Personal de Médicos del Mundo atiende a Pacientes en Ceuta.

Personal de Médicos del Mundo atiende a Pacientes en Ceuta. Médicos del Mundo

Historias

La trinchera invisible de Ceuta: cuando el miedo a la enfermedad convierte la salud de los migrantes en un estigma

La falta de recursos sanitarios y la precariedad extrema en la ciudad autónoma alimentan la narrativa de la enfermedad importada.

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Casi mil personas. Es la cifra de pacientes que ha atendido la ONG Médicos del Mundo en Ceuta desde que empezaron a actuar el 15 de agosto para apoyar a los sanitarios de la ciudad autónoma. Un millar en menos de dos semanas.

Como cuenta Ruth Diez, presidenta de la entidad, no tenían presencia en la localidad antes de la entrada masiva a nado de unas 80.000 personas migrantes desde Marruecos.

La mayoría comenzaron su regreso a las pocas horas de llegar, pero todavía quedan en las calles de Ceuta entre 8.000 y 10.000, según las estimaciones del gobierno de la ciudad. Hablamos de personas que, como consecuencia del trayecto, y de permanecer en las calles, necesitan atención sanitaria.

Enrique Roviralta, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Ceuta, cuenta que se han multiplicado "por tres o cuatro" las asistencias a Urgencias. A ello se suma que al atender a estos pacientes nuevos no se dispone de historial clínico, lo que complica todavía más las cosas.

Los cuadros más comunes son los de pacientes con heridas y lesiones comunes, apuñalamientos, heridas sobreinfectadas con celulitis, traumatismos por agresión, fracturas nasales, cuadros febriles, gastroenteritis, sarna, algún caso de tuberculosis y varicela, explica el sanitario.

Además de estos, en Médicos del Mundo también han atendido problemas bucodentales e infecciones respiratorias y de la piel, agrega Diez. Una situación que se agrava si se tiene en cuenta las carencias que ya mermaban el sistema sanitario de Ceuta, apunta Roviralta. También cuentan con psicólogos que prestan asistencia psicológica a quien lo necesita.

Muchos de estos cuadros que mencionan se originan en las paupérrimas condiciones de vida en las que permanecen. No tienen alojamiento, apenas pueden acceder a comida y agua, ni tampoco a una higiene básica, subraya Diez. Si eso cambiara "probablemente nuestro papel sería menos necesario".

La presidenta de Médicos del Mundo expone que el plan de la ONG era permanecer un mes en Ceuta, pero no descartan ampliarlo según evolucione la situación.

En la misma línea, Roviralta reconoce que las condiciones "de insalubridad" en las que se ven obligados a vivir, sumado a la falta de control médico y sanitario, "son el caldo de cultivo perfecto" para las enfermedades infecto-contagiosas.

Más allá del riesgo epidemiológico, el presidente del COM Ceuta alerta sobre el colapso emocional que sufre la plantilla asistencial de la ciudad. "El personal médico tiene un sentimiento de desamparo, indignación y frustración", critica el doctor, denunciando que las administraciones minimizan la situación como una mera sobrecarga puntual en lugar de aportar soluciones efectivas.

El riesgo de estigma

Sin embargo, hay quien parece olvidar que se trata de personas y se deja llevar por el miedo, aunque las cifras y la evidencia no lo avalen. En los últimos días, la palabra confinamiento ha vuelto a resonar en la sociedad española, pero esta vez no hablábamos de coronavirus.

El debate lo inició el Partido Popular a través de su líder, Alberto Núñez-Feijóo, cuando le pidió al Gobierno de Pedro Sánchez que estudiara aplicar esta medida a las personas migrantes que duermen desde finales de julio en las calles de la ciudad autónoma.

Desde Médicos del Mundo, Diez destaca que este miedo acaba convirtiéndose en estigma y se acaba relacionando o señalando a la población migrante como un foco de contagio. "Lo que hay que hacer es no entrar en debates y centrarse en la situación humanitaria", defiende.

Nuria Berro, portavoz de Amnistía Internacional España, sostiene que la estigmatización de las personas migrantes "es un hecho" reforzado por ciertos discursos políticos. La portavoz subraya que el ángulo sanitario es solo una vertiente más que vulnera los derechos de este colectivo, perjudicando tanto a los adultos como a los menores.

Halima Ahmed, educadora social y portavoz de la ONG local Luna Blanca, cuenta que esa estigmatización ya se está produciendo. Se les señala por padecer sarna u otras afecciones sin tener en cuenta que no son una marca de origen, sino la consecuencia directa del hacinamiento, la falta de agua y la precariedad extrema del viaje que han realizado.

"Reducir a todo un colectivo a la categoría de enfermos, sucios o apestosos es una forma de violencia verbal y de deshumanización", denuncia. Además, Diez recuerda que no es raro encontrar patologías como la sarna en nuestro medio.

Construyendo un estigma

La narrativa de la enfermedad importada no surge por casualidad, apunta Ahmed. Al llegar a la frontera, la causa socioambiental se borra y la enfermedad se convierte en un atributo esencial del individuo, "transformando al migrante de persona vulnerable a un vector de riesgo para la población local".

Esta construcción se consolida mediante la metáfora de la frontera biológica, donde el único hospital de la ciudad "se percibe simbólicamente como una trinchera sanitaria", continúa la educadora social.

Al concentrarse los casos en Urgencias, el problema se invisibiliza en su dimensión humana y "se hipervisibiliza como una amenaza epidemiológica, activando dinámicas de rechazo basadas en la idea de contagio tanto físico como social".

El mayor problema llega si un sanitario se deja convencer o llevar por ese estigma. Eso puede llevarle a juzgar la situación del paciente en lugar de entender sus causas.

Ahmed desgrana que los prejuicios pueden llevar al sanitario a atribuir la enfermedad a la falta de higiene, a las costumbres esa persona o a su cultura, "cuando la realidad es que nadie quiere tener sarna", ejemplifica.

Berro recuerda que el derecho al más alto nivel de salud está protegido por acuerdos internacionales ratificados por España y por la propia Constitución. La portavoz de la entidad insiste en que las autoridades deben garantizar una atención médica universal "para todas las personas sin ningún tipo de discriminación", independientemente de su origen.

Lo mismo ocurre con el sistema, advierte la portavoz de Luna Blanca. Si solo analiza el diagnóstico médico, pero ignora las barreras legales, el sinhogarismo y la extrema vulnerabilidad de estas personas, "se acaba responsabilizando al paciente de su propia enfermedad y alimentando el sesgo de que son una 'carga' que satura las Urgencias".

Desde Amnistía Internacional, su portavoz advierte de que limitar el acceso al sistema "pone en peligro el derecho a la salud de las personas y presenta riesgos para la salud del conjunto de la población". Por ello, la portavoz exige proporcionar asistencia humanitaria y sanitaria adecuada a cualquier persona bajo jurisdicción española, sin importar cómo haya entrado.

Ante esta situación, Berro exige respuestas ajustadas al marco internacional. La organización sostiene que no se puede supeditar la asistencia médica al estatus administrativo de la persona. Asimismo, aclara que garantizar el acceso universal a la salud es un deber ético y una obligación legal.

Ahmed cuenta que la consecuencia principal de esta estigmatización es "la barrera del miedo". Las personas retrasan o evitan acudir al hospital por temor al rechazo, a la estigmatización o a las consecuencias administrativas, desgrana.

Obligar a una población a esconderse dificulta el rastreo epidémico, interrumpe el control de brotes y mantiene focos de infección activos en la comunidad, remarca la educadora social.

La única frontera eficaz contra la enfermedad es la confianza en el sistema sanitario y el acceso universal a la salud. "La estigmatización nunca protege a una ciudad, solo la vuelve más vulnerable", concluye.