Vertedero de Dandora, Kenia.

Vertedero de Dandora, Kenia. Back Market

Historias

62 M de toneladas de residuos electrónicos en un sistema "estructuralmente insostenible": el 'precio' de la tecnología rápida

Un nuevo documental revela cómo el consumo digital global traslada su impacto a lugares como Kenia, donde apenas el 1% de los desechos se recicla.

Más información: Reparación y mantenimiento para alargar al máximo la vida útil de los materiales: estas son las claves de la circularidad

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El amanecer en Dandora no trae silencio, viene acompañado del estruendo de los camiones descargando toneladas de residuos. Allí, en uno de los mayores vertederos de África Oriental, miles de personas buscan entre la basura lo que el mundo desarrollado ya ha descartado.

Es la imagen más cruda de un sistema global que, como denuncia el corto documental Dandora-A Fast Tech Story, se sostiene sobre una lógica de consumo acelerado, obsolescencia y externalización.

De forma casi sistemática compramos, utilizamos y desechamos. Pero el motivo, en la mayoría de ocasiones, no es que los dispositivos dejen de funcionar, sino que simplemente "se consideran demasiado viejos".

Esa cultura del descarte, impulsada por ciclos de renovación cada vez más cortos, es la que está en el centro de lo que desde Back Market definen sin rodeos como un sistema inviable.

"Estamos claramente ante un modelo estructuralmente insostenible. Hemos normalizado un sistema que vincula la innovación con la sustitución constante", señala Joy Howard, CMO de la compañía.

Las cifras, además, lo confirman. En 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, pero apenas el 22,3% se gestionó de forma adecuada. El resto sigue un recorrido opaco que, en demasiados casos, termina en lugares como Dandora.

El coste invisible

Uno de los grandes mitos que el documental desmonta es que el impacto ambiental de la tecnología se produce al final de su vida útil. En realidad, "alrededor del 80% de su huella de carbono se genera antes incluso de ser utilizado", es decir, durante la extracción de materias primas, la fabricación o el transporte.

Esto convierte la lógica actual —sustituir dispositivos que aún funcionan— en una contradicción frontal con cualquier objetivo climático. Pues, asegura Howard, "acelerar la sustitución de dispositivos es, por tanto, fundamentalmente incompatible con cualquier noción significativa de sostenibilidad".

El problema no es solo técnico, sino cultural. Dandora-A Fast Tech Story lo retrata con claridad, y es que la obsolescencia no es únicamente programada, también es simbólica.

"Lo nuevo siempre es mejor" se ha convertido en una creencia asumida. "El nivel cultural es el más determinante, porque legitima a los demás", apuntan desde la compañía.

Donde termina el sistema

En Kenia, el impacto adquiere dimensiones dramáticas. "Solo alrededor del 1% se recicla", señala el documental. El resto acaba en vertederos al aire libre, donde los residuos electrónicos —menos del 5% del volumen total— generan más del 70% de la toxicidad global.

Allí trabaja Salomon Njoroge, reciclador desde la adolescencia: "Están quemando el cable para conseguir cobre […] la mayoría trabaja sin equipo de protección. Sin máscara". Las consecuencias son devastadoras: "Un mayor porcentaje de personas padecen cáncer y tuberculosis y otras enfermedades respiratorias".

Es, en resumidas cuentas, una "externalización ambiental" estructural. "Los costes materiales, ambientales y humanos del consumo tecnológico se trasladan con demasiada frecuencia a comunidades que no se han beneficiado en la misma medida del modelo que los genera", apunta Howard.

Dandora es uno de los mayores vertederos de residuos electrónicos del mundo en Kenia.

Dandora es uno de los mayores vertederos de residuos electrónicos del mundo en Kenia. Back Market

El comercio internacional de residuos electrónicos, además, agrava esta desigualdad. Dispositivos irreparables se etiquetan como de segunda mano y cruzan fronteras en una zona gris legal. "Simplemente los arrojaremos a África. Harán el trabajo por nosotros y luego volverán como materiales", denuncia Njoroge.

Sin embargo, Dandora también muestra una paradoja, pues, en medio de la precariedad, florece una economía circular real. Reparadores como Francis o Kamwana desmontan, reutilizan y revenden dispositivos, alargando su vida útil. "El 90% se va a reciclar", asegura Francis al mostrar una placa base.

Este ecosistema informal sostiene a miles de familias, pero lo hace sin regulación ni seguridad. "Las prácticas circulares ya existen y están ampliamente implantadas [...], pero se desarrollan asumiendo riesgos para la salud y el medioambiente que no deberían recaer sobre estas comunidades", indica Howard.

Aquí emerge la dimensión de justicia ambiental: quién se beneficia del sistema y quién paga sus consecuencias. "No basta con que los materiales sigan en uso. También importa en qué condiciones y en beneficio de quién", añade el CMO de Back Market.

En ese sentido, iniciativas como el Wee Centre intentan corregir ese desequilibrio, profesionalizando el reciclaje y reduciendo riesgos. "Es un símbolo de esperanza", explica Joyce Ruto, responsable del programa, mientras describe cómo los dispositivos reacondicionados se convierten en herramientas educativas.

¿Puede cambiar el sistema?

El documental no se limita a denunciar, también apunta soluciones. Habla desde el consumo individual —reparar, reutilizar, optar por reacondicionados— hasta cambios estructurales.

Entre ellas, Howard menciona el derecho a la reparación, que se perfila como una palanca clave: "Cuestiona una lógica profundamente arraigada: el acortamiento artificial de la vida útil de los dispositivos".

No obstante, existe el riesgo de que se quede en una medida simbólica, porque "si el acceso a una reparación efectiva sigue siendo difícil, costoso o restringido, su impacto será limitado".

Para que las alternativas escalen, apuntan a un rediseño del sistema. "El reacondicionamiento y la reparación son palancas muy potentes, pero necesitan un ecosistema que las haga competitivas", explican desde la compañía. Esto implica desde ecodiseño hasta soporte de software prolongado y marcos regulatorios que premien la durabilidad.

El documental evidencia una geografía desigual del residuo, donde el impacto se desplaza hacia el Sur Global.

El documental evidencia una geografía desigual del residuo, donde el impacto se desplaza hacia el Sur Global. Back Market

En el fondo, lo que está en juego es la propia idea de progreso tecnológico. Frente a la obsesión por la novedad, Howard plantea un cambio de paradigma: "El verdadero progreso tecnológico también debería medirse por nuestra capacidad de hacer que la tecnología dure más".

Este giro es especialmente relevante en un contexto donde el valor se desplaza hacia el software, dado que, como apunta el experto, "muchos dispositivos existentes pueden seguir siendo seguros, útiles y plenamente funcionales durante más tiempo".

De hecho, la propuesta de Slow Tech apunta precisamente en esa dirección: pasar de una cultura de sustitución a una de durabilidad. Sin embargo, desde 2010, la basura electrónica ha crecido un 82% y podría aumentar otro 32% antes de 2030. Es ya el flujo de residuos que más rápido crece en el mundo. Y el sector digital representa el 4% de las emisiones globales, con previsiones de alcanzar el 7% en esta década.

Ante este escenario, la responsabilidad no puede recaer únicamente en los consumidores. "Las empresas tienen una responsabilidad que va mucho más allá de mejorar sus operaciones. Existe una responsabilidad ética en cómo se diseñan los productos y una responsabilidad política de apoyar marcos regulatorios que promuevan la durabilidad", asegura Howard.

Y es que los residuos electrónicos ya no son un accidente, sino la consecuencia visible de un sistema. "La innovación no puede seguir significando sustitución. También debe significar extender, reparar, reacondicionar y diseñar sistemas que reduzcan el impacto antes incluso de que se generen residuos", concluye Howard.

En Dandora, entre humo tóxico y montañas de desechos, esa urgencia deja de ser una abstracción. Se convierte en una evidencia imposible de ignorar.