Con menos de 5.000 individuos adultos, el tapir de Mesoamérica enfrenta una tendencia regional a la baja.

Con menos de 5.000 individuos adultos, el tapir de Mesoamérica enfrenta una tendencia regional a la baja. Nick Hawkins

Historias

El tapir contra las cuerdas: los 50 años clave para garantizar la supervivencia del 'sembrador' de los bosques en Mesoamérica

Una alianza de siete países protege al mamífero más grande de Mesoamérica, una especie clave para la regeneración del bosque.

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Tania Ortega
Publicada

Antes de convertirse en biólogo y dedicar más de una década a seguirle el rastro a los tapires, Esteban Brenes-Mora los vio por primera vez siendo un niño en Costa Rica, su país de origen, mientras hojeaba con su abuelo un álbum coleccionable de animales.

Allí apareció aquella cabeza extraña, sobre un cuerpo imposible de clasificar a primera vista. "Mi primer encuentro con una danta (como se le llama en Mesoamérica) fue cuando yo tenía como cinco o seis años", recuerda. "Tenía algo de caballo, algo de rinoceronte y algo de criatura prehistórica", agrega uno de los conservacionistas que hoy intenta proteger al Tapirus bairdii, el mamífero terrestre nativo más grande de Mesoamérica que hoy está en peligro de extinción.

Su abuelo le explicó que los tapires son una especie profundamente ligada a los bosques de su región. Con los años, esa fascinación infantil se convirtió en una manera de leer su territorio. Hoy, desde Upala, en el norte de Costa Rica, forma parte de una red regional de conservacionistas que intenta evitar la desaparición silenciosa de estos animales.

Tapir o danta en el bosque mesoamericano.

Tapir o danta en el bosque mesoamericano. Caliope Rojas

La Alianza para la Supervivencia de la Danta de Baird (BTSA, por sus siglas en inglés) es una red que articula una respuesta regional para proteger a la especie en México, Guatemala, Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

Reconocen la importancia del tapir como arquitecto fundamental de los bosques mesoamericanos. Al alimentarse y desplazarse casi en silencio, cumple una función ecológica insustituible, dispersa semillas de gran tamaño y abre claros en la vegetación, permitiendo que el sol alcance el suelo y el bosque se regenere continuamente.

Jardinera invisible

Los tapires o dantas comen hojas, brotes, frutos y vegetación acuática. Puede ingerir más de 30 kilos al día y moverse entre zonas de alimentación y agua dejando semillas en sus heces a lo largo del recorrido. Ese gesto, aparentemente mínimo, ayuda a que el bosque vuelva a sembrarse a sí mismo. Ahí está una de las claves de la especie.

"Cumple un papel fundamental como dispersora y por eso se le considera una de las jardineras del bosque", así lo formula Brenes-Mora, quien ha pasado años siguiendo a esta especie entre bosques, ríos y humedales. Es una pieza funcional del ecosistema, ha actuado durante millones de años como dispersora de semillas y promotora de regeneración forestal.

La paradoja es que, pese a esa importancia ecológica, este ser vivo sigue ocupando un lugar marginal en la conversación pública. Por eso, una parte del trabajo de la alianza no consiste solo en proteger hábitat, mitigar conflictos o impulsar ciencia ciudadana, sino también en volver visible a la especie.

Esteban advierte de que perder la danta "sería perder un linaje antiguo que ha atravesado enormes transformaciones del planeta y que ahora podría no resistir la velocidad del desmonte contemporáneo".

Nombrar la amenaza

La tendencia regional de la especie sigue siendo preocupante, con menos de 5.000 individuos adultos estimados en Mesoamérica y una trayectoria general a la baja. Según Esteban, se trata de una especie "100% dependiente de la conservación", si se abandonan las acciones de protección, podría extinguirse en menos de 50 años.

Sin embargo, hay señales de recuperación local en algunas zonas de Costa Rica, dice quien lleva años observando cómo la especie vuelve a aparecer allí donde parecía perdida. No una victoria total, no un milagro ecológico, sino indicios de que el tapir mesoamericano puede volver cuando se mantiene la protección, se reducen amenazas y se trabaja durante años con las comunidades.

Las amenazas conocidas para la especie son la deforestación, la caza furtiva, los atropellos y el conflicto con humanos. Esteban añade: "La amenaza más grande es la ganadería". Nombrar así el problema obliga a bajar a tierra lo que significa "pérdida de hábitat": potreros que sustituyen bosque, carreteras que parten corredores, minería que degrada paisaje, monocultivos que simplifican ecosistemas y caza donde aún resulta rentable.

La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN clasifica a Tapirus bairdii como especie en peligro y recoge una tendencia poblacional decreciente. Pero el conflicto no puede leerse solo desde el animal. Ahí entra la idea de coexistencia.

Esteban Brenes-Mora y Carlos Manuel Rodríguez instalan una cámara trampa en el Parque Nacional Los Quetzales, Costa Rica.

Esteban Brenes-Mora y Carlos Manuel Rodríguez instalan una cámara trampa en el Parque Nacional Los Quetzales, Costa Rica. Cedida

Un artículo publicado en la revista científica Frontiers in Conservation Science subraya que el manejo de las interacciones entre fauna y personas es cada vez más difícil. Habla de un mundo marcado por la urbanización, la infraestructura, el cambio climático y las transformaciones económicas. Además, defiende una toma de decisiones basada en evidencia, estructurada y participativa.

Esa observación encaja de lleno con lo que Esteban cuenta sobre el campo. Cuando un tapir entra a una parcela y arruina una cosecha, el problema no es retórico. "Se comió la educación, se comió la salud, se comió el acceso al bienestar de ese agricultor", dice. Por eso rechaza la persuasión moralista. "La forma de persuasión más fuerte es a través de la acción, el acompañamiento y la empatía".

El mismo artículo propone evaluar a la vez la situación de la fauna y las personas, no basta con que una especie mejore si el coste recae de forma insoportable sobre quienes comparten territorio con ella. Tampoco basta con aliviar tensiones humanas si el animal sigue desapareciendo.

Por eso, conservar a los tapires no puede limitarse a vigilar poblaciones o blindar reservas. También exige reducir daños, mitigar conflictos, construir confianza y escuchar a quienes viven en esos paisajes.

Esteban lo formula con una frase que resume bien el reto:"Las comunidades no deben estar como observadores, ni como beneficiarios, sino como protagonistas de la conservación".

Conservar en red

En el mundo sobreviven cuatro especies de este animal. Cada una vive en el sudeste asiático, en los Andes, en las tierras bajas de Sudamérica y en Mesoamérica. Esta última puede medir entre 1,5 y 2,4 metros y rondar los 300 kilos. Oscura, corpulenta y ágil en el agua, se mueve entre laderas, bosques, ríos y humedales.

En uno de los corredores biológicos más importantes del continente americano, la Alianza para la Supervivencia de la Danta de Baird, no solo protege a un animal, sino que salvaguarda la resiliencia del patrimonio natural de la región.

Momentos de intercambio y aprendizaje sobre el tapir.

Momentos de intercambio y aprendizaje sobre el tapir. Cedida

La alianza nació, según relata Esteban, cuando varios conservacionistas comprendieron que seguir trabajando de forma aislada debilitaba sus posibilidades. Había gente protegiendo la misma especie en distintos países, compitiendo incluso por fondos pequeños y enfrentando problemas muy parecidos.

Actualmente trabajan en cuatro grandes frentes: proteger y conectar hábitat; aumentar la coexistencia entre humanos y tapires; mejorar el conocimiento científico sobre la especie y ampliar la conciencia pública sobre su importancia. La fuerza de la red no está solo en sumar miembros, sino en compartir lecciones entre paisajes distintos de una región pequeña, diversa y ecológicamente conectada.

Está claro que una alianza regional no equivale a una receta única. Lo que funciona en el norte de Costa Rica no se copia sin más en la Selva Maya de Guatemala o en el Darién, en Panamá. Pero la red sí permite compartir herramientas, lenguaje, datos y prioridades. También lleva a ver a los tapires o dantas como un problema mesoamericano, no como una suma de crisis nacionales desconectadas.