Joven sonándose la nariz.

Joven sonándose la nariz. iStock

Historias

La primavera cada vez ahoga más a las personas alérgicas: la inmunoterapia puede "curarlas perfectamente"

Las lluvias y la polinización explosiva anticipan una campaña intensa, mientras los expertos insisten en apostar por la "vacuna" antialérgica.

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Mariana Goya
Publicada

Cada año, con la llegada de la primavera, millones de personas miran al cielo no solo para comprobar si lloverá, sino para anticipar la intensidad de sus síntomas alérgicos. Este 2026 no parece una excepción.

Tras meses marcados por lluvias persistentes y borrascas encadenadas, los especialistas advierten de una temporada potencialmente complicada para quienes padecen alergia al polen.

Al mismo tiempo, crece el uso de la inmunoterapia específica —conocida popularmente como "vacuna"— como estrategia para modificar el curso de la enfermedad.

"La previsión inicial no es buena para los alérgicos", señala Marcela Santaolaya Montoya, alergóloga del Hospital HM Sanchinarro. Según explica, la abundancia y duración de las lluvias en los últimos meses favorecen una vegetación "mucho más exuberante" que, cuando llegue el momento de polinizar, liberará mayores cantidades de polen al ambiente.

"Se prevé que haya mucho polen, muy parecido a la primavera del año pasado, que también fue mala", afirma, aunque matiza que el comportamiento final dependerá de la climatología primaveral.

Si las lluvias continúan durante la estación, podrían ayudar a limpiar la atmósfera y a depositar el polen en el suelo, reduciendo parcialmente la sintomatología.

Prueba de punción cutánea con tratamiento hipoalergénico.

Prueba de punción cutánea con tratamiento hipoalergénico. iStock

Por su parte, Juan José Zapata, presidente del Comité de Aerobiología, aclara que no se trata tanto de un adelanto del calendario como de una polinización "muy explosiva". Especies como el ciprés —frecuente en setos urbanos— o la ortiga comienzan a emitir polen en enero, pero las sucesivas borrascas habían limitado los días efectivos de polinización.

"Cuando han encontrado la semana pasada que ha salido el sol, están polinizando a tope", explica. El resultado es una concentración elevada en pocos días, con el consiguiente impacto en pacientes sensibles.

¿Alergia de invierno o verano?

La diferencia entre pólenes de invierno y de primavera no radica en los síntomas que provocan, sino en el momento en que cada especie libera su carga.

En el interior peninsular, desde enero predominan pólenes como el del ciprés; más adelante aparecen el plátano de sombra, las gramíneas y el olivo, responsables de buena parte de las rinitis, conjuntivitis y exacerbaciones asmáticas.

"Todos producen los mismos síntomas porque actúan por el mismo mecanismo y en la misma mucosa", subraya Zapata.

La sintomatología

La confusión con los catarros es habitual, especialmente en invierno. Santaolaya recuerda que un resfriado común suele durar entre cinco y siete días y puede acompañarse de fiebre, cefalea o malestar general, mientras que la alergia responde mejor a antihistamínicos.

No obstante, reconoce que en la práctica los cuadros pueden solaparse y dificultar el diagnóstico sin una valoración especializada.

Entre los síntomas más frecuentes destacan la rinitis y la conjuntivitis, aunque también son comunes las crisis asmáticas, cuya intensidad depende tanto de la concentración atmosférica de polen como del estado previo del paciente.

En niños, la respuesta inmunitaria puede ser "más explosiva", con manifestaciones más intensas que en adultos. Además, los especialistas constatan un fenómeno creciente: la aparición de alergias en edades avanzadas, incluso en personas que nunca habían presentado síntomas previos.

Consejos a seguir

Para reducir la exposición, las recomendaciones pasan por limitar las salidas en las primeras y últimas horas del día, ventilar la vivienda en las horas centrales, evitar tender la ropa al aire libre en jornadas de alta polinización y ducharse al regresar de la calle.

En exteriores, el uso de gafas de sol y mascarillas tipo FFP2 puede actuar como barrera física. Y, en cuanto al tratamiento farmacológico, Santaolaya insiste en no "quedarse corto" con antihistamínicos y corticoides tópicos, ajustando las dosis a la intensidad de los síntomas.

Sin embargo, el debate se amplía hacia la inmunoterapia específica. Aproximadamente la mitad de los pacientes en los que estaría indicada opta por este tratamiento, según la experiencia clínica de Santaolaya.

Zapata atribuye parte del desconocimiento a que la alergología es una especialidad con menor presencia en la red sanitaria. Aun así, destaca que la inmunoterapia puede "curar perfectamente" la alergia a determinados pólenes y mejorar la evolución frente a la medicación sintomática continuada.

El procedimiento consiste en administrar dosis crecientes del alérgeno hasta alcanzar una dosis terapéutica, seguida de inyecciones mensuales durante un periodo de entre tres y cinco años.

El objetivo no es estimular defensas frente a un agente infeccioso, como en las vacunas convencionales, sino inducir tolerancia inmunológica. "Hago que se haga tolerante y una vez que se hace tolerante, ya no tiene sintomatología", resume Zapata.

Indicada desde los cinco años y sin límite superior de edad, la inmunoterapia se perfila como una herramienta clave en un contexto en el que las proyecciones apuntan a un aumento sostenido de las enfermedades alérgicas.

Mientras la primavera avanza y los niveles de polen fluctúan al compás del clima, cada vez más pacientes contemplan esta opción no solo para aliviar los síntomas de la temporada, sino para intentar cambiar su pronóstico a largo plazo.