Trabajador de la construcción expuesto al sol.

Trabajador de la construcción expuesto al sol. IPGGutenbergUKLtd iStock

Historias

El sol también pasa factura en el trabajo: estos son los errores que aumentan el riesgo para los que trabajan al aire libre

Un experto de Quirónprevención alerta de que favorece problemas oculares, lesiones precancerosas, deshidratación y accidentes laborales.

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Mariana Goya
Publicada

Trabajadores de la construcción, la agricultura, la jardinería o el mantenimiento están expuestos durante horas a una radiación que, aunque necesaria para funciones como la producción de vitamina D, puede convertirse en un importante problema de salud cuando la exposición es prolongada y no se toman las precauciones adecuadas.

Uno de los errores más extendidos es pensar que basta con aplicarse crema solar antes de empezar a trabajar. Sin embargo, esa protección pierde eficacia mucho antes de que termine la jornada.

"El trabajador se pone la crema al empezar el turno y ya no vuelve a pensar en ello. El problema es que los filtros solares no funcionan así. El sudor los arrastra, la ropa los frota y la propia degradación química hace el resto. En dos horas, sin reaplicarse, la protección no funciona", explica Javier Doñas Beleña, enfermero del trabajo de Quirónprevención.

Además de no renovar el fotoprotector, también es habitual olvidarse de zonas especialmente sensibles como la nuca, las orejas, el dorso de las manos o el cuero cabelludo en las personas con poco pelo.

A ello se suma otra falsa creencia, y esa es la de confiar plenamente en la ropa. Pues, aunque cubra la piel, no siempre protege igual. Los tejidos desgastados o demasiado finos permiten el paso de parte de la radiación ultravioleta, por lo que la ropa, por sí sola, no constituye una barrera suficiente.

La prevención resulta especialmente importante porque el daño provocado por el sol no aparece únicamente en forma de quemaduras. Sus efectos se acumulan con el paso de los años y pueden manifestarse mucho tiempo después de haber estado expuesto de forma continuada.

Antes del cáncer

Aunque el cáncer de piel es la consecuencia más conocida, no es la única ni la primera en aparecer. Antes pueden desarrollarse lesiones precancerosas, como las queratosis actínicas, unas zonas ásperas de la piel que con frecuencia pasan desapercibidas o se confunden con simples signos de envejecimiento.

"Son lesiones precancerosas, ásperas al tacto, que durante años se confunden con la piel seca o con cosas de la edad", señala el especialista.

La radiación solar también afecta a los ojos. De hecho, la exposición mantenida favorece la aparición precoz de cataratas y otras alteraciones oculares, especialmente en personas que no utilizan gafas con protección frente a los rayos ultravioleta.

A estos efectos se suma el impacto del calor sobre el organismo. Y es que la combinación de altas temperaturas y radiación solar dificulta que el cuerpo regule correctamente su temperatura, favorece una deshidratación continua y reduce el rendimiento físico y mental.

Trabajador de la construcción expuesto al sol.

Trabajador de la construcción expuesto al sol. RyanJLane iStock

"La exposición continuada altera la termorregulación, genera una deshidratación crónica de baja intensidad y se traduce en fatiga, dolor de cabeza y reflejos más lentos al final de la jornada. Un trabajador en ese estado es un trabajador con mayor riesgo de accidente", advierte Doñas Beleña.

Sin embargo, no todos los trabajadores afrontan el mismo nivel de riesgo. Las personas con piel muy clara, ojos claros y tendencia a quemarse con facilidad presentan una menor capacidad de protección frente a la radiación.

En cualquier caso, el experto insiste en que el factor principal es la exposición acumulada durante años. Pues, como afirma, "la piel recuerda cada verano, cada obra en agosto". "Un trabajador con 15 o 20 años de exterior lleva un peso acumulado que no se ve pero que está ahí", asegura.

También requieren una protección especial quienes toman determinados medicamentos fotosensibilizantes, como algunos antibióticos, diuréticos o antiinflamatorios, ya que estos tratamientos pueden aumentar considerablemente la sensibilidad de la piel al sol.

Organizar para proteger

El calor extremo intensifica todavía más los efectos de la radiación solar.

¿El motivo? Cuando el organismo intenta disipar temperatura, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y el tejido se vuelve más vulnerable a la acción de los rayos ultravioleta.

Por ello, reconocer los primeros síntomas de un golpe de calor resulta fundamental.

Dolor de cabeza intenso, mareos, náuseas o dejar de sudar pese a las altas temperaturas son algunas señales de alerta. Si, además, una persona comienza a mostrarse desorientada o tiene dificultades para hablar, la situación requiere atención inmediata.

"Si tu compañero está confuso, irritable sin motivo o le cuesta hablar con coherencia bajo el sol, no es momento de esperar a ver cómo evoluciona. Es una urgencia", subraya.

El especialista recuerda también que los días nublados no eliminan el riesgo. Aunque las nubes reducen la sensación de calor, dejan pasar buena parte de la radiación ultravioleta. "Hasta el 80% llega al suelo igualmente", indica.

Para reducir estos riesgos, Quirónprevención insiste en que la protección solar debe formar parte de la organización del trabajo.

Planificar las tareas más exigentes fuera de las horas centrales del día, facilitar zonas de sombra, garantizar el acceso continuo a agua fresca y proporcionar equipos de protección adecuados —como sombreros con protección para la nuca, gafas homologadas y crema solar disponible durante toda la jornada— son algunas medidas recomendables.

Junto a la prevención diaria, la detección precoz también desempeña un papel clave. Por ese motivo, el experto recomienda una revisión dermatológica anual para quienes trabajan habitualmente al aire libre y una autoexploración mensual de la piel para detectar cambios en lunares o manchas.

"La recomendación ante cualquiera de estas señales es la misma: no esperar a la revisión anual. Consultar pronto. En dermatología, como en casi todo lo que tiene que ver con salud, el tiempo importa", concluye.