Helicóptero arrojando agua sobre un incendio forestal.

Helicóptero arrojando agua sobre un incendio forestal. iStock

Historias

La consecuencia de no frenar las emisiones: los incendios se triplicarían y las plagas serían un 50% más probables en la UE

Un estudio publicado en 'Science' proyecta un incremento de incendios e insectos xilófagos y alerta de la pérdida de bosques maduros.

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Mariana Goya
Publicada

Las perturbaciones forestales en Europa podrían duplicarse antes de 2100 respecto al periodo 2001-2020, la superficie quemada anual casi triplicarse y las plagas de insectos aumentar cerca de un 50% si no se produce una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero.

"En gran medida, estos sucesos seguirán aumentando a lo largo del siglo XXI, con la posibilidad de que la superficie afectada llegue a doblarse a finales de este periodo", advierte Josep María Espelda, investigador del CREAF y coautor del estudio.

En la región mediterránea, hasta el 90% de la superficie forestal estaría expuesta a un incremento de incendios y ataques de insectos bajo escenarios de mayor calentamiento. Además, en un continente donde los bosques maduros apenas suponen el 3% del total, se prevé una reducción adicional de estas masas antiguas y un aumento de bosques jóvenes, con menor capacidad de absorber CO₂.

Estas son las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Science y liderado por la Universidad Técnica de Múnich (TUM). En la investigación participan múltiples centros europeos e internacionales, entre ellos el CREAF, el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya y la Universidad de Girona.

Se trata, asegura Espelta, del primer estudio que consigue "cuantificar este fenómeno a una resolución aproximada de 100 metros cuadrados, a partir del uso de imágenes satelitales recogidas desde los años 80 hasta la actualidad, la aplicación de modelos de simulación en más de 13.000 localidades a lo largo de Europa y la utilización de herramientas de inteligencia artificial con 13 millones de puntos de trabajo".

El equipo ha proyectado la evolución de los bosques europeos entre 2020 y 2100 bajo los tres escenarios climáticos definidos por el IPCC. En los tres casos se observa un aumento de las perturbaciones —incendios, plagas y temporales de viento—, aunque con diferencias notables según el nivel de mitigación.

"La posibilidad de este incremento tiene una horquilla relativamente amplia entre dos contexto extremos: uno en el que no conseguimos reducir la emisión de gases de efecto invernadero, que es el que actualmente se está produciendo, en el que estas perturbaciones llegarían a afectar hasta el doble de la superficie actual; y una situación más favorable en la que se consiguiera reducir estas emisiones, en la que el aumento sería de aproximadamente un 20 o un 30%", explica.

Vista aérea de un pinar quemado en un incendio forestal junto a un bosque de robles.

Vista aérea de un pinar quemado en un incendio forestal junto a un bosque de robles. iStock

El incremento más acusado corresponde a los incendios forestales. La superficie quemada anual podría casi triplicarse a finales de siglo en comparación con el periodo 2001-2020, que ya fue el más intenso en perturbaciones de los últimos 170 años.

"Un elemento inquietante es que estas proyecciones no se comparan con periodos históricos antiguos y estables, sino con un periodo reciente (2001–2020) que ya ha sido el más intenso en perturbaciones en los últimos 170 años. Es decir, el punto de partida ya es muy alto y, aun así, el estudio muestra que la situación puede empeorar aún más", señala el investigador del CREAF y coautor del trabajo.

En cuanto a las plagas de insectos, el aumento proyectado ronda el 50%. El estudio destaca especialmente a los escarabajos xilófagos, favorecidos por el ascenso de las temperaturas. Y es que el calor acelera su ciclo reproductivo, amplía su área de distribución hacia zonas antes limitadas por el frío y facilita ataques sobre bosques debilitados por sequías recurrentes.

Entre ellos figura Ips typographus, un perforador de la corteza que afecta principalmente a coníferas y que, en situaciones de explosión poblacional, puede provocar mortalidad masiva de árboles al destruir la corteza y la madera.

Los temporales de viento también aumentarían, aunque de forma más moderada y con un impacto global inferior al de incendios e insectos.

La lista negra

La región mediterránea aparece como una de las áreas más vulnerables. Bajo escenarios de mayor calentamiento, cerca del 90% de sus bosques podrían experimentar un incremento de perturbaciones. La combinación de sequías más frecuentes, olas de calor y masas forestales jóvenes y homogéneas eleva el riesgo.

A ello se suma el abandono agrícola y pastoral en amplias zonas, que ha reducido el paisaje en mosaico y favorece la continuidad del combustible forestal.

Otras regiones identificadas como especialmente expuestas son el oeste de Francia, las islas Británicas y los Cárpatos. No obstante, el estudio subraya que el aumento de perturbaciones afectará, en mayor o menor medida, al conjunto del continente.

Desde el punto de vista estructural, el incremento de incendios y plagas conllevará una disminución adicional de los bosques maduros, ya limitados al 3% de la superficie forestal europea, y un aumento de bosques jóvenes, especialmente en áreas mediterráneas y templadas.

Esta transformación reducirá la capacidad de absorción de dióxido de carbono y afectará a hábitats asociados a masas antiguas, además de generar riesgos socioeconómicos vinculados a la gestión forestal y la prevención de incendios.

El estudio identifica algunas zonas que podrían actuar como refugios para preservar bosques maduros, como los Pirineos, otras cordilleras mediterráneas y regiones del norte de Europa. Sin embargo, estas áreas no compensarían la pérdida prevista a escala continental.

Pese al escenario proyectado, los autores subrayan que existe margen de actuación. "El mensaje quizás más optimista es que todavía estamos a tiempo si tomamos medidas drásticas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, de modo que esta situación no alcance cotas tan elevadas y se mantenga en un aumento moderado de estas perturbaciones", concluye Espelta.

Además, los resultados se han obtenido asumiendo una gestión forestal continuista. Por ese motivo, una combinación de acción climática y cambios en la gestión podría reforzar la resiliencia de los bosques y amortiguar parte de los impactos previstos a lo largo del siglo.