25 de diciembre de 2025, Kramatorsk, Región de Donetsk, Ucrania. Kira, de 11 años, se sienta en un autobús de evacuación sosteniendo a su pequeño perro gris, Kim, mientras sale de Kramatorsk, Región de Donetsk, Ucrania.

25 de diciembre de 2025, Kramatorsk, Región de Donetsk, Ucrania. Kira, de 11 años, se sienta en un autobús de evacuación sosteniendo a su pequeño perro gris, Kim, mientras sale de Kramatorsk, Región de Donetsk, Ucrania. Oleksii Filippov UNICEF

Historias

La infancia rota de más de 2,6 M de niños en Ucrania: han sufrido 5.000 horas en 4 años en refugios fríos y sin clases

Crecen entre sirenas, refugios y desplazamientos. Aun así, siguen aprendiendo y soñando con el futuro.

Más información: El drama de las refugiadas más allá de la guerra de Ucrania: miles de desplazadas huyen por ser mujer

Tania Ortega
Publicada

"No le doy a la oscuridad ni a la guerra la oportunidad de cambiarme", dice Veronika que, con 16 años, tiene una madurez que no corresponde a su edad.

Cuando comenzó la invasión rusa a gran escala, el 24 de febrero de 2022, era una niña asustada en Zlatopil, en la región de Járkov. Hoy, es una pianista premiada, fundadora de una banda de rock y futura estudiante de Medicina.

Entre ese amanecer de explosiones y este invierno de 2026 ha crecido en un país en guerra.

Este febrero se cumplen cuatro años desde el comienzo del conflicto. Pero, para millones de niños, niñas y adolescentes, la fecha no se mide en aniversarios sino en sirenas, cortes de electricidad y clases interrumpidas.

Desde el inicio de la guerra, la infancia ucraniana ha acumulado hasta 5.000 horas refugiándose bajo tierra —casi siete meses de sus vidas—, según datos de Plan Internacional.

Invierno en Ucrania.

Invierno en Ucrania. World Vision

Infancia interrumpida

En esta crisis prolongada, la infancia no solo pierde estabilidad o aprendizaje. Pierde algo más difícil de medir: la sensación básica de estar a salvo.

"Todos los niños y las niñas en Ucrania comparten esta experiencia de dormir en refugios antibombas y de vivir sin educación presencial ni electricidad", afirma Sven Coppens, director de Respuesta Humanitaria en Ucrania de Plan Internacional. Y es que, dice, "han perdido cualquier sensación de seguridad básica".

Veronika, enfrenta la guerra a través de la música y los estudios.

Veronika, enfrenta la guerra a través de la música y los estudios. Oleksii Filippov UNICEF

Según Coppens, toda una generación podría quedar afectada de forma irreversible si no se atienden estas necesidades de inmediato. Veronika, por ejemplo, perdió a su padre, que estaba alistado en las fuerzas ucranianas, y su ausencia marcó profundamente estos años de guerra.

"Perdí a la persona más importante de mi vida. Mi guía. El que me mostró el camino", confiesa. Durante semanas apenas se separó del piano. "Volqué todo en las teclas: el dolor, el duelo, las lágrimas".

La guerra le arrebató sus planes. Había sido aceptada en una facultad de Medicina en Járkov, con una plaza financiada por el Estado. Sin embargo, los bombardeos constantes y la educación mayoritariamente online la llevaron a cambiar de rumbo.

El piano ayuda a Veronika a resistir cuatro años de guerra.

El piano ayuda a Veronika a resistir cuatro años de guerra. Oleksii Filippov UNICEF

Decidió quedarse en su instituto, continuar con aprendizaje híbrido y postular más adelante a una universidad en el oeste del país para estudiar aquello con lo que había soñado. Ahora, se prepara para los exámenes nacionales con clases de refuerzo apoyadas por UNICEF y estudia con tutores.

Educación en riesgo

Cuatro años después del inicio de la guerra, el invierno en Ucrania ya no es una sorpresa estacional. Es una emergencia recurrente que agrava los riesgos para la infancia. Para millones de niños y niñas, asistir a la escuela se ha vuelto un lujo.

Al mismo tiempo, la educación en línea, pensada como alternativa en tiempos de guerra, no siempre funciona: muchos hogares no pueden seguir las lecciones por falta de electricidad. De hecho, según World Vision, más de la mitad de las familias ha reportado interrupciones educativas.

Niña ucraniana carga leña para su familia.

Niña ucraniana carga leña para su familia. UNICEF

Incluso, hay quienes no pueden asistir a clases presenciales y menores con dificultades para acceder a sistemas de calefacción. De ahí que el progreso escolar también se haya visto afectado, con un 12% de la infancia sufriendo retrocesos visibles en su aprendizaje.

"Hace frío en casa y mi madre se preocupa por mí. Tengo que envolverme en una manta. Hay frecuentes alarmas de ataque aéreo. No hay electricidad ni wifi", cuenta Mark, de ocho años, desde Kiev.

"El invierno actúa como un multiplicador de riesgos para la infancia, agravando la pérdida de aprendizaje", explica Arman Grigoryan, director de respuesta de World Vision Ucrania. Y pese a que muchas familias han recibido ayuda, casi tres cuartas partes reportan que esta se ha reducido este invierno.

La falta de calefacción adecuada, la ayuda en efectivo insuficiente y los cortes de electricidad afectan a casi todos los hogares encuestados.

Infancia desplazada

Al cuarto año de guerra, un tercio de los niños y niñas de Ucrania sigue desplazado y más de 2,6 millones que han tenido que abandonar sus hogares. Incluso, muchos se han visto obligados a mudarse en más de una ocasión como consecuencia de las duras condiciones invernales.

Unos 1,8 millones viven como refugiados fuera del país, según datos de UNICEF, y más de 790.000 permanecen desplazados dentro de Ucrania. Gran parte de ellos se encuentran en zonas de primera línea como Jersón, donde los niños aprenden, juegan y duermen bajo tierra para mantenerse a salvo.

Mykyta, 16 años, joven desplazado que encontró resiliencia en el deporte y amigos.

Mykyta, 16 años, joven desplazado que encontró resiliencia en el deporte y amigos. Oleksii Filippov UNICEF

Mykyta, de 16 años, de Zlatopol, vivió varios de esos desplazamientos. El deporte y la música se convirtieron en su hilo de conexión con la vida que había dejado atrás.

"El viaje a Bulgaria duró más de una semana. No sabía si volvería a mi escuela o vería a mis amigos otra vez", recuerda el adolescente. Y así, uno tras otro, los desplazamientos repetidos interrumpen la educación y agravan la inseguridad emocional.

Pues, tal y como muestra una encuesta de UNICEF, uno de cada tres adolescentes se ha mudado al menos dos veces, buscando principalmente seguridad y acceso a la educación.

El miedo como rutina

"Uno de cada tres niños y niñas ha vivido la muerte o heridas graves de un amigo o familiar", explica Tetiana Zaiets, de Plan Internacional. Además dice que "vivir bajo miedo constante afecta cómo hablan, aprenden y se relacionan".

El impacto psicológico se traduce en pesadillas, aislamiento, agresividad y problemas de memoria y del habla. Sin embargo, solo el 28% de los hogares tiene acceso a servicios de protección infantil o apoyo en salud mental.

Cuatro años después del inicio de la guerra, Ucrania vive una crisis prolongada que amenaza con dejar cicatrices profundas en toda una generación.

Niños y niñas en un espacio amigable en Ucrania.

Niños y niñas en un espacio amigable en Ucrania. World Vision

La comunidad humanitaria insiste en invertir de manera sostenida en educación, salud mental y protección infantil. Y es que, dicen, no se trata solo de reconstruir edificios, sino de cuidar el desarrollo emocional y cognitivo de los jóvenes.

Las historias de Veronika y Mykyta muestran que, pese a los bombardeos, los refugios y las clases interrumpidas, la adolescencia ucraniana sigue aprendiendo y creando.

Mientras exista esa resiliencia, la infancia ucraniana continúa resistiendo y avanzando. La guerra no ha logrado borrar su capacidad de adaptarse ni de soñar con el futuro.