Unos niños están sentados frente a su choza de barro en Surajbar Jot, en el noreste de la India, cerca de la frontera con Nepal, el 2 de julio de 2005.

Unos niños están sentados frente a su choza de barro en Surajbar Jot, en el noreste de la India, cerca de la frontera con Nepal, el 2 de julio de 2005. Desmond Boylan REUTERS

Historias Día Mundial contra la Trata de Personas

La genética entra en la primera línea contra la trata infantil: "Una partida de nacimiento se puede falsificar, el ADN no"

Se estima que alrededor de 120.000 menores de dos años son víctimas de trata cada año. DNA-ProKids identifica niños desaparecidos mediante ADN.

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En torno a 1,2 millones de niños y adolescentes son víctimas de trata cada año en el mundo, según las estimaciones de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Aunque la organización sostiene que el número real probablemente sea superior porque una parte importante de los casos nunca llega a detectarse.

Sus informes también reflejan que las condenas continúan siendo escasas en relación con la magnitud estimada de este mercado criminal.

Hay menores que son localizados sin documentación, con una identidad falsa o sin datos que permitan saber quiénes son. Otros terminan integrados en redes de explotación o entran en procedimientos de adopción sustentados en documentos manipulados.

En esas situaciones la comparación genética permite comprobar de forma objetiva el vínculo biológico con su familia. De ahí que, hace más de veinte años, el genetista español José Antonio Lorente decidiese trasladar esta herramienta habitual en el sector forense a un nuevo ámbito.

Así nació DNA-ProKids, una iniciativa internacional que utiliza el ADN para identificar a niños desaparecidos, prevenir adopciones ilegales y dificultar la actuación de las redes de trata infantil.

El proyecto trabaja en colaboración con gobiernos, cuerpos policiales y organismos internacionales de distintos continentes.

Según los datos facilitados por la propia entidad, han realizado ya más de 20.000 análisis genéticos, han conseguido más de 4.100 identificaciones positivas de menores y han contribuido a evitar más de 300 adopciones ilegales gracias a la comparación de perfiles genéticos entre niños sin identificar y familiares que habían denunciado su desaparición.

La metodología se activa cuando un menor aparece sin identificar o existen dudas sobre su filiación. De este modo, una prueba genética permite confirmar quién es antes de que pueda ser dado en adopción, trasladado a otro país o quedar desvinculado definitivamente de su familia.

Sin cambios en el frente

Después de más de dos décadas al frente de DNA-ProKids, José Antonio Lorente sostiene que la trata infantil no ha experimentado un descenso significativo.

Las herramientas para investigar han evolucionado y las policías cuentan con más recursos tecnológicos, pero las organizaciones criminales también han incorporado esos avances a su forma de operar. Motivo por el que, a juicio del experto, el equilibrio apenas ha variado.

El genetista insiste en que resulta imposible conocer la magnitud exacta del fenómeno. Igual que ocurre con otros negocios ilícitos, las cifras disponibles son estimaciones construidas a partir de los casos detectados.

José Antonio Lorente, genetista fundador de DNA-ProKids.

José Antonio Lorente, genetista fundador de DNA-ProKids. Cedida

"No ha cambiado en cuanto al número", explica. El problema, añade, es que "hay muy pocas personas a las que juzguen y condenen por trata de personas en general y por trata de niños en particular", una realidad que Naciones Unidas viene señalando de forma recurrente en sus informes.

De hecho, los conflictos armados y los desplazamientos masivos registrados durante la última década no han hecho más que ampliar los escenarios de actuación de las redes criminales.

Guerras como las de Siria o Ucrania, la inestabilidad en distintos países africanos o los grandes movimientos migratorios han dejado a miles de menores en situaciones de especial vulnerabilidad.

Lorente diferencia entre el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas, aunque advierte de que las organizaciones dedicadas al tráfico encuentran con frecuencia oportunidades para captar y explotar a quienes emprenden esos desplazamientos.

