Tienda de ropa. Istock
Medir la huella de carbono en la moda deja de ser un lujo: una tecnología reduce su coste de miles de euros a céntimos
El grupo industrial Nextil lanza un software automatizado que permite a las pymes certificar el impacto real de sus prendas.
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La transparencia ambiental en la moda ha dejado de ser una declaración de intenciones para convertirse en el nuevo "ticket de la compra". Y es que aunque actualmente sea voluntario, las nuevas normas europeas están convirtiendo cada gramo de CO₂ en un dato obligatorio que se medirá con lupa.
Hasta hoy, conocer el impacto real de una prenda, desde el cultivo de la fibra hasta que sale de la fábrica, era un proceso reservado a las élites del sector, con auditorías que podían costar hasta 15.000 euros por producto.
Para derribar esta barrera, el grupo industrial español Nextil, en alianza con la tecnológica Xain, ha logrado desarrollar una herramienta que permite calcular la huella de carbono de una prenda de forma automatizada.
La tecnología propone que empresas con distintos niveles de digitalización puedan comenzar a medir el impacto ambiental de sus productos de forma inmediata. También permite calcular la huella de CO₂ de colecciones completas y trasladar esa información al consumidor final.
Esta solución se integra en el espacio de datos industrial desarrollado por IndesIA, una iniciativa orientada a facilitar el intercambio seguro de información entre empresas y acelerar la digitalización de la industria española.
Democratizar el dato
Para entender este salto tecnológico, conviene imaginar el sistema como un traductor digital de alta precisión. Hasta ahora, certificar la huella de una prenda era un proceso manual, lento y prohibitivo. Pero ahora, esta nueva herramienta es capaz de leer la información técnica de las etiquetas y cruzarla al instante con bases de datos científicas para dar un resultado automático.
Como explica César Revenga, CEO de Nextil, la clave no es solo la rapidez, sino la eliminación de la barrera del dinero: "Toda medición de CO₂ tiene una parte de estimación, también las tradicionales. Lo que hemos hecho es llevar esa estimación a una desviación mínima, de apenas un 3,21% respecto a un análisis físico completo, pero con una diferencia de coste de 1 a 100.000".
Confirma que no sacrifican la precisión, sino la burocracia del proceso. Al automatizar la certificación y reducir su coste de miles de euros a solo unos céntimos, la transparencia ambiental deja de ser un gasto prohibitivo. Esta tecnología permite que las pymes conviertan lo que antes era una barrera económica en una ventaja competitiva.
Con este nuevo escenario, Revenga, es contundente: "Las empresas que no hayan construido esa infraestructura de datos a tiempo se enfrentarán a un doble problema. Por un lado, el regulatorio; por otro, el comercial: los compradores descartarán marcas que no puedan demostrar su impacto con datos reales. En un mercado donde la sostenibilidad pasa de ser un valor diferencial a un requisito mínimo, no medir es sencillamente quedar fuera del mercado".
Estándar técnico internacional
La solución de Nextil se apoya en la normativa ISO 14067, el estándar que define cómo medir la huella de carbono desde la extracción de la materia prima hasta que el producto sale de fábrica. Este rigor garantiza que el dato sea robusto y auditable por terceros como LRQA, una de las entidades de certificación y verificación técnica más reconocidas a nivel internacional.
Como explica César Revenga, la clave es la unidad de criterio: "Si cada empresa mide de forma distinta, los resultados son incomparables. Un único estándar permite comparar manzanas con manzanas y que las empresas que de verdad trabajan por el planeta puedan demostrarlo de forma creíble".
Este escudo técnico es hoy más necesario que nunca. Aunque normativas como la Directiva de Alegaciones Ecológicas fueran retiradas para su revisión en junio de 2025, el marco europeo contra el greenwashing sigue siendo estricto. Sin datos certificados bajo protocolos como la ISO, cualquier afirmación "verde" se convierte en un riesgo jurídico para las marcas.
Más allá de la protección legal, la tecnología responde a una urgencia comercial inminente: el Pasaporte Digital de Producto (DPP). Este "DNI" obligatorio para vender en Europa a partir de 2027 exige una infraestructura de datos que muchas compañías aún no tienen.
No es un simple documento digital, advierte Revenga, "el Pasaporte Digital no es un PDF de marketing; es un registro auditable que acompañará al producto toda su vida. Estimamos que entre el 60% y el 70% de las pymes textiles españolas necesitarán certificar en 2027".
Aumento de emisiones
El lanzamiento de esta tecnología llega en un momento crítico de saturación para el sector, donde la industria de materiales para ropa, textiles del hogar y calzado no deja de aumentar su huella climática. Según el Informe del Mercado de Materiales de Textile Exchange, las emisiones asociadas a este segmento subieron un 6% entre 2023 y 2024.
Este incremento sitúa el alza acumulada en un 20% desde 2019, una tendencia que camina en sentido contrario a los objetivos globales de descarbonización.
El informe registra además una producción récord de 132 millones de toneladas de fibras, impulsada por un poliéster que no solo eleva los gases de efecto invernadero, sino que intensifica la contaminación por microplásticos en los océanos.
Estas cifras retratan una industria que ha crecido más rápido que su propia capacidad de medirse. Por esa razón, resulta estratégico el despliegue de este modelo de certificación automatizada.
Aunque se ha aplicado inicialmente al sector textil, cuenta con una arquitectura diseñada para replicarse en cualquier otra industria, convirtiéndose en un estándar de digitalización escalable para todo el tejido productivo.
En un escenario que exige respuestas urgentes ante la crisis climática, este sistema de trazabilidad ambiental parece haber encontrado la fórmula para que ser honesto con el planeta sea, por fin, rentable.