Banco de peces nadando cerca del fondo en España.

Banco de peces nadando cerca del fondo en España. iStock

Historias

El calentamiento del agua vacía los mares: la biomasa de peces cae hasta un 20% cada año en las zonas más calientes

Las olas de calor marinas, cada vez más frecuentes, perjudican a algunas poblaciones mientras otras se ven beneficiadas.

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El calentamiento oceánico a largo plazo está reduciendo de forma generalizada la biomasa de los peces. Cada año disminuye casi un 20% en las zonas más cálidas, como ha descubierto un nuevo estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad Nacional de Colombia.

Cada 0,1ºC de aumento por década en la temperatura del fondo la reduce un 7,22% y un incremento de 1ºC en la temperatura anual se asocia a una caída adicional del 0,63%.

A diferencia de las olas de calor marinas a corto plazo, que pueden variar drásticamente, este calentamiento crónico ejerce "una presión negativa constante" sobre las poblaciones de peces estudiadas, cuenta Shahar Chaikin, investigador del MNCN-CSIC y uno de los autores.

La investigación se ha realizado en aguas del Mediterráneo, el Atlántico Norte y el Pacífico Nororiental y se ha publicado en Nature Ecology & Evolution. Está basada en el análisis de 702.037 estimaciones de cambios en la biomasa de 33.990 poblaciones de peces registradas entre 1993 y 2021 en el hemisferio norte.

Los autores defienden que estos datos son esenciales para la gestión pesquera y la conservación de los ecosistemas marinos. Dos aspectos cruciales para alimentar a la población mundial, agregan.

Ganadores y perdedores

El equipo del MNCN-CSIC también ha observado que las olas de calor marinas, cada vez más habituales, no afectan igual a todas las especies. Se produce un fenómeno que deja una suerte de ganadores y perdedores según la zona de control térmico estudiado.

Se trata del rango de temperatura ideal en el que cada especie crece y se desarrolla mejor. En una ola de calor que afecta a los peces de aguas ya cálidas, y los desplaza a zonas aún más caldeadas, su biomasa puede desplomarse hasta en un 43,4% durante eventos extremos de hasta 45°C día.

Por el contrario, las especies que habitan zonas más frías suelen verse beneficiadas con la subida de temperaturas y llega a aumentar el volumen de vida marina en un 176%. Esto pasa cuando un año es hasta 3°C más cálido que el anterior.

Este patrón deja ver que el cambio climático está arrastrando el volumen de vida marina hacia latitudes más frías, reforzando unos desplazamientos que ya se pueden apreciar en series de décadas

A corto plazo, un año más cálido de lo normal o un evento climático extremo pueden disparar la biomasa en el borde frío y crear la ilusión de una oportunidad pesquera donde antes no existía.

A la vez, las poblaciones afectadas sufren un castigo doble: la erosión lenta pero constante del calentamiento crónico y los golpes bruscos de estos fenómenos extremos y los años enormemente calurosos. Algo que se traduce en una mayor mortalidad, menor tamaño de los ejemplares, una peor reproducción y cascadas tróficas que reducen su productividad.

Los autores advierten de que estos incrementos temporales pueden "enmascarar" esa tendencia decreciente de la que habla el estudio. Chaikin se muestra preocupado por los problemas que pueda acarrear esto en relación a la sobrepesca porque son alzas puntuales.

Si los gestores aumentan las cuotas de captura basándose en los repuntes de biomasa causados ​​por una ola de calor, pueden provocar el colapso de las poblaciones cuando las temperaturas vuelvan a la normalidad. Lo mismo ocurriría si se mantiene el efecto del calentamiento a largo plazo.

Pesca y cambio climático

"La gestión pesquera ya no se ajusta al cambio climático", lamentan los autores. Para abordar esa cuestión y proteger a los peces proponen un triple marco basado en una respuesta rápida, una planificación a largo plazo y la cooperación internacional.

En primer lugar, para facilitar la recuperación de las especies a corto plazo, se deben poner en marcha planes que les permitan adaptarse al cambio climático. Por ejemplo, medidas de protección inmediatas que entren en vigor en cuanto se produzcan estos fenómenos extremos.

También es crucial poner el foco en "el declive silencioso y constante" del volumen de vida marina que provoca el calentamiento global crónico de las aguas. En ese sentido, la regulación pesquera se debe establecer en torno a este problema, que ya se ha documentado.

Asimismo, destacan que los peces pueden cruzar fronteras internacionales en un intento por permanecer en su zona térmica. Ahí puede ocurrir que la población de una especie pueda disminuir en un país, pero aumentar en otro. Por eso Chaikin insta a renovar los modelos de gestión.

"La conservación eficaz requiere coordinación internacional y acuerdos conjuntos de gestión de recursos", sentencia.

Miguel B. Araújo, otro de los autores, expone que, con el avance del calentamiento de los océanos, la única posibilidad es la resiliencia a largo plazo. "Las medidas de gestión deben contemplar la disminución de la biomasa prevista en un océano cada vez más cálido".