Frente a esa realidad, DNA-ProKids centra su trabajo en los menores que todavía pueden ser identificados antes de perder definitivamente el contacto con su familia.

Naciones Unidas estima que alrededor de 120.000 niños menores de dos años son víctimas de trata cada año. Y precisamente ese grupo concentra buena parte del trabajo del proyecto porque se trata de menores que todavía no pueden comunicar quiénes son ni de dónde proceden.

"Nosotros tenemos una visión totalmente preventiva", resume Lorente. El objetivo consiste en identificar al menor cuando aparece bajo la protección de las autoridades y comprobar si existe una familia que lo está buscando.

Esa intervención temprana evita que pueda incorporarse a un proceso de adopción bajo una identidad falsa o que desaparezca definitivamente del sistema de protección.

La experiencia acumulada durante estos años también ha permitido comprobar el efecto disuasorio de este modelo. Pues, cuando las redes criminales saben que la filiación puede verificarse mediante una prueba genética, falsificar una partida de nacimiento o cualquier otro documento deja de ser suficiente para ocultar el origen de un menor.

Esa posibilidad, explica Lorente, ha contribuido a reducir las desapariciones y los robos de niños en algunos de los países donde el programa funciona de forma estable.

Perder tu identidad

DNA-ProKids comenzó a funcionar de forma operativa en 2006 con una idea sencilla. Si un menor desaparece y otro aparece sin identificar en cualquier punto del país, una comparación genética puede determinar si ambos casos están relacionados.

Con ese planteamiento, el proyecto ha ido extendiéndose mediante acuerdos con gobiernos, cuerpos policiales y autoridades judiciales, aunque su implantación avanza a ritmos diferentes según cada Estado.

"Hay países que le prestan mayor atención. Algunos permanecen y otros aparecen y desaparecen", resume José Antonio Lorente. El objetivo ahora consiste en consolidar sistemas permanentes de identificación genética que no dependan de iniciativas puntuales ni de los cambios de gobierno.

Uno de los ejemplos que mejor refleja esa evolución se encuentra en Guatemala. En 2010, el país aprobó la Ley Alba-Keneth, creada tras el asesinato de dos menores cuya desaparición puso de manifiesto las deficiencias en la coordinación institucional para su búsqueda.

La norma incorpora la identificación genética de menores no identificados y la posibilidad de ofrecer pruebas de ADN a los familiares que buscan a un niño desaparecido, una medida que recoge buena parte del modelo desarrollado por DNA-ProKids.

Refugiados etíopes que huyen de los combates en curso en la región de Tigray cargan a un bebé y un bidón de agua en el campamento de Fashaga, en la frontera entre Sudán y Etiopía, en el estado de Kassala, Sudán, el 24 de noviembre de 2020.

Refugiados etíopes que huyen de los combates en curso en la región de Tigray cargan a un bebé y un bidón de agua en el campamento de Fashaga, en la frontera entre Sudán y Etiopía, en el estado de Kassala, Sudán, el 24 de noviembre de 2020. Mohamed Nureldin Abdallah REUTERS

Para Lorente, ese cambio legislativo representa uno de los principales hitos del proyecto porque transforma una herramienta científica en una política pública de protección de la infancia.

El siguiente paso consiste en impulsar lo que denomina "países seguros para la infancia". La idea pasa por garantizar que cualquier menor que aparezca sin identificar pueda ser sometido a una prueba genética y que ninguna adopción ni ningún traslado internacional se autoricen mientras existan dudas sobre su identidad.

"La familia tiene que saber que, si su hijo aparece, va a poder ser identificado inmediatamente", explica.

El proyecto trabaja actualmente para ampliar esa red en África. Uno de los focos se encuentra en Kenia, donde las autoridades buscan reforzar los mecanismos para combatir la trata de menores. El otro está en Egipto, convertido en los últimos años en un punto de llegada para miles de personas desplazadas por los conflictos de países vecinos.

Según los datos que maneja DNA-ProKids, en territorio egipcio hay alrededor de 7.000 menores sin identificar, muchos de ellos procedentes de otros Estados de la región. El programa colabora allí con una organización responsable de la tutela de esos niños para facilitar su identificación y localizar a sus familias.

Adelantarse al criminal

Uno de los obstáculos con los que se encuentra la iniciativa aparece cuando un menor cruza una frontera. Y es que cada país gestiona su propia base de datos genética y conserva la información bajo su control, una decisión que responde a la protección de datos personales y a la soberanía de cada Estado.

El proyecto no almacena esos perfiles. Su papel consiste en ayudar a implantar la metodología, formar a los equipos y realizar análisis cuando un gobierno lo solicita. Después, toda la información permanece en manos de las autoridades nacionales.

Esa estructura hace que uno de los principales desafíos sea la coordinación internacional. Motivo por el que Lorente defiende que los países vecinos puedan intercambiar de forma periódica y segura la información genética de menores sin identificar y de familias que han denunciado una desaparición.

El problema es que, de no ser así, un niño puede ser secuestrado en Honduras, cruzar la frontera en pocas horas y aparecer en Guatemala o en el sur de México sin que ninguno de esos países relacione ambos casos si los sistemas no se comunican entre sí.

El investigador insiste en que ese intercambio no plantea un problema científico, sino jurídico. La tecnología ya permite realizar esas comparaciones. Lo que falta en muchos lugares son acuerdos entre Estados que hagan posible esa cooperación de manera estable.

La prevención también ocupa un lugar central cuando se habla de adopciones internacionales.

En ese sentido, Lorente explica que la mayoría se desarrollan con todas las garantías legales, aunque existen organizaciones criminales que aprovechan esos procedimientos para introducir a menores robados en circuitos aparentemente legales.

Uno de los métodos detectados en países como Guatemala consistía en entregar el niño a una mujer que se hacía pasar por su madre biológica para iniciar voluntariamente un expediente de adopción. Sin embargo, una prueba de ADN entre la mujer y el menor habría permitido detectar el fraude desde el primer momento.

Los traficantes se aprovechan de los niños rohinyás extraviados en los campamentos de Bangladés.

Los traficantes se aprovechan de los niños rohinyás extraviados en los campamentos de Bangladés. REUTERS

La más "mínima duda" sobre la filiación, sostiene Lorente, debería bastar para realizar una comparación genética antes de autorizar cualquier adopción. Ese control impediría que un menor desaparecido acabara siendo entregado a otra familia bajo una identidad falsa mientras sus padres continúan buscándolo.

La inteligencia artificial también empieza a incorporarse a este ámbito. Lorente considera que facilitará la comparación de grandes bases de datos, acelerará los procesos de identificación y permitirá analizar imágenes o grabaciones para localizar a menores desaparecidos.

Al mismo tiempo, advierte de que las organizaciones criminales utilizarán esas mismas herramientas para falsificar identidades y documentos, lo que obligará a reforzar las capacidades de investigación.

El siguiente objetivo de DNA-ProKids consiste en ampliar la red de países que aplican este modelo y extender la información hasta las comunidades más alejadas. Para lograrlo, el proyecto trabaja con médicos, organizaciones humanitarias y entidades que mantienen una presencia permanente sobre el terreno.

La finalidad es que cualquier familia conozca la existencia de este mecanismo desde el momento en que desaparece un menor y puede incorporarse al sistema de identificación cuanto antes.

Dos décadas después de su puesta en marcha, el proyecto mantiene la misma idea con la que nació. Cada comparación genética pretende impedir que un niño pierda su identidad y ofrecer una posibilidad de reencuentro a familias para las que, durante años, la desaparición de un hijo parecía no tener respuesta.