El fuego ha arrasado más de 3.000 hectáreas.

El fuego ha arrasado más de 3.000 hectáreas. EFE

Historias

Los errores cometidos en Los Gallardos que condujeron a la tragedia: "La batalla contra el fuego se libra antes del verano"

El incendio de Almería pone el foco sobre la prevención, el abandono rural y un modelo que sigue invirtiendo más en extinguir que en gestionar el monte.

Más información: Los incendios forestales amenazan la calidad del agua: la contaminación persiste hasta ocho años después del evento

Publicada

El fuego declarado durante la madrugada del 10 de julio en Los Gallardos (Almería) ya forma parte de la historia negra de los incendios forestales en España.

Las llamas, originadas tras la caída de un tendido eléctrico en plena ola de calor, han arrasado —al momento de escribir estas líneas— con 3.100 hectáreas y provocado al menos 12 fallecidos, convirtiéndose en el siniestro forestal más mortífero jamás registrado en Andalucía.

La dimensión de la tragedia se explica por la violencia del fuego, pero también por la forma en la que sorprendió a quienes se encontraban en su camino.

La mayoría de las víctimas, muchas de ellas extranjeras, fallecieron intentando escapar por rutas alternativas o a pie tras abandonar sus vehículos. Cuatro de ellas, de nacionalidad británica, fueron localizadas en el interior de un coche alcanzado por las llamas.

Según ha detallado la Junta de Andalucía, más de 600 personas tuvieron que ser desalojadas, mientras cerca de 200 fueron realojadas en instalaciones habilitadas en Garrucha y Lubrín. Sobre el terreno, trabajan unos 150 efectivos del Plan Infoca, reforzados posteriormente con otros 200 militares de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

"La decisión de buscar una salida propia a través de una rambla fue una verdadera trampa", lamentaba el consejero de Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, Antonio Sanz, después de conocerse las primeras reconstrucciones de lo ocurrido.

El fuego ha arrasado más de 3.000 hectáreas.

El fuego ha arrasado más de 3.000 hectáreas. EFE

La catástrofe ha reabierto además un debate que cada verano vuelve con fuerza y que precisamente planteábamos en ENCLAVE ODS el pasado sábado 4 julio: si España está realmente preparada para convivir con unos incendios cada vez más rápidos, extremos y difíciles de controlar.

Ese debate lo verbalizaba el ingeniero forestal y exdirector general de Medio Ambiente de Extremadura Paco Castañares en Espejo Público, el programa de Antena 3 presentado por Susanna Griso, pocas horas después de comenzar las llamas en el territorio andaluz.

En su intervención resumía el problema afirmando que "España no tiene un problema de medios; sino de gestión". De hecho, para Valentín Gómez, ingeniero de montes y portavoz del Instituto de Ingeniería de España, la tragedia de Los Gallardos es el resultado de varios factores que coincidieron en el peor momento posible.

Las temperaturas elevadas, el viento intenso y una humedad extremadamente baja crearon un escenario explosivo sobre un terreno caracterizado por fuertes pendientes, ramblas y grandes extensiones de matorral y el esparto seco capaces de propagar las llamas a enorme velocidad.

A ello se sumó la presencia de numerosos cortijos y pequeñas fincas dispersas ocupadas durante el verano por residentes temporales y turistas poco familiarizados con el territorio y con el comportamiento del fuego.

Imágenes del incendio desde el puerto de La Garrucha.

Imágenes del incendio desde el puerto de La Garrucha. Europa Press

"La ruta de escape nunca es igual en todos los incendios", explica Gómez. "Depende del terreno, de la dirección del viento y de la evolución concreta de las llamas", de ahí que una decisión acertada en un lugar pueda resultar mortal en apenas unos cientos de metros más adelante.

La experiencia demuestra que, en determinados incendios extremos, incluso los propios profesionales deben tomar decisiones contrarias a la intuición para sobrevivir.

Por ese motivo el portavoz del Instituto de Ingeniería de España insiste en la importancia de seguir siempre las indicaciones de Protección Civil y los servicios de emergencia y evitar improvisar itinerarios alternativos.

El precedente más cercano sigue siendo el incendio portugués de Pedrógão Grande en 2017, donde 65 personas murieron atrapadas mientras intentaban huir por carretera de un fuego que avanzaba más rápido que los propios vehículos.

El debate de la prevención

Las declaraciones de Paco Castañares han encontrado un amplio respaldo entre los especialistas del sector forestal.

España dispone actualmente de uno de los dispositivos de extinción más potente de Europa, con una capacidad aérea y terrestre que figura entre las mayores del continente tanto en términos absolutos como relativos.

Sin embargo, la discusión no gira en torno a cuántos helicópteros o hidroaviones son necesarios. "Es en la prevención donde fallamos", resume Valentín Gómez.

El dato que explica buena parte del problema es, además, conocido por los técnicos forestales desde hace años: el 58% del territorio español es forestal y aproximadamente el 72% de esa superficie pertenece a propietarios privados, muchos de ellos con parcelas inferiores a cinco hectáreas.

Esa enorme fragmentación dificulta enormemente la gestión y reduce la rentabilidad económica de mantener los montes en condiciones adecuadas.

"Hay que conseguir que el propietario tenga interés en gestionar su monte porque obtiene un retorno económico de ello", defiende Gómez.

Castañares recordaba además que España gastó el pasado verano cerca de 7.600 millones de euros en combatir incendios que afectaron a unas 350.000 hectáreas y defendía que invertir la mitad de esa cantidad durante los años previos en labores preventivas habría reducido enormemente la magnitud del problema.

La idea conecta directamente con una de las principales reivindicaciones del sector o, por lo menos, de Valentín Gómez: la creación de una especie de Política Agraria Común forestal que incentive económicamente a quienes mantienen sus bosques bien gestionados y reducen el combustible disponible para futuros incendios.

"Si existe una PAC para la agricultura, ¿por qué no una PAC forestal que ayude a quienes mantienen sus montes en condiciones adecuadas?", plantea el ingeniero de montes.

Su propuesta pasa por ayudas estables que permitan financiar desbroces, clareos y otros tratamientos selvícolas en las hectáreas privadas que hoy carecen de rentabilidad suficiente para asumir esos costes.

El combustible oculto

El fuego de Los Gallardos comenzó por un tendido eléctrico, pero para Valentín Gómez la chispa rara vez explica por sí sola la dimensión final de una catástrofe. La verdadera diferencia entre un incendio controlable y un gran incendio forestal (GIF) suele encontrarse en la cantidad de vegetación acumulada disponible para arder.

Hace apenas medio siglo el medio rural mantenía una intensa actividad económica ligada al territorio. La leña se utilizaba para cocinar y calentarse, el ganado pastaba en el monte y muchas zonas se aprovechaban para obtener madera, resina o esparto.

Hoy gran parte de esas actividades prácticamente han desaparecido.

Precisamente el esparto, históricamente fundamental en amplias zonas de Almería, constituye uno de los ejemplos más claros de esa transformación. De ahí que su desaparición como recurso económico haya dejado enormes superficies sin aprovechamiento alguno.

Personal militar en el incendio forestal de Los Gallardos (Almería).

Personal militar en el incendio forestal de Los Gallardos (Almería). UME

Porque, como señala Gómez, "cuando desaparece la actividad económica lo hace también buena parte de la gestión del territorio".

El resultado es un paisaje mucho más homogéneo y continuo, donde las llamas encuentran menos barreras naturales para frenar su avance.

La desaparición progresiva del pastoreo extensivo agrava todavía más el problema. Los rebaños antes actuaban como auténticas brigadas naturales de prevención, eliminando gran parte del matorral que hoy permanece acumulado durante años.

La cuestión es que el trabajo del pastor exige dedicación los 365 días del año y cada vez menos personas están dispuestas a asumir ese modo de vida. Motivo por el que, según Gómez, la lucha contra los incendios es también contra la despoblación y la pérdida de actividad económica en el medio rural.

La regla del 30

Las condiciones atmosféricas registradas en Los Gallardos explican igualmente la extraordinaria agresividad del incendio.

La estación meteorológica de Las Pastoras —ubicada en una zona rural del municipio afectado— registró temperaturas superiores a los 40 grados y humedades cercanas al 13%, mientras las rachas de viento alcanzaban velocidades capaces de impulsar el fuego varios kilómetros por delante del frente principal.

Se cumplía así la conocida regla del 30-30-30 utilizada por los especialistas: temperaturas superiores a 30 grados, humedad inferior al 30% y vientos superiores a 30 kilómetros por hora. Cuando esos tres elementos coinciden, el riesgo de grandes incendios aumenta de forma exponencial.

En estas circunstancias las llamas pueden alcanzar alturas enormes y generar columnas convectivas capaces de modificar las condiciones atmosféricas del entorno inmediato.

Gómez recuerda que estos fuegos pueden generar "un calor terrorífico" y crear corrientes ascendentes capaces de transportar focos secundarios a kilómetros de distancia. Y es que los incendios de quinta y sexta generación, explica, son capaces de alterar los vientos y crear auténticos microclimas alrededor del territorio afectado.

La consecuencia es que los operativos dejan de centrarse exclusivamente en apagar las llamas y pasan a priorizar la protección de las personas y de los núcleos habilitados. "Hay momentos en los que el incendio no puede atacarse directamente y el objetivo pasa a ser salvar vidas humanas", resume.

La batalla del invierno

La prevención empieza mucho antes de que aparezca la primera columna de humo. En concreto, los trabajos de desbroce, clareo, mantenimiento de pistas forestales, reparación de puntos de agua y creación de áreas de seguridad deben realizarse durante el otoño, el invierno y la primavera para llegar preparados al verano.

Gómez advierte además de que el calendario es crucial, dado que limpiar un cortafuegos demasiado pronto puede resultar inútil si las lluvias posteriores vuelven a cubrirlo de vegetación apenas unas semanas después.

Pero el debate vuelve una y otra vez al mismo punto: quién paga esa prevención y quién asume la responsabilidad de ejecutarla sobre las hectáreas privadas.

Valentín Gómez insiste en que los montes deben entenderse como "infraestructuras" estratégicas del país, al mismo nivel que las carreteras o los embalses.

Algunas llamas vivas en un paisaje calcinado en Los Gallardos.

Algunas llamas vivas en un paisaje calcinado en Los Gallardos. EFE

No se trata únicamente de conservar árboles. La cuestión es que los bosques regulan el agua, reducen la erosión, almacenan carbono, frenan inundaciones y sostienen buena parte de la biodiversidad española.

También son una herramienta de desarrollo rural y una fuente potencial de empleo ligada a la biomasa, los aprovechamientos forestales o la ganadería extensiva.

Por eso, el ingeniero de montes reclama un cambio de enfoque político basado en tres pilares: ayudas estables a la gestión forestal, planes municipales de prevención y autoprotección y una estrategia sostenida de inversión en el mantenimiento del territorio durante todo el año.

"Los incendios se apagan en verano, pero se evitan durante el resto del año", concluye Gómez.