones que honren el paisaje, la historia y las personas.
Porque el turismo, en su mejor versión, conecta lo digital con lo vital.
Un aspecto esencial es la dimensión comunitaria. No basta con preservar entornos naturales: también es imprescindible garantizar que las comunidades locales se beneficien de la actividad turística.
Cuando la riqueza se distribuye de manera justa, se refuerza el tejido social y se preservan culturas.
Del mismo modo, la sostenibilidad debe concebirse como una tarea compartida. Gobiernos, empresas y viajeros tienen un papel complementario que desempeñar.
Desde la planificación de políticas públicas hasta la elección individual de un trayecto, cada decisión suma o resta en la construcción de un sector turístico más justo.
El turismo del futuro será sostenible o, sencillamente, no será. Lo exige la urgencia climática, lo requiere la justicia social. Y lo reclama nuestra propia capacidad para redefinir el viaje: más consciente, más conectado y respetuoso. Ahora toca responder y estar a la altura.
***Doris Seedorf es CEO de Softtek para España.