Con la aparición del SARS-CoV-2, que provocó la primera pandemia del siglo XXI, se aceleraron todos los estudios que podían resultar en una vacuna contra el virus. En esta carrera científica sin precedentes se lograron establecer varios prototipos vacunales que, inmediatamente, fueron usados en la mayor campaña de inmunización que ha vivido nuestra generación.

No es un secreto que la urgencia estuvo detrás de cada uno de los vistos buenos recibidos por las vacunas finalmente aprobadas y aplicadas a la población. Luego, tal y como esperábamos, aparecieron los efectos secundarios. Fiebre, cansancio y temblores eran los más comunes. Mas no se quedó ahí; la preocupación se instaló en cada uno de nosotros cuando comenzaron a reportarse casos de trombosis, algunos con desenlace fatal.

El goteo de noticias sobre trombos aparecidos luego de la vacunación amenazaba con volverse una lluvia torrencial. Todos leímos titulares como: 30 personas presentaron coágulos de sangre después de recibir la vacuna, 7 han muerto: La presentadora británica Lisa Shaw murió por un trombo tres semanas después de recibir la vacuna; Muere un profesor de 30 años por un trombo tras vacunarse. ¿Causalidad o casualidad?

Sabemos que la frecuencia de aparición de enfermedades vasculares debidas a un trombo es relativamente alta. De hecho, según algunas estadísticas, una de cada cuatro muertes en el mundo es debida a este poco deseado fenómeno, algo que se incrementa con la edad. En este sentido, la incidencia en menores de 50 años se sitúa en un caso por cada mil personas al año, mientras que cuando se rondan los 80 la cifra se eleva a ocho.

Ya pasada la pandemia, aún vemos con preocupación las noticias de personas con trombos que, de alguna manera, se relacionan con las vacunas contra el SARS-CoV-2. ¿Qué hay de cierto en ello?

Una cosa tenemos claro, la mayoría de las vacunas contra la Covid-19 demostraron una alta eficacia contra la infección por el SARS-CoV-2, la hospitalización relacionada con este virus y la muerte debido a esta enfermedad. Sin embargo, existen informes de individuos que sufrieron eventos tromboembólicos inusuales tras inmunizarse con las vacunas basadas en adenovirus. Es decir, las que no usaban la novedosa tecnología del mRNA. Asimismo, se descubrió que estas últimas se asocian con un riesgo de miocarditis.

También es cristalino que la infección con el SARS-CoV-2 puede desencadenar complicaciones cardiacas y trombos. De hecho, aunque disminuye lentamente con el tiempo, el riesgo de complicaciones graves sigue siendo elevado hasta un año después de la infección.

Quizá debido a que hace poco sufrí una tromboflebitis superficial que me sacudió internamente, he estudiado con atención un artículo científico, publicado esta semana en la revista Heart. En él se aborda directamente el tema de la potencial relación entre las vacunas contra la Covid-19 y la aparición de los trombos debido a esta enfermedad.

El equipo multinacional de autores compuesto por científicos del Reino Unido, España, Estonia, Noruega y Holanda se planteó un objetivo claro: estudiar la asociación entre la vacunación contra el virus SARS-CoV-2 y el riesgo de complicaciones cardiacas y tromboembólicas después de padecer la Covid-19.

Para el análisis se utilizaron cohortes de individuos de España, Reino Unido y Estonia. El estado de vacunación —vacunado versus no vacunado— se empleó para clasificar a los individuos y se estudiaron la aparición de insuficiencia cardiaca (IC), tromboembolismo venoso (TEV) y trombosis arterial (TEA). Todo ello registrado en cuatro intervalos de tiempo tras la infección por SARS-CoV-2.

En cuanto al volumen de individuos incluidos en el estudio, debo decirte que es impresionante: 10,17 millones de personas vacunadas y 10,39 millones no vacunadas.

¿Resultados?

Existe una clara reducción del riesgo de eventos tromboembólicos y cardíacos en la fase aguda de la Covid-19 asociada a la vacunación. En cifras: entre un 45 y 81 porciento menos cuando la persona estaba vacunada. Este hallazgo fue consistente en cuatro bases de datos en los tres países europeos incluidos en el estudio. Por otra parte, los riesgos de TEV pos-Covid-19 aguda, TEA e IC también se redujeron, pero en menor medida y aquí te hablo de entre un 24 a un 58 porciento menos también en los vacunados.

En resumen, el estudio nos dice que la vacunación contra el SARS-CoV-2 redujo sustancialmente las complicaciones tromboembólicas y cardiacas agudas que aparecen debidas a la Covid-19. Esto se debe, probablemente, a la significativa reducción del riesgo de infección por SARS-CoV-2 y de la gravedad de la enfermedad Covid-19 que se experimenta al vacunarnos.

También se observó que la reducción del peligro de padecer TEV, TEA e IC posteriores a la Covid-19 en las personas vacunadas se prolonga hasta un año. Este dato no se confirma en otras complicaciones.

Es cristalino que los resultados del estudio ponen de relieve otro beneficio más de la vacunación contra la Covid-19. No obstante, aún quedan preguntas por responder. Entre ellas: ¿cuál es la duración del efecto protector?, y ¿qué impacto que tiene la vacunación de refuerzo?

Como siempre digo, lo bueno de la ciencia es que es cierta, creas en ella o no. Sobre esto último te prometo que hablaremos próximamente